El Cultivador

38 cáñamo incorporados en el equipamiento de los barcos europeos, podían ser de cáñamo, si el constructor del buque se encontraba por encima de los 41º de latitud norte, o podían ser de es- parto, si el buque se construía por debajo de esta latitud y, especialmente, si el aparejo había sido fabricado en el Levante o el Sur español” 1 . Tanto es así que, en el siglo XV, los calafates y carpinteros conformaban dos oficios indispensables para la cons- trucción y el mantenimiento de las embarcaciones y sus conocimientos sobre distintos tipos de madera, cá- ñamo y brea eran muy valorados. En la siguiente cita de Escalante, del año 1575, puede corroborarse: “No se puede negar que los mejores maestros y ade- rezados de madera, clavazón, brea y cáñamo que hay para esta fábrica de navíos es en Vizcaya y sus contornos, y en lo más general allí le dan a la mejor traza, cuenta y medida que pue- dan tener para mejor y con menos riesgo y peligro para poder navegar” 2 . Cáñamo para los cañones Pero, no solo con fines navales se ex- plotaban las facultades del cáñamo, también con fines militares y arma- mentísticos. La pólvora había llegado de Asia a Europa para hacer su apari- ción en batalla en el siglo XIV y, lejos de lo que cabría imaginar, dio una nueva vida y utilidad a las fibras vege- tales de cáñamo, que entonces comenzaron a usarse para hacer la mecha de cañones, arcabuces y otras armas populares. La flota que Magallanes y Elcano usa- ron para dar la vuelta al mundo, por ejemplo, fue dotada de lombardas con mechas de cáñamo: “las lombardas gruesas de hierro eran cañones grandes que se componían de dos partes: el cañón donde iba alojado el proyectil, y el servidor (contenedor de proyectiles) donde se alojaba la pólvora. La lom- barda iba instalada sobre una pieza rígida de madera y amarrada fuerte- mente a ella con cabo de cáñamo” 3 . En muchos casos, no solo las fibras de cáñamo eran aprovechadas, sino que las propias semillas se convertían a veces en compañeras de los marine- ros, llenaban grandes barriles de las bodegas de los barcos para servir de alimento in extremis para la tripulación. Y es que, frente a una situación de hambre en alta mar, quién no prefiere unas semillitas de cannabis, con alto contenido de proteínas, vitaminas, mi- nerales o grasas saludables, antes que comerse una rata o llenarse el estómago con inútil serrín paramatar el gusanillo, como en muchos casos hacían. Las propias semillas se convertían a veces en compañeras de los marineros, llenaban grandes barriles de las bodegas de los barcos para servir de alimento in extremis para la tripulación Tapiz de los Reales Alcázares de Sevilla (Ángel M. Felicísimo, CC BY- SA 2.0, Wikipedia)

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