El Cultivador
51 activismo del cannabis ha sido esencial ya que esta no habría sido la misma sin la ex- periencia de la vivencia de estos clubes. Se debe tener en cuenta que estas asociaciones nacen en un contexto en el que ningún país había regulado de manera legal el mercado del cannabis, por lo que, en cierto modo, surgen como una búsqueda de justificación jurídica y social que, bajo el respaldo de tratados internacionales, va más allá de las políticas de descriminaliza- ción del momento, tratando de ampliar y flexibilizar ciertas cuestiones sobre el cultivo personal y colectivo. Desde que el Estado Español empezó a cas- tigar a las personas usuarias de cannabis (y otras substancias) hace casi ya dos décadas, han sido valientes proyectos como la Asociación Ramón Santos de Estudios sobre el Cannabis (ARSEC) o Kalamudia (Asociación de Estudio del Cannabis de Euskadi), entre otros, los que, mediante su acción directa, establecieron aquellas prácticas no consideradas delito en nuestromar- co jurídico actual. Basándose en esas prácticas consi- deradas “no delictivas”, la Federación de Asociaciones Cannábicas (FAC) en- cargó un informe que materializaba las mismas en el marco jurídico estatal y que tradujo en lo que se conocería como La guía de clubs , el documento madre del modelo de CSC. En pocos años, pasamos de tener unos cuantos proyectos pioneros a lo que conoce- ríamos como el boom de los CSC, pasando a tener estimadas en la actualidad entre 1.000 y 1.500 asociaciones can- nábicas en todo el territorio. Pese a que a nivel de autonomías ha sido más sencillo impulsar diferentes iniciativas en forma de ILP, PNL y normativas de ayuntamiento, con gran consenso político, al final siempre se topan con el mismo muro: la falta de competencias, y es que es necesario regular des- de el Congreso. Nuestro caso, como Estado, es paradigmático: la so- ciedad civil ha ido mucho más rápida que la clase política regulando, generan- do así muchas propuestas que in- cluso llevan a la ciudadana y al ciu- dadano de a pie a pensar que en “Espa- ña es legal el cannabis” cuando es una afirma- ción más bien lejana a la realidad, una realidadmás cercana a una prohibición absoluta, marcada por una necesaria voluntad política por cambiar esta situación. Aunque se trata de un modelo au- tóctono que cuenta con un amplio reconocimiento internacional, no existe un acuerdo normativo común o una definición jurídica compartida a nivel Se debe tener en cuenta que estas asociaciones nacen en un contexto en el que ningún país había regulado de manera legal el mercado del cannabis
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