El Cultivador

52 activismo global. El último artículo publicado que aborda esta cuestión, titulado “ Hidden and uninterested populations: Methodological insights and unresol- ved issues from the study of Cannabis Social Clubs ”, afirma que existen di- ferentes interpretaciones entre los investigadores e, incluso, desacuerdos entre la propia comunidad sobre la interpretación del fenómeno. Según se explica en el estudio, algunos actores involucrados enfatizan el papel activista de los CSC mientras que otros se centrarán en su actividad como proveedores de cannabis. Incluso, afir- man, en Uruguay, donde el marco legal en cierta medida determina la forma en que funcionan los CSC, exis- ten diferentes posturas con respecto a su implementación y a lo que se con- templaría como ideal. Lo que sí es común es que, dentro de la erudición sobre políticas de drogas, se reconoce cada vez más el valor de un enfoque más inclusivo y participa- tivo, donde se destaca la importancia de crear espacios que ofrezcan opor- tunidades para la coproducción de conocimiento. Nuevos enfoques que podrían cambiar la dinámica de poder en la política de drogas, privilegiando a las voces de las personas usuarias de cannabis, tal y como ya reconoce el fenómeno asociativo al formularse como un modelo alternativo de sumi- nistro de cannabis. El estudio también contempla el ámbito jurídico en el que actúan las asociaciones y existen dife- rencias entre las entidades que operan en contextos de seguridad jurídica y las que todavía interactúan con entor- nos de prohibición. Aunque lo cierto es que, pese a lo que pueda pensarse, según el estudio, la legalización de una actividad o comportamiento no hace que esa población sea más visible o esté dispuesta a participar en una in- vestigación. Incluso después de la En pocos años, pasamos de tener unos cuantos proyectos pioneros a lo que conoceríamos como el boom de los CSC

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