El Cultivador

54 activismo y sus efectos, siendo esta esencial para poder manejar y difundir información objetiva que permita eludir los daños y riesgos asociados al uso y al consumo de la planta. Tal y como expuso Iván Fornís (Pro- yecto Energy Control de ABD) en las pasadas jornadas de las Mesas Sem- brando el Cambio, “a las personas hay que asesorarlas sobre el consumo de drogas en los lugares donde las con- sumen y los clubes de cannabis son una buena oportunidad para introducir estrategias de prevención y reducción de riesgos”. Por su parte, también habló sobre la necesidad de formar al personal de los clubes para que puedan hacer pedagogía de una manera obje- tiva sobre el consumo de marihuana con las personas usuarias. Sobre este punto, durante dichas jornadas, Otger Amatller (Fundación Salud y Comu- nidad), también destacó el papel fundamental de las asociaciones en la detección precoz. Por su propia es- tructura, los CSC permiten detectar de forma temprana los usos proble- máticos porque hay un contacto regular con las personas usuarias. Por lo que, en este sentido, la derivación a servicios de asesoramiento especializado o tra- tamiento, si es requerido, también es un servicio esencial de los CSC. Producción local y desarrollo rural El modelo CSC establece un sistema cerrado de producción, cuyos permisos se enmarcan en la cantidad demandada por las personas socias en su previsión de consumo. Esta producción local es clave, no solo para los CSC, sino tam- bién para garantizar que el sector agrícola de nuestro país se vea bene- ficiado, al poder llegar a acuerdos de colaboración con los propietarios de los permisos de producción. Producir cannabis en nuestro territorio también puede ayudar a luchar contra la des- población rural, la que hoy pone en Por su propia estructura, los CSC permiten detectar de forma temprana los usos problemáticos porque hay un contacto regular con las personas usuarias

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