El Cultivador

lo tenemos resuelto. Y sobre todo ocu- parse de cuidarnos y de cuidar el colectivo que nos rodea. ¿Qué puede hacer alguien que esté intentando ubicarse y se sienta solo o sola? Lo que proponemos es, primero, olvi- darse de convencer a nadie de nada y encontrarse con los que ya atisbamos las orejas del lobo. Dentro de esta gente, conectar con los que la sintonía es máxima y que tienen un propósito muy claro, grupos muy pequeños y ser muy efectivos. No grupos grandes, que tengan que ponerse de acuerdo, sino muchísimos grupos muy pequeños actuando en sintonía y con un propósito muy claro, que es el que les mueve. Luego, esa multiplicidad de acciones puede perfectamente converger en algo que sea colectivo. ¿Qué pistas darías para que estos pequeños grupos no reproduzcan los problemas de egos que suelen producirse en los colectivos? Eso se va a dar. Creo que lo mejor es permitirse la toma de conciencia de eso, no dejarse asustar excesivamente y perseverar. El ego nos acompaña, entonces es ponerlo al servicio de algo mayor. Cuantos menos egos, cuanto más pequeño el grupo y los egos más sintónicos sean, es más fácil que se produzcanmenos choques. El ego tiene una misión fundamental: darse cuenta de que quiere sobrevivir y que toda la prioridad tiene que ir a sobrevivir uno y quienes le rodean. Esto a mí me sitúa muy en tierra y me hace prescindir de muchísimas creencias y prejuicios sobre quiénme debe acompañar en este viaje. Has vuelto a las aulas, ¿cómo ves a la juventud hoy día? Les veo en la sumisión, en la ausencia. Creo que el trabajo que se ha realizado durante décadas ha llevado a la juventud a una relación con la tecnología y a volcar impulsos que son muy propios de la juventud, como el deseo de libertad y de transgresión, en el modo que inte- resa al sistema. Tanto estética como ideológica y moralmente se ha sem- brado algo y hemos picado, sobre todo la juventud; y no es casual, no hay que olvidar que las tecnologías han sido estrictamente diseñadas para ser adic- tivas. Claro, esto, en un ambiente tan nihilista, yo diría que depresivo, como el de la cultura occidental, es devastador. El trabajo es arduo. Pero yo recuerdo las hayas del Amboto, que salen entre las rocas, hayas de tres y cuatro metros cúbicos que se han alimentado de la roca viva, del sol y del agua. Entonces, yo creo que es el momento de que las mujeres y hombres buenos, en el sentido literal de la palabra, íntegros, no caren- tes de sombra, de prenderse en la roca viva y crecer. ¿Qué recomendarías a los padres y madres que no quie- ran que a sus hijos les pase lo que acabas de describir? Que apaguen el televisor, esto es un consejo para todo el mundo; y dejarse sentir. También pueden buscar infor- mación y hacérsela llegar a sus hijos, vecinos, etc. Todo lo que se hace pre- sente está parasitado, lo que sale en el periódico, la radio, etc. Es el momento de hacer presente lo que quiere ocul- tarse. ¿Dónde se puede indagar? En internet hay plataformas que sí tienen cabida para opiniones inapla- zables de tomar en cuenta, por ejemplo, l a web de l a pl ataforma Bi z i t za (bizitza.eus) o tu blog (virginiamonta- nes.com) . ¿Hay algo más que quieras decir? Es el momento de pasar a la acción, de salir a la calle, en ámbitos muy pequeños, buscando converger en plataformas muy amplias, muy transversales. Fuera creencias, fuera ideologías. 76 voces conscientes Con el eje de los derechos humanos nos hemos reunido gentes muy diversas Apaguen el televisor, esto es un consejo para todo el mundo

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