El Cultivador 65

experiencia en sí se vive de piel para adentro. No hay dos colocones iguales. El viaje no es el mismo para ambos individuos. Y aunque quiera explicitarse en palabras, tampoco parece susceptible de ser expresado en toda su compleji- dad. Es una experiencia que, como nacer o morir, se vive en última ins- tancia en la más estricta intimidad de nuestros cuerpos. Jeremy Shaw era consciente de todo esto y grabó a ocho de sus amigos e incluso a él mismo, durante una experiencia de consumo de DMT (dimetiltriptamina) para crear su pro- yecto audiovisual. Con todas las imágenes grabadas, el artista montó los vídeos que uniría en unamás grande instalación. No pretendía, con ello, plasmar de forma objetiva el colocón de este alucinógeno, pero sí, al menos, evidenciar esa “subjetividad furiosa- mente impenetrable” del viaje. Como resultado, en los vídeos podía verse a todos ellos, colocados, balbu- ceando, sin hilar demasiadas frases seguidas, luchando por comunicar la experiencia, con ataques de risa que interrumpen las palabras… El mismo Shaw relataba a Simon Castets y Laura McLean-Ferris del Swiss Institute: “Esto rápidamente me reveló cuán insuficiente era el lenguaje para dilu- cidar una experiencia tan alucinante, con la mayoría de los participantes luchando dramáticamente para poner en palabras la profundidad de lo que había ocurrido” 3 . En el vídeo que el artista proyecta en su website , de una de las piezas de DMT , a saltos, nos muestra por foto- gramas las imágenes congeladas de uno de sus amigos colocado y tumbado sobre un almohadón grande, acom- pañadas de un texto inconexo y cuya reproducción provoca sensación de vista borrosa y hasta un poco demareo. Algo que, en resumen, a muchos no les parecerá nada más que los trip reports de una panda de amigos, acerca a otros a la experiencia del viaje de DMT, a la que se asoman gracias a las expresiones faciales de los sujetos del experimento alucinógeno, y gracias también a sus palabras. El texto a modo de subtítulos, mien- tras tanto, parece relatar conversaciones que forman parte del viaje del sujeto, un viaje en que el tema central parece ser el tiempo y, en última instancia, la identidad: “Por mucho tiempo, no sé exactamente cuánto… Estaban bási- camente como… «vamos a hacer desparecer el tiempo para ti» […] Y yo estaba como… «solo dime cuantos años hasta que recuerde quién soy»” 4 . El tiempo y el yo son cuestiones habituales que se plantean durante las experiencias y visiones alucinóge- nas. No solo la percepción subjetiva del tiempo varía durante el consumo de DMT y otras sustancias, sino que también la reflexión sobre el tiempo y su relación con el yo, con quiénes somos y nuestro lugar en el mundo, es lugar común en los viajes demuchos psiconautas . Mandala (A108, CC0, Pixabay) Grabó a ocho de sus amigos, e incluso a él mismo, durante una experiencia de consumo de DMT (dimetiltriptamina) para crear su proyecto audiovisual 38 pensamiento psiquedélico

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