El Cultivador 65

51 activismo internacionales que se impulsaron desde Naciones Unidas: la Convención Única de Viena sobre Estupefacientes de 1961, el Convenio sobre Sustancias Psicotrópicas de 1971 y la Convención contra el Tráfico Ilícito de Estupefa- cientes y Sustancias Psicotrópicas de 1988. Estos tres tratados han provo- cado que, durante estos 60 años, todos los gobiernos, policías y fuerzas del orden público y seguridad de todos los países del mundo hayan perseguido a todo lo que estos convenios consi- deran droga ilegal. Lejos de cumplir el objetivo de “mundo libre de drogas”, el mercado de las drogas, tanto las tradicionales como las sintéticas, está ahora enmáxi- mos históricos, hay más personas consumidoras y más muertes relacio- nadas con su consumo, como reconocen las propias Naciones Unidas. La perseverancia en enfoques repre- sivos, obsoletos, creyendo en la abstinencia como la única opción, sería seguir “la política del avestruz”, ente- rrando sus cabezas en la arena para intentar ignorar lo inevitable: que los tratados de control de drogas ya no resultan adecuados para responder a las complejas realidades de lo que lla- man el “problema mundial de las drogas”. Enfoques alternativos abren el debate sobre la legitimidad de la prohibición de las drogas. Dentro de la erudición sobre política de drogas, se reconoce cada vez más el valor de consolidar enfoques más inclusivos y participati- vos, donde destaca la importancia de crear espacios que cuenten con la socie- dad civil y ofrezcan oportunidades de coproducción de conocimiento. La participación de la sociedad civil supone la apertura de un canal de comunicación entre las organizaciones que trabajan en este ámbito, con reno- vado sentido de responsabilidad compartida e inclusiva, que permite a los Estados aplicar enfoques específicos e innovadores que pueden abordar de manera integral las necesidades actua- les y reflexionar sobre los paradigmas a futuro, no centrados solo en instru- mentos punitivos, sino teniendo en cuenta las condiciones necesarias para que los ciudadanos puedan ejercer su el único sistema de control que existe está principalmente basado en la prohibición y la criminalización de las personas que usan, producen o venden drogas

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