El Cultivador 7
36 cultivo guerrilla una fina capa de estiércol seco de sus gallinas como comple- mento a su abonado estándar. De hecho, cuando las plantas ya estaban grandes, dejó de hacerlo puesto que las mis- mas gallinas eligieron la gene- rosa sombra de las matas para descansar y cagar, con lo que de forma indirecta contribu- ían a diario a una implemen- tación del abonado. A partir del día 15 de agosto comenzó el abonado para floración. Sin embargo, antes de ponerse a utilizar tan sólo un abono específico de flora- ción siguió echando algo, muy poco, de posos de café para que las plantas tuvieran un poco de nitrógeno antes de quitarles el suministro de este nutriente casi por com- pleto. “Cuando coseché casi todas las hojas seguían es- tando en buena forma y tan sólo las primeras y más grandes presentaban cierto amarilleamiento, conse- cuencia de la falta de nitró- geno…” – nos d i ce e l propietario. A finales de agosto la planta estaba siendo abonada con una EC de 1,2 milisiemens y de esta manera continuó hasta el día 10 de septiembre, fecha en la que paró de abonar com- pletamente hasta el día de la cosecha. La planta ya tenía todo lo necesario para dar los maravillosos cogollos que os mostramos en las fotografías. Es más, el día 25 de septiem- bre procedió a otra lixiviación a fondo de las raíces con la in- tención de que la marihuana tuviera unas propiedades or- ganolépticas excepcionales, lo cual consiguió con creces. Pero pensad que jamás sobre- pasó la cifra de EC mencio- nada ya que la planta tenía toda la nutrición necesaria para darle una marihuana de primera clase. Y, por su- puesto, tampoco abonaba en cada riego. De hecho, abonaba una vez sí y dos veces no. ¡De sobra! La planta fue cosechada el día 8 de octubre, estando ya bien madurita. Pero antes de la cosecha hizo algo que mu- chos cannabicultores también hacen. Efectivamente, dejó que la planta sufriera un es- trés hídrico considerable du- rante toda una semana. No regó nada durante estos siete días hasta que la planta co- menzó a ponerse mustia y a sudar resina como una loca. Al cabo de esta semana regó en abundancia y la planta no sólo recuperó su vigor habi- tual sino que incluso lo me- joró. Dos días después, con la planta mostrando cogollos duros como piedras y pringo- sos de resina de gran calidad, la cosechó. Tuve la suerte de estar presente en ese mo- mento y os aseguro que me puse las manos tan negras y pringosas de resina que con tan sólo quitármela con una navaja me hice varios canu- tos, además de tardar algunos días en que la negritud de la resina desapareciera por completo de mis manos. ¡Pocas veces he visto a una planta resinar tanto! Como tantas veces he hecho ya, cada vez que he ido a foto- grafiar un cultivo, pedí al dueño que me sacara el cepe- llón, una vez la planta estuvo cosechada, para poder ver la cantidad de raíces que había emitido. Una vez más tengo que admitir que el coco es el sustrato que mayor número de raíces filiares produce en el cannabis. ¡Era espectacular el cepellón tan cubierto de finas raíces filiares! Si tenemos en cuenta que una planta es como una casa, en el sentido de que, para tener calidad ha de tener buenos cimientos… Una buena planta de cannabis que nos dé buena marihuana ha de tener un sistema radi- cular muy bueno. Cuantas más raíces mejor…Esto es de sentido común y fácil de en- tender por cualquiera aún no siendo un experto en botá- nica. Por lo tanto, la mezcla de fibra de coco con compost es una extraordinaria manera de obtener plantas muy sanas, grandes y de mari- huana de primera. La White Widow dio casi medio kilo de cogollos secos y bien curados, lo cual, a pesar de lo que afir- man los bancos de semillas, es una cantidad más que respe- table. ¿O no? Pero a un buen cultivo ha de seguirle un buen tratamiento de secado y curado. Lo contra- rio sería como cultivar el mejor Rioja del mundo para después meterlo en botellas de plástico y venderlo. Sería un verdadero crimen contra el buen gusto. Pues exactamente lo mismo sucede con el buen cannabis. Nuestro jardinero es un auténtico sibarita de la ma- rihuana. Cuando finalizó la co- secha dejó que las plantas se secaran en un almacén de hor- migón que antes era un agar. Allí, en un ambiente muy os- curo, fresco y muy seco, que- daron suspendidas boca abajo hasta su secado completo, lo cual sucedió en 3 semanas. ¿Por qué tanto tiempo? Esen- cialmente porque este jardi- nero no manicura nada las plantas en la cosecha. Piensa, y no le falta razón, que así las plantas tardan un poco más en secarse y que el secado es más homogéneo. Tan sólo retira las
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy NTU4MzA1