El Cultivador 7

60 pensamiento psicodélico Este ensayo se convierte en el más relevante del autor sobre una sustancia psicodé- lica. Insinúa un modelo que permite llevar a cabo un estudio “formal” sobre una experiencia bajo los efectos de un enteógeno. También se convirtió en el precedente del que partieron muchos otros psiconautas, la piedra angular desde la que se fun- damentó el estudio de las ex- periencias con sustancias psicodélicas en la actualidad. Dice el autor a cerca de la mescalina: La mayor parte de quienes consumen mescalina experi- mentan tan sólo la parte pa- radisíaca de la esquizofrenia. La droga trae el infierno y el purgatorio tan sólo a aquellos que han padecido recientemente ictericia, o a quienes sufren de depresio- nes periódicas o ansiedad crónica. Si, como las otras drogas de poder remotamen- te comparable, la mescalina era notablemente tóxica, tomarla sería suficiente en sí mismo como para causar ansiedad. Pero la persona ra- zonablemente sana sabe de antemano que la mescalina es completamente inocua, que sus efectos se pasarán después de ocho o diez horas, sin dejar deseo alguno de renovar la dosis. Fortificada por este conocimiento, se embarca en el experimento sin miedo -en otras palabras, sin disposición alguna para convertir una experiencia extraña que no tiene prece- dentes en algo espantoso, en algo realmente diabólico. A través del aparentemente caótico discurrir de este ensayo el autor define el interés investigador, la verdadera fundamentación de la Psiconáutica, una y otra vez: Mientras tanto, había empezado a centrar la atención a petición del inves- tigador en lo que estaba su- cediendo dentro de mi cabeza; entonces, cerré los ojos. Esta vez, el paisaje interior era curiosamente aburrido. El campo de visión estaba lleno con estructuras de colores brillantes en constante cambio que parecían estar hechas de plástico o de estaño esmaltado... - Barato - comenté. - Trivial, como las cosas en un todo a cien. Y toda esta vulgaridad existía en un universo cerrado, apretado. - Es como si uno estuviera bajo la cubierta de un barco - dije, - en un barco de todo a cien. Y según miraba, me quedó muy claro que esta nave de todo a cien estaba conectada de alguna manera con las pretensiones humanas, con el retrato de Cézanne, con A.B. entre los Dolomitas so- breactuando a su personaje favorito de ficción. Este interior sofocante de barco trivial era mi propio yo personal; estas fruslerías móviles de hojalata y plástico eran mis contribu- ciones personales al universo. Un fragmento esclarecedor, que nos permite identificar- nos y empatizar con la expe- riencia del autor o intuir a dónde nos lleva este psicodé- lico, reza: En tiempos ordinarios, el ojo se dedica a problemas como ¿Dónde?, ¿A qué distancia?, ¿Cuál es la situación respecto a tal o cual cosa? En la experiencia de la mescalina, las preguntas implícitas a las que el ojo responde son de otro orden. El lugar y la distancia dejan de tener mucho interés. La mente obtiene su percepción en función a la intensidad de existencia, de profundidad de significado, de relaciones dentro de un sistema. Veía los libros, pero no estaba interesado en las po- siciones que ocupaban en el espacio. Lo que advertía, lo que se grababa en mi mente, era que todos ellos brillaban con una luz viva y que la gloria era en algunos de ellos más manifiesta que en otros. En relación con esto la posición y las tres dimensio- nes quedaban al margen. Ello no significaba, desde luego, la abolición de la categoría del espacio. Cuando me levanté y caminé pude hacerlo con absoluta normalidad, sin equivocar- me en cuanto al paradero de los objetos. El espacio seguía allí. Pero había perdido su predominio. La mente se in- teresaba primordialmente no en las medidas y las colo- caciones, sino en el ser y el significado. Y junto a la indi- ferencia por el espacio, había una indiferencia igualmente completa por el tiempo. -Se diría que hay tiempo de sobra. – Era todo lo que me contes- taba cuando el investigador me pedía que le dijera lo que yo sentía acerca del tiempo. Otras partes del escrito responden a percepciones íntimas y no tan relacionadas con los efectos directamente derivados de la sustancia, véase la siguiente: Vivimos juntos y actuamos y reaccionamos los unos sobre los otros, pero siempre, en todas las cir- cunstancias, estamos solos. Los mártires entran en el circo tomados de la mano, pero son crucificados aisla- damente. Abrazados, los amantes tratan desespera- damente de fusionar sus aislados éxtasis en una sola autotrascendencia, pero es en vano. Por su misma natu- raleza, cada espíritu con una encarnación está condenado a padecer y gozar en la soledad. Las sensaciones, los sentimientos, las intuiciones, imaginaciones y fantasías son siempre cosas privadas y, salvo por medio de símbolos y de segunda mano, incomunicables. Podemos formar un fondo común de información sobre experiencias, pero no de las experiencias mismas. De la familia de la nación, cada grupo humano es una sociedad de universos islas. Así podríamos continuar sin cesar, sin embargo, es re- comendable que digiráis la obra en su totalidad si queréis comprender el mensaje que Huxley quiso transmitir. Entre 1953 y 1963, el escritor experimenta una docena de veces con diversas sustancias, siempre haciendo primar un interés intelectual. Basándose en sus experien- cias con el LSD, la psilocibina y la mescalina escribe una obra complementaria a la arriba mencionada, Heaven and Hell (Cielo e infierno , 1956). Desde este momento, Huxley muestra un notable cambio en su actitud. Pasa de una vida de ermitaño, distan- ciada de la ciudad y las aglo- meraciones de gente, a aparecer constantemente en público y dar conferencias universitarias por todo el te- rritorio estadounidense. San Francisco, Stanford, Massachusetts, Nueva York, Santa Bárbara o Berkeley son sólo algunas de las charlas que han quedado registradas. Queda constancia de un interés por “despertar” la consciencia de jóvenes uni- versitarios, cierto ímpetu o intención de cambiar las cosas, no sólo a través de sus escritos sino de una forma más directa, pudiendo mirar a los ojos de aquellos a quien quiere explicar una visión sobre el mundo y las “cosas” que nos rodean. En 1960 se le diagnostica un tumor en la lengua que logra contener mediante radiotera- pia. Finalmente, el 22 de noviembre de 1963 muere en Los Ángeles, California, a los sesenta y nueve años de edad. Pidió, como es tradición para los lamaístas, que le fuera leído El Libro tibetano de los muertos al oído, poco después de registrar su falle- cimiento. Huxley fue, ante todo, el padre de la Psiconáutica actual y el precursor del pen- samiento psicodélico como hoy lo entendemos. Él supo sobreponerse a la moderni- dad y la industrialización. Dejó que su alma congeniara con su intelecto y nos deleitó con algunas de las obras más significativas de la literatura universal. *ARTÍCULOS: - “El nacimiento de la Psicodelia” Xosé F. Barge, El Cultivador, número 2. - “La expansión psicodélica. Los Hippies” Xosé F. Barge, El Cultivador, número 3. - “Psiconáutica y Psiconautas” Xosé F. Barge, El Cultivador, números 4, 5 y 6. Entre 1953 y 1963, el escritor experimenta una docena de veces con diversas sustancias, siempre haciendo primar un interés intelectual Huxley fue, ante todo, el padre de la Psiconáu- tica actual y el precursor del pensamiento psico- délico como hoy lo entendemos

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