El Cultivador

en la perspectiva de sus miembros, afectados por las consecuencias del crimen, hacia la introspección, sino que, además, la ausencia de Carr permitió la inclusión de Neal Cassady, personaje que sería el catalizador de esta nueva mirada. Sin duda, nada hay mejor que las palabras de Kerouac para aclararnos en detalle qué es y cuáles son los intereses de la generación Beat: “La generación Beat fue una visión que tuvimos John Clellon Holmes 67 y yo, y Allen Ginsberg más salvajemente todavía, hacia fines de los años cuarenta, de una generación de hipsters locos e iluminados, que aparecieron de pronto y empezaron a errar por los caminos de América, graves, indiscretos, haciendo dedo, harapientos, beatíficos, hermosos, de una fea belleza beat –fue una visión que tuvimos cuando oímos la palabra beat en las esquinas de Times Square y en el Village, y en los centros de otras ciudades en las noches de la América de la posguerra–, beat quería decir derrotado y marginado pero a la vez colmado de una convicción muy intensa”. Y aclaraba también muy literariamente: “Nunca aludió a la delincuencia juvenil; nombraba personajes de una espiritualidad singular que, en lugar de andar en grupo, eran bartlebies solitarios que contemplan el mundo desde el otro lado de la vidriera muerta de nuestra civilización. Los héroes subterráneos que se salieron de la maquinaria de «libertad» de Occidente y empezaron a tomar drogas, descubrieron el bop, tuvieron iluminaciones interiores, experimentaron el «desajuste de todos los sentidos», hablaban en una lengua extraña, eran pobres y alegres, fueron profetas de un nuevo estilo de la cultura estadounidense […] un reencantamiento del mundo”. Y contaba con inocencia como las sinergias entre sus miembros crearon toda una mitología propia: “Nos quedábamos despiertos todo el día, las veinticuatro horas, y poníamos discos de Wardell Gray, Lester Young […] Teníamos nuestros propios héroes, nuestros propios místicos, escribíamos novelas sobre ellos, y cantábamos, y componíamos larguísimas odas a los «ángeles» nuevos de la América subterránea”3. Así es como uno de sus principales componentes definía a este grupo de escritores de los cincuenta que rechazaban los valores clásicos estadounidenses, las instituciones, que abanderaba el uso de las drogas, que atacaba a la represión sexual. ¿Os suena de algo? Pues sí. Hablamos de las ideas que serían solo un poco más tarde la gasolina del movimiento hippie. 38 literatura cannábica Neal Cassady Como activista, poeta y usuario de cannabis, formó y lideró una asociación con Eggemeier (New York LAMAR) y escribió su propio manifiesto

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