El Cultivador 8
59 pensamiento psicodélico maravillas y, su secuela, Alicia a través del espejo - no sólo son obras para infantes sino que carecen de un interés analítico y argumen- tal. Antes de rebatir esta errónea concepción parémonos a comprender la relevancia del autor. Charles Lutwidge Dodgson, mejor conocido como Lewis Carroll, nació en Daresbury, condado de Cheshire, Reino Unido, en el 1832. Además de ser conocido por sus largos relatos sobre Alicia, Carroll fue diácono, matemático, lógico y -sobre todo y casi tanto como escritor- fotógrafo. Carroll, el tercero de los h i j os de l ma t r imon i o Dodgson y el primer varón, tuvo un total de diez hermanos y, curiosamente, todos ellos alcanzaron edades adultas, algo sumamente extraño en aquellos tiempos. Cuando Charles tenía once años, su padre, también llamado Charles, fue nombrado párroco de la localidad de Croft-on-Tees, en North Yorkshire, lo que le permitió vivir en una espaciosa rectoría. Posteriormente, Charles Sr. hizo considerables progresos en el escalafón ecle- siástico: publicó sermones, tradujo a varios autores católicos, lo nombraron archi- diácono de la catedral de Ripon y se decantó por el anglo-catolicismo. Carroll sufrió muchos de los conservadores valores que quiso inculcarle su padre. Además, fue forzado a con- trarrestar su condición de zurdo y padeció un tartamu- deo que perjudicó seriamente a sus relaciones sociales durante su niñez. En l a ado l e s c enc i a , Dodgson fue enviado a la prestigiosa Rugby School. Existen ciertas declaraciones del autor que hicieron pensar en la posibilidad de que hubiera sido sometido a algún tipo de abuso sexual en aquella época: “Puedo decir, honestamen- te, que si hubiese estado a salvo de la molestia nocturna, la dureza de la vida diurna se me hubiera hecho, en comparación, muchísimo más soportable.” Sin embargo, siguen siendo especulaciones puesto que el propio Carroll sólo habla de “molestia nocturna”, deno- minación que puede referirse a otras muchas cosas. Lo que sí demostró en estos años de dura adolescencia fue estar en posesión de una mente privilegiada. Su profesor de matemáticas, R. B. Mayor, afirmó no haber conocido a un chico más prometedor en sus años largos años de docencia. Una vez terminada su pre- paración en Rugby se trasladó a la Universidad de Oxford y, sobrellevando como pudo la temprana muerte de su madre, obtuvo siempre resultados excelen- tes. Carroll se confesó una persona perezosa y perdió una importante beca debido a ello. Sin embargo, su bri- llantez le permitió ganar un puesto de profesor de mate- máticas en Christ Church. Dedicación profesional que conservaría durante 26 años. Mientras residía en Oxford, se le diagnosticó epilepsia y – aunque en la actualidad se ha sabido que pudo ser un error de diagnóstico- esto, por aquel entonces, suponía un considerable estigma social. Un obstáculo más que sumar a una vida que nunca había sido fácil. Sin embargo, Carroll mostró un elogiable espíritu de superación y siempre canalizó fuerza y ahínco en cultivarse, proyectando sus inquietudes a través del arte. Gran parte de los histo- riadores asumen que Carroll tomaba láudano para paliar sus dolores de cabeza y artritis
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