El Cultivador 8

60 pensamiento psicodélico Por los motivos que men- cionamos anteriormente, no nos detendremos excesiva- mente en la actividad foto- gráfica del autor, pero sí daremos unas pinceladas debido a su importancia en el ámbito literario. Resulta des- conocido para muchos que Carroll es considerado uno de los fotógrafos victorianos más importantes y, para muchos estudiosos, el más influyente en la fotografía artística contemporánea. Por su estudio, en el barrio de Tom Quad, pasaron perso- nalidades como John Everett Millais, Alfred Tennyson, Julia Margaret Cameron, Dante Gabriel Rossetti o Ellen Terry. Se supone que Carroll creó un total de 3.000 fotografías pero sólo 1.000 han sobrevivido a las desavenencias de las personas y el tiempo. Es fundamental resaltar que, según algunos especia- listas, la mitad de la obra Dodgson se focaliza en el retrato de niñas. Es mundial- mente famosa la foto que podéis observar en este artículo, de Alice Liddel, puesto que su protagonista se convirtió en musa al escuchar las primeras narra- ciones orales de Alicia en el país de las maravillas y estimular al escritor a que lo plasmara en el papel. Debemos especificar que, aunque comparten nombre, Carroll aclaró en numerosas ocasiones que en personaje ficticio no se inspira en ninguna persona real. En algunos casos, Carroll retrató a niñas desnudas lo que, inevita- blemente, llevó a la suposición de que tenía tendencias pedófilas. Sin embargo, aquellos que mejor conocen al autor, que dedicaron parte de su vida a entender y estudiar a Dodgson, afirman que la elección de estos motivos se deb í an , solamente, a la expresión personal de su filosofía interior, la creencia en la divinidad de la belleza, un estado de perfección moral, física y estética que se encarnaba en estas niñas desnudas. Estudios psicológicos, menos alentadores pero poseedores, probablemente, de una pers- pectiva más realista, evidencian estas prácticas como la expresión de un trauma infantil, un intento frustrado de recobrar su inocencia perdida. Sea como fuere, la obra fo- tográfica de Carroll es bellísima y no debéis dejar pasar la oportunidad de goo- glearla. Algunas de sus fotos os recordarán a las obras pic- tóricas más exquisitas del universo victoriano. En lo que se refiere a su consumo de estupefacientes pasa un poco lo que con Conan Doyle, debido al momento histórico en el que nos encontramos es sumamente difícil que el autor dedique tiempo a analizar su uso de ciertas sus- tancias o se conserven decla- raciones que lo relacionen de forma directa con la Psiconáutica. Sin embargo, existen especulaciones fun- damentadas sobre el uso de drogas psicoactivas. Gran parte de los historiado- res asumen que Carroll tomaba láudano para paliar sus dolores de cabeza y artritis. No se trata de una idea en absoluto descabellada puesto que esta sustancia se consideraba un analgésico de uso común en aquella época. El láudano proviene del opio y, si es usado en dosis lo sufi- cientemente grandes, produce efectos psicotrópicos. Muchos de los ejemplos que fundamentan estas especula- ciones se esconden entre las páginas de sus obras. Aunque nos detendremos posterior- mente en ello, recordemos un dato anecdótico que ejemplifi- ca a la perfección esta idea. Seguro que todos vosotros conserváis en vuestro haber el recuerdo de Alicia (su prota- gonista) tomando trozos de seta y sufriendo variaciones de tamaño. La Amanita Muscaria, consumida por aquel entonces en ciertos círculos intelectuales, provoca macropsio y micropsia, desór- denes neurológicos que afectan a la percepción visual haciendo que los objetos sean percibidos más grandes o más pequeños de lo que son en realidad. Curioso ¿verdad?. Pues bien, esto nos lleva a adentrarnos en aquello que más nos interesa, su obra escrita. Las ficciones literarias son, más aún que sus diarios, la mejor forma que tenemos de conocer al autor. Debido a la ingente cantidad de información que poseen los singularmente escuetos libros Alicia en el país de las maravillas y Alicia través del espejo , dedicaremos un artículo, exclusivamente, para dilucidar aquellas incógni- tas que surgen en muchos de sus lectores en el próximo número de El Cultivador. Por lo pronto, avecinamos que Dodgson se aventuró con la poesía y los cuentos a través de diversas publicacio- nes. Sus primeras apariciones datan de 1854, en medios de cierta relevancia como el The Comic Times o The Train . Aunque dichos escritos se fundamentaban en un humor satírico y encomiablemente bien narrado, en 1855 afirmó no haber escrito nada digno de ser publicado. Eso sí, tras esta sentencia aseveraba “(…) pero no desespero de hacerlo algún día.” Su obstinación le llevó a escribir, en 1856, un poema romántico y predecible, pero de gran calidad: Solitude . Esta fue la primera vez que Dodgson utilizó el pseudóni- mo que le haría mundial- mente famoso. El remoquete proviene de la latinización del nombre y apellido de su madre, Charles Lutwidge. Primero lo convirtió en Ludovicus Carolus para re- gresarlo de nuevo al inglés como Lewis Carroll. Ese mismo año, Henry Liddell llegó a Christ Church junto a su joven esposa y sus tres hijas: Alice, Lorina y Edith. La relación entre Carroll y la familia fue cada vez más estrecha. Tanto fue así que, con el tiempo, Dodgson convirtió en tradición llevar a las niñas al río, en Godstow o Nuneham. Según los diarios de Dodgson, concretamente el 4 de julio de 1862 ideó el argumento de la historia que más tarde llegaría a ser su primer y más grande éxito. Él y su estrecho amigo Robinson Duckworth llevaron a las hermanas Liddell a pasear en barca por el Támesis. Carroll improvisó un relato para en- tretener a las niñas y entusias- mó especialmente a Alice, quien le pidió que lo escribiera. Dodgson pasó toda la noche que acompañó a ese día es- cribiendo el manuscrito que posteriormente le regalaría a la niña las navidades siguien- tes. Su primer título fue Alice’s Adventures Under Ground (Las aventuras sub- terráneas de Alicia) . Y lo demás, como suele decirse, es historia. Un historia que os contaré en la próxima entrega de esta serie. *ARTÍCULOS: - “El nacimiento de la Psicodelia” Xosé F. Barge, El Cultivador, número 2. - “La expansión psicodélica. Los Hippies” Xosé F. Barge, El Cultivador, número 3. - “Psiconáutica y Psiconautas” Xosé F. Barge, El Cultivador, números 4, 5, 6 y 7.

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