37 literatura cannábica Mundial, detective de adulterios… Todo un personaje, vamos. En Nueva York conocería a sus colegas Kerouac, Cassady, Ginsberg; todos ellos compusieron la generación beat (de la que también hablamos en el número anterior), surgida en los cincuenta. Sus vidas y obras fueron el germen del movimiento hippie de los años sesenta y la literatura del siglo XX norteamericana no sería comprensible sin ellos. Como bien sintetiza Booth en Cannabis: A History(traduzco): “Lo que los beats hicieron no estuvo restringido a la publicidad de drogas –más específicamente si no intencionadamente, de la marihuana– y a llevarlas al mainstreamde la vida cultural. Ellos crearon un clima de libertad personal, desafiaron los valores tradicionales, alteraron conceptos de sexualidad, contrarrestaron la hipocresía, politizaron la literatura y socavaron la censura. Sus ideales continuaron a la vanguardia de la sociedad hasta aproximadamente 1964, cuando aquello que representaban empezó a sufrir una nueva metamorfosis”1. En Nueva York, sin embargo, se complicaría la cosa para Burroughs y, tras ser arrestado por falsificación de recetas para obtener heroína, decidió trasladarse a Texas con su pareja de hecho, Joan Vollmer (adicta a la bencedrina y madre de su hijo nacido en 1947) y sembrar amapolas de opio en una modesta y oculta granja. Parece ser que el negocio no iba bien y se pasó al cultivo comercial de cannabis, cuya producción enviaba a Nueva York, y tuvo más éxito (Booth, 2015). Después de un tiempo en el sur, se mudaron a México. Allí, una noche de juerga, un tanto pasados, Burroughs y Vollmer decidieron que sería divertido jugar a Guillermo Tell: Burroughs iba a demostrar su puntería (era gran aficionado a las armas desde joven) estallando de un balazo la copa colocada sobre la cabeza de su chica; con tan mal tino que el balazo le voló a la mujer la cabeza (algunos dicen que el hijo en común fue testigo, y otros que ella se quería suicidar). Sea como fuere, el fatídico accidente cargó a Burroughs con un sentimiento de culpa que, según admitió, fue su motor literario; y con una condena a un solo año, gracias a la ayuda de ciertas artimañas judiciales. Se fue a la selva amazónica, en busca del yagé, y a Tánger, y luego a París y Londres. Ya de vuelta en la Nueva York de los setenta su vida era un poco diferente. Pasó de la marginalidad de sus inicios Su adicción por ellas, que él consideraba enfermedad, fue central en su obra William S. Burroughs (Steve Hammond, CCBY-SA 2.0, Flickr) William S. Burroughs (Christiaan Tonnis, CCBY-SA 2.0, Wikipedia)
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