a la calidad de icono en sus últimos días, codeándose con Warhol, Susan Sontag y otros célebres2. Murió en 1997, a los 83 años. Había pasado sus últimos días en Kansas con sus armas y explotando su faceta de pintor. El estilo de Burroughs Todos esos viajes los hizo en compañía de sus drogas favoritas. Su adicción por ellas, que él consideraba enfermedad, fue central en su obra. Escribe en Almuerzo desnudo: “La enfermedad es la adicción a la droga y yo fui adicto durante quince años. Cuando digo adicto quiero decir adicto a la droga (término genérico para el opio y/o sus derivados, incluyendo todos los sintéticos, del demerol al palfium). He consumido la droga bajo muchas formas: morfina, heroína, dilaudid, eucodal, pantopón, diccodid, diosane, opio, demerol, dolofina, palfium... La he fumado, comido, aspirado, inyectado en vena-piel-músculo, introducido en supositorios rectales. La aguja no es importante. Tanto da que la aspires, la fumes, la comas o te la metas por el culo, el resultado es el mismo: adicción”3. Burroughs afirmaba que un escritor solo puede escribir sobre lo que está ante sus ojos y pensaba que tenía la función de “aparato de grabar” (Burroughs, 1989). Se inspiraba en los surrealistas y sus presupuestos, tiraba de escritura automática y otras técnicas (cut-up, por ejemplo), persiguiendo la espontaneidad en su estilo y, como explica Tijeras, “servir como de muestrario puro del irracionalismo […] que tiene muy en cuenta no una historia determinada y sucinta y metodológica, sino el compuesto simultáneo y burbujeante, caótico y lábil de la vida sensorial y exasperada” (Tijeras, 1972). Fue un escritor tardío y su obra literaria es amplia, aunque merece la pena destacar entre sus títulos principales: el célebre Yonqui (1953), Almuerzo desnudo (1959), Queer (1985), la trilogía Ciudades de la noche roja (1981-87) o su apreciada Las últimas palabras de Dutch Schultz(1970). Su influencia como escritor y figura de la cultura contemporánea es más que evidente: se percibe en literatura, en Palanhiuk y Bret Easton Ellis; en el cine, Gus van Sant y David Cronenberg; o en la música, desde John Lennon (es uno de los personajes de la portada del aclamado disco Sgt. Pepper’s) a Bob Dylan, pasando por el punk y el grunge (Kurt Cobain visitó a Burroughs días antes de morir4). Aunque su figura es inabarcable y la presencia de las drogas en su obra evidente, analizamos aquí las palabras que Burroughs le dirigió al cannabis en dos de sus más populares obras; Yonqui y Almuerzo desnudo. Yonqui Yonqui fue publicada en 1953 bajo el seudónimo de William Lee, álter-ego del autor y protagonista de la trama. En la 38 literatura cannábica Mural callejero de Burroughs (CC0, Pxhere) William S. Burroughs (NCMallory, CCBY-SA 2.0, Flickr)
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