37 literatura cannábica de la maquinaria de «libertad» de Occidente y empezaron a tomar drogas, descubrieron el bop, tuvieron iluminaciones interiores, experimentaron el «desajuste de todos los sentidos», hablaban en una lengua extraña, eran pobres y alegres, fueron profetas de un nuevo estilo de la cultura estadounidense […] un reencantamiento del mundo” (Kerouac, 2015). La espiritualidad del grupo no se ceñía al culto a estos místicos propios. Había también un impulso de trascendentalidad, especialmente evidente en el intento de distanciamiento de una sociedad en decadencia: “La generación beat, e incluso los existencialistas con sus dobleces intelectuales y su pretensión de indiferencia representan una religiosidad más profunda, el deseo de desaparecer, de estar fuera de este mundo (que no es nuestro reino), de «elevarse», de conquistar el éxtasis, de ser redimido, como si las visiones de los santos de los monasterios de Chartres y Clairvaux estuvieran otra vez entre nosotros y crecieran como el pasto que crece entre el cemento, en las aceras de esta civilización endurecida y agitada por sus últimos estertores” (Kerouac, 2015). Esa misma espiritualidad beates manifiesta en las palabras de Clellon Holmes, cuando escribe en 1952 un artículo definiendo a la generación beat, “This is the Beat Generation”, para New York Times Magazine. Beat es también una vuelta a la esencia de uno mismo: “Los orígenes de la palabra beat son oscuros, pero el significado está muy claro para la mayoría de estadounidenses. Más que un simple cansancio, implica la sensación de haber sido usado, de estar crudo. Implica una especie de desnudez de la mente y, en última instancia, del alma; un sentimiento de ser reducido a la roca Placa conmemorativa de Jack Kerouac (CV Uribe, CCBY-SA 2.0, Flickr) Allen Ginsberg en un tributo a Kerouac, 1973 (Salem State Archives, CCBY-SA 2.0, Flickr) Encontraban inspiración en personajes marginales de la sociedad, los elevaban a la categoría de héroes o místicos personales
RkJQdWJsaXNoZXIy NTU4MzA1