El Cultivador

The Great Marijuana Hoax, publica su manifiesto en defensa del cannabis. En él no sólo alababa las virtudes de la planta, y trataba sus efectos, sino que señalaba abiertamente al gobierno como responsable de la penalización del cannabis, de su consumo y de sus consumidores por intereses económicos y alentaba a los lectores a exigir una compensación –también económica– por daños y perjuicios. Los tenía cuadrados este Ginsberg. La aportación de la generación beat al mundo de las drogas es más que significativa, aunque es concretamente el mundo cannábico, el más beneficiado: “Lo que los beats hicieron no estuvo restringido a la publicidad de drogas –más específicamente sino intencionadamente, de la marihuana– y a llevarlas al mainstreamde la vida cultural. Ellos crearon un clima de libertad personal, desafiaron los valores tradicionales, alteraron conceptos de sexualidad, contrarrestaron la hipocresía, politizaron la literatura y socavaron la censura” (Booth, 2015). Está claro que con sus escritos colaboraron a difundir el conocimiento sobre drogas y popularizaron sus usos. Su presencia es rastreable hasta en algunos títulos, como el popular Yonki, de Burroughs… Speed, heroína, peyote, alcohol… Sus obras son toda una enciclopedia de drogas. Beatnikspor doquier La cultura beat pronto se extendió entre la juventud americana, se hizo mainstream, como recordaba Kerouac: “Por un raro milagro de la metamorfosis, la juventud de la posguerra se reveló también beat y adoptó sus gestos; pronto se lo vio en todas partes, el nuevo estilo, el desliño y la actitud indiferentes; por fin llegó al cine (James Dean) y a la televisión; los arreglos de bopque había sido el éxtasis musical secreto del ánimo contemplativo beat empezaron a escucharse en los fosos de todas las orquestas y de todas las partituras […] el consumo de drogas ganó una legitimación oficial (sedantes y todo lo demás); e incluso el vestuario de los hipsters beat se abrió paso en la nueva juventud del rock’n’roll por vía de Montgomery Clift (la campera de cuero), Marlon Brando (la camiseta) y Elvis Presley (las pastillas), y entonces la generación beat, aunque ya muerta, resucitaba y se veía pronto justificada” (Kerouac, 2015). Las ciudades se poblaron de beatniks. Hasta el padre de Ned Flanders (Los Simpsons) era un beatnik. Beatnik es el apelativo despectivo con que un periodista de San Francisco (Herb Caen) bautizó a esta naciente tribu urbana. Y se popularizó. Era despectivo pues nacía de mezclar beat y Sputnik (satélite ruso), con ánimo de hacerlo “no americano”. Como prueba del rechazo que despertaban en algunos sectores de la sociedad, por el consumo de drogas, por ejemplo, bien vale la afirmación categórica de Edgar Hoover. El que fue director del FBI no dudó en señalar a los beatniks(junto a los comunistas y los cerebritos) como uno de los 39 literatura cannábica Vecton (depositphotos) Con sus escritos colaboraron a difundir el conocimiento sobre drogas y popularizaron sus usos

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