El Cultivador

ese veneno del cual estoy saturado. Me siento entonces agresivo, feroz, con instinto de destruir, de matar. Así me explico los grandes asesinatos cometidos por el licor”. Hay en esa admisión de la enfermedad algo de acomodaticio, una manera de eludir todo tipo de responsabilidad y de anular, por tanto, cualquier posibilidad de recuperación. El humo de la pipa dariana Si el alcohol fue la droga que “esclavizó” a Rubén Darío y sobre la que trató especialmente en su poesía, su aportación a la literatura drogada en prosa va mucho más allá. En su obra poética sí hay alguna referencia, escasa más que nada, a otras sustancias. Merecen especial mención un par de apuntes que alucen tanto a De Quincey, como a Théophile Gautier, uno de los asiduos de esta sección. Al primero alude con el poema Caminos (en Lira póstuma, 1919). No lo hace directamente, pero sí trata el uso del opio, desde una perspectiva evasiva al escribir “embriagarse en el opio, que las tristezas calma”11. La referencia a Gautier, por el contrario, es más explícita, en una carta a Gerónimo Ramírez: “desgraciadamente, no he podido encontrar en ninguna parte el haschis de Théophile Gautier. ¡Qué vamos a hacer!”12. Sin embargo, donde más rienda suelta le dio a la literatura drogada fue en su prosa. Buena prueba de ello son El humo de la pipa(1888), La pesadilla de Honorio(1894), Cuento de Pascuas (1911), o Huitzilopoxtli (1915), piezas en las que recoge sus reflexiones sobre la adicción y escribe relatos alucinatorios. En El humo de la pipa, señalado como uno de sus más bellos cuentos, desentraña las visiones que experimentó mientras se consumía la pipa, rellena de una sustancia que no identifica, en siete bocanadas. Durante esas caladas, nos cuenta unas visiones que le llevan desde oriente, al Rhin, a un lago tropical, a la primavera…Y entre todas va construyendo un viaje, “un camino iniciático y visionario” que lo lleva a encontrarse con una reunión de hadas, que profana el escritor con su mera presencia. Por eso, el hada llamada Fatalidad, lo castiga a una vida sin amor. Este es el punto álgido del relato porque es “la expresión de, quizá, la búsqueda fundamental de Darío, intensificada y clarificada para la literatura por las drogas que se sumergen en el reino del inconsciente: si el peor castigo posible es el de no ser amado nunca, el deseo fundamental de Darío fue el del amor. Y junto al amor, la búsqueda 37 literatura cannábica Donde más rienda suelta le dio a la literatura drogada fue en su prosa Le acusaron incluso de superar en ebriedad al mismo Baco Monumento a Rubén Darío en Argentina (Ciudadano Girafo, CC BY- SA 3.0, Wikipedia)

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