El Cultivador

62 voces conscientes vida pública, me costó mucho trabajo administrar mis tiempos y economía porque estaba acostumbrado a que todo me lo dieran resuelto, no tenía casi ni que escoger, me decían: “¿Quieres unos zapatos? Entre estos modelos tienes que quedarte con el que más te guste, pero no puedes salirte de esta oferta”. ¿Cómo fue la experiencia con la lencería? Primero tuve que aprender los diferentes tipos de bordados, la estructura de una prenda, cómo se bordaba, cuánto costaba, etc. Después me dieron una maleta con muestras y me fui a donde yo había estado dando clases. Volví a Utrera, donde había dado clases en el colegio de los Salesianos, a mostrar la lencería a las esposas o las hijas casaderas de mis amigos. Cuando te vas a dedicar a cualquier cosa utilizas los medios que te ofrece lo que tienes alrededor. En principio tenías que poner un anuncio en el periódico, para que las señoras lo vieran bien, anunciando que el representante de la compañía de lencería iba a estar en el mejor hotel de la ciudad presentando los modelos. Yo usaba una suite del hotel, ya que tenía que ser un entorno adecuado a las prendas que iba a enseñar, que costaban muy caras. Después mis superiores me propusieron ir a América a hacer una prospección de mercado. Y de vender lencería, después de muchos periplos, pasaste a gestionar el growshop. ¿Sabías algo de marihuana? No tenía ni puñetera idea. El asunto es que mi sobrino entró en una depresión muy grave por su trastorno bipolar, y los padres estaban preocupados porque tuvieron que poner dinero para montar la tienda. Además, el ayuntamiento de la ciudad le había dado un premio de 500.000 pesetas por ser No es lo mismo vivir en una comunidad religiosa que vivir después en la vida pública

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