El Cultivador

32 literatura cannábica Cuando uno se dedica a investigar en literatura sobre drogas y empieza a tirar del hilo se percata de que, a pesar de que los títulos más sonados fueron escritos en otras lenguas, también contamos con títulos en español que engrosan las bibliotecas. Estos son especialmente numerosos a partir del siglo XIX, momento en que el gusto por lo exótico y oriental se extendió por Europa, impulsado por los viajes de colonización y de exploración de las grandes potencias económicas. Así, las influencias de estos nuevos mundos se evidenciaron pronto en el arte, por ejemplo, en la pintura orientalista en España, o en las obras literarias, como El Conde de Montecristo, de Alejandro Dumas. Y más temprano que tarde también en materia de drogas. Es señalada la influencia francesa, siempre a la cabeza de la vanguardia artística, así como la obra de Baudelaire (también la del inglés De Quincey), como responsables de que la literatura sobre drogas se extendiera por el mundo hispanohablante y, en concreto entre los modernistas hispanoamericanos, que pronto se contagiaron de este afán por relatar las experiencias con diversas sustancias e instruir en base a su práctica. En este espacio ya hemos tratado los casos de muchos de estos literatos modernistas, pero el que hoy nos ocupa, el de Horacio Quiroga, es más Dos cuentos alucinantes Horacio Quiroga, a menudo comparado con Edgar Allan Poe, es uno de los más apreciados literatos, especialmente por sus cuentos en español. A dos de ellos los denomina “cuentos de alucinación”: con El haschich narra en español su experiencia con la sustancia y con El infierno artificial se empeña en señalar los efectos de la adicción a la cocaína. por Lupe Casillas Quizás son los cuentos los que más alegrías y reconocimientos le han proporcionado Urna de Horacio Quiroga (Mero mar, CC BY-SA 3.0, Wikipedia)

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