47 activismo Los espacios de consumo son lugares ideales para socializar y compartir un rato agradable con personas de tu entorno, que puede ser después de trabajar o durante el fin de semana, que lo pueden aprovechar las personas jubiladas durante el día, etc. Cuando hablamos de consumo compartido, no quiere decir rular el porro, que es contrario a la reducción de riesgos, sino compartir esos momentos entre iguales. De hecho, las primeras asociaciones cannábicas se registraron como clubes de consumidores de cannabis que usaban cannabis en locales de ámbito privado ya en los 90. A partir de ahí, se comenzaron a practicar los primeros cultivos colectivos en el seno de estas entidades. Para nosotras, esta prohibición es como dar el segundo paso antes que el primero, inverosímil. Entonces, ¿qué lección se ha perdido en la traducción? No acabamos de entender la justificación del Gobierno alemán para incluir la prohibición de consumir en las asociaciones cannábicas en el artículo 1, capítulo 2 y párrafo 5.2.6 del proyecto de ley propuesto a las cámaras legislativas por el gabinete. Esta medida se justifica con el siguiente argumento: ‘‘El objetivo del reglamento no es crear lugares agradables con mayores incentivos al consumo. El KCanG no pretende contribuir al aumento del consumo de cannabis’’. Este argumento es típico del prohibicionismo que tantas consecuencias negativas nos ha traído. Primero, es mejor que el consumo se dé con el acompañamiento de personas formadas en materia de reducción de riesgos y daños, pudiendo recomendar vías de administración alternativas a la vía fumada, el uso de filtros para retener el mayor número de partículas cancerígenas posible, poniendo a disposición de las personas socias dispositivos de vaporización y un largo etcétera de todos los borradores alemanes de propuesta de ley sobre regulación del cannabis que ha habido hasta ahora han incluido la prohibición de consumir en los CSC
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