33 literatura cannábica modernista de línea esteticista, apasionado de las imágenes, la palabra y el ritmo, concibió la poesía como dedicación absoluta y plena”1. Como imagináis, su aportación a la literatura ha sido reiteradamente señalada, así como la persona detrás del autor también ha sido repetidamente analizada. Hoy recorremos su biografía para entender mejor cómo fue que Julio Herrera y Reissig se convirtió, además de poeta, en un morfinómano de leyenda. Su obra es, por sí misma, testigo irremediable del conocimiento de la sustancia por parte del autor, como hallaran si visitan su Mademoiselle Jaquelín; aunque quizás lo más llamativo de su aportación al territorio común entre la literatura y las drogas, sea la alborotadora entrevista que concedió a Soiza Reilly a la que nos vamos a dedicar aquí. Julio Herrera y Reissig (1875-1910) Julio Herrera y Reissig nació en Montevideo, un 9 de enero de 1875, en el seno de una familia uruguaya y patricia afincada en el barrio del Prado. Su padre, Manuel Herrera y Obes, gozaba de una importante posición económica, consecuencia de sus negocios, y era copropietario de un banco, el Herrera Eastman, que quebró en 1882 generando una grave crisis económica familiar que los lleva a cambiar de residencia para afincarse en el centro de la ciudad. Tenía ocho hermanos y su tío, Julio Herrera y Obes, llegó a presidente de la República (18901894) convirtiéndose en el primer presidente civil de Uruguay después de una época marcada por el militarismo. Lo hizo promoviendo el desarrollo industrial, la fundación de bancos y ofreciendo garantías civiles. Fue este quien, durante su mandato, le consiguió al autor, nuestro protagonista, un puesto de funcionario en la Alcaldía de la Aduana con quince años, mientras aún estudiaba. Tan solo un año después, Julio Herrera y Reissig perdió su hermano Rafael. La muerte lo acompañó desde su más tierna infancia, pues ya a los cinco años fue diagnosticado con una patología cardíaca (insuficiencia mitral) que arrastró de por vida. Otro año tendría que pasar para que él abandonara sus estudios y se convirtiera en autodidacta. Renunció también al empleo de funcionario debido a una convalecencia obligada, provocada por fiebres tifoideas. Desde 1898, dio oficialmente comienzo su trayectoria artística que inauguró con un soneto, La Dictadura, publicado por el diario La Libertad, y al que continuaron otros como Miraje, Salve España o Delirio. Él mismo aclaró que sería una crisis cardíaca la que le motivó a inclinarse a la escritura: “¿Y mi primera aventura? Pues bien, fue con la muerte. Mi vocación por el arte se me reveló de un golpe frente a esta enlutada. Y también, a qué ocultarlo, mi vocación por la vida…Curé de un susto, debéis saberlo”2. Como apunta Herrero Gil, la morfina llegó a la vida de Herrera y Reissig a Fotograma de Julio Herrera y Reissig. Desolación absurda(bit.ly/2Kj57g2) La muerte lo acompañó desde su más tierna infancia, pues ya a los cinco años fue diagnosticado con una patología cardíaca
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