conformarían Los éxtasis de la montaña, o el Círculo de la muerte, entre otros. En los siguientes años, vieron la luz La vida, Psicología literaria o los poemas que constituyen Los parques abandonados. Es en 1907 que se publicó la polémica entrevista que le hizo Soiza Reilly bajo el nombre de Los martirios de un poeta aristócratay que contribuyó a acrecentar su leyenda de morfinómano. Fundó una revista, solicitó sin éxito el cargo de diplomático, intentó montar un negocio de vinos que fracasó, perdió a su madre, se casó, asistió a la locura de su hermano y volvió a sufrir nuevas crisis cardíacas. Sin embargo, también escribiría los Sonetos vascos, Las clepsidras, La torre de las esfinges: Tertulia lunática o su último poema Berceuse blanca. En 1910, fue nombrado bibliotecario del Departamento Nacional de Ingenieros, aunque no pudo ocupar el cargo, ante un agravamiento de su enfermedad que le condujo a la muerte un 18 de enero. Su producción, no obstante, fue colmada póstumamente con su colección de poemas Los peregrinos de Piedra6. La consagración de la leyenda La morfina no solo fue compañera de Herrera y Reissig en la enfermedad, sino que también estuvo presente en su obra, como indica Aldo Mazzuchelli: "La morfina, la que protagoniza el sitio imaginario del narrador de Mademoiselle Jaquelín, juega un rol continuo en esas crisis de salud, y también fuera de ellas. Es su compañera de enfermo sueño y de normal vigilia, como se la vio usar Gálvez un día que estaban paseando tranquilamente por Montevideo”7. Así y rápidamente se fue gestando la leyenda de que Julio Herrera y Reissig era un gran morfinómano. Y no se fraguó sola: el mismo autor parece haber colaborado en que esta se acrecentara. Al menos, así parece por la entrevista que le concedió a Juan José Soiza Reilly y por las propias palabras del periodista. En 1907, pocos años antes de morir, la revista Caras y Caretas publicó dicha entrevista, causante de un gran revuelo no solo por las palabras del autor, sino por las fotografías que acompañaban al texto y que resultaron extremadamente escandalizadoras para el gusto imperante en la burguesía montevideana. Soiza Reilly redactó la entrevista en base a unos fragmentos escritos por el propio Herrera y Reissig y remitidos al periodista con unos meses de antelación, sumados a una visita en persona, que se produjo en la primavera de 1906 y en la que el fotógrafo José Adami tomó las polémicas imágenes. La primera foto adherida al texto nos mostraba al escritor fumando y la descripción rezaba: “fumando cigarrillos de opio, según los preceptos de Thomas de Quincey”. La segunda, que se titulaba “el artista dándose inyecciones de morfina antes de escribir uno de sus más bellos poemas pastorales”, aludía explícitamente a la existencia de una conexión entre su consumo y su literatura y mostraba a Herrera y Reissig pinchándose. La tercera, por su parte, nos enseñaba al escritor tendido en la cama, con los ojos cerrados y nos aclaraba “en los paraísos de Mahoma, bajo la influencia del éter, de la morfina y del opio”. Las 36 literatura cannábica Fue el propio Julio Herrera y Reissig quien ideó esta presentación en la prensa Retrato de Charles Baudelaire por Éduard Manet (Metmuseum, CC0, Wikipedia)
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