El Cultivador

21 cultivo exterior llegar antes al 100 % de humedad ambiental. Cuando esto ocurre, se alcanza el llamado punto de rocío, en que el vapor de agua contenido en el aire se vuelve líquido, resultando en condensación o formación de escarcha, según la temperatura. Una humedad alta, así como las fluctuaciones en su nivel, favorecen la proliferación de hongos y pseudohongos como el oídio y el mildiu. Es vital, por tanto, estar alerta durante la etapa de crecimiento para prevenir, detectar y combatir estos patógenos. En cuanto a la luz, otro de los factores esenciales para el cultivo, cabe mencionar que su intensidad durante el invierno y la primavera no puede equipararse a la del verano. Debido a esto, las plantas reciben una menor cantidad de radiación lumínica, que se traduce en una reducción de la capacidad productiva. Esto impacta tanto a las variedades fotodependientes como a las autoflorecientes, cuyo rendimiento está directamente vinculado a la cantidad de luz disponible. Asimismo, para las plantas fotodependientes, es esencial considerar las alteraciones del fotoperiodo natural. Aunque, en pleno invierno, este permite la floración, a partir de mediados de abril aproximadamente, las noches se acortan lo suficiente como para inducir a las plantas al crecimiento. Por tanto, iniciar tarde nuestro cultivo de primavera o sembrar variedades con una fase de floración prolongada puede resultar en una interrupción de la floración y retorno a la fase de crecimiento vegetativo. Para evitar que llegue a ocurrir esto, puede ser necesario suministrar artificialmente un periodo de oscuridad de doce horas diarias para asegurar la finalización de la floración correctamente. Mejores genéticas para un cultivo de primavera La selección de la variedad apropiada es una decisión crítica en los cultivos primaverales y, considerando los desafíos previamente descritos, es imperativo optar por una que cumpla con ciertos requisitos esenciales. Primeramente, es vital elegir una genética que cuente con cierto grado de resistencia a los hongos, debido a la elevada humedad y las lluvias de la primavera, que pueden crear un ambiente propicio para su desarrollo. Además, la luz durante estos meses no solo es menos intensa, sino que también difiere en calidad comparada con la del verano, ya que no tiene el mismo espectro. Esto conduce a que las plantas tiendan a producir más follaje en detrimento de la formación de cogollos, por lo que resulta conveniente seleccionar plantas que generen pocas hojas para maximizar la cosecha. Si optamos por sembrar fotodependientes, es crucial que estas sean de floración rápida. Este detalle es de suma importancia si queremos evitar la necesidad de intervenir manualmente en el ciclo de luz y oscuridad diario. A medida que el invierno da paso a la primavera, los días se van alargando notablemente, por lo que, a mediados de esta estación, la marihuana empieza a crecer. Esto ocurre en las plantas fotodependientes, aunque tengan cogollos, quedando detenida su producción para volver a la fase de crecimiento, mediante un proceso conocido como revegetación. Para prevenirlo, la floración debería acabar antes de que los días se alarguen demasiado, o bien podemos inducir las plantas a oscuridad forzada para alargar artificialmente sus noches. Las variedades sativas (NLD), caracterizadas por sus largos periodos de floración, están totalmente desaconsejadas. Por otro lado, las autos emergen como una opción idónea para el cultivo primaveral, ya que su genética les permite florecer independientemente del fotoperiodo. Es decir, no se ven afectadas por la reducción de las horas de oscuridad que caracteriza a la primavera, lo que elimina por completo el riesgo de revegetación y simplifica considerablemente el manejo del cultivo. Fase vegetativa en un cultivo primaveral Para propiciar un crecimiento y desarrollo óptimos, debemos emplear un sustrato adecuado. Dado que, en épocas de frío, las plantas consumen menos nutrientes, optaremos por uno sin fertilizar o que esté muy ligeramente abonado para evitar la sobrefertilización. Asimismo, es importante que el medio de cultivo sea esponjoso y aireado, lo que se puede lograr incorporando arlita en el fondo de los tiestos, ya que es un material que facilita el drenaje. Optar por el cultivo en maceta es lo más recomendable, porque permite un control más exhaustivo del riego y podremos mover las plantas siempre que lo necesitemos para protegerlas de las inclemencias climáticas, como granizadas o fuertes vientos. La ubicación del cultivo también juega un papel crucial en la protección de las plantas. Colocarlas en un lugar resguardado del frío y el viento, como en un porche o al pie de un árbol, puede proporcionarles un refugio contra heladas tardías y facilitar su supervivencia en caso de que las temperaturas caigan inesperadamente. Es más, durante las primeras semanas, podemos mantener el cultivo en interior si hace demasiado frío. De este modo, además de proteger a las plantas de las bajas temperaturas, también controlaremos el fotoperiodo, pudiendo alargar las horas de luz para favorecer el crecimiento. Una vez que las condiciones diurnas sean favorables, el cultivo podrá ser trasladado al exterior para aprovechar la luz natural. Floración y cosecha en un cultivo de primavera Durante la fase de floración, revisaremos las plantas con frecuencia para asegurarnos de que no tienen hongos, especialmente si las lluvias son abundantes o la humedad ambiental es muy alta. Una prevención meticulosa y revisiones regulares del cultivo son vitales para identificar cualquier indicio de infección fúngica a tiempo. Asimismo, Al florecer con independencia del fotoperiodo, las autosson ideales para los cultivos de primavera Las autosson una opción ideal para los cultivos de primavera, ya que pueden convivir con las fotodependientes que florecerán en verano Optar por el cultivo en maceta es lo más recomendable la floración debería acabar antes de que los días se alarguen demasiado

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