El Cultivador

29 cultura cannábica de agua, se liofiliza (o se seca al sol) y se convierte en polvo para mejorar su almacenado, pero también se aprovechan las pieles, de donde se extraen sus compuestos, como la aloína, para ser usados como pesticidas. En este artículo nos vamos a centrar en la elaboración y los usos del jugo del aloe vera fermentado con azúcar panela, aunque ya adelantamos que también podemos usar sus hojas en crudo a modo de enraizante, o sus jugos sin fermentar en nuestros cultivos, pero estos temas los dejamos para artículos posteriores en El Cultivador. Recolección del aloe vera La idea de fermentar plantas con azúcar proviene del método de cultivo de la agricultura natural coreana, también conocido en inglés como KNF o Korean Natural Farming. Aunque, si bien es cierto que el método de agricultura natural coreana recomienda hacer estos fermentos con plantas de crecimiento vigoroso, y en concreto con los brotes jóvenes, en este caso se usan plantas de aloe que se encuentren en su madurez y que tengan alta biodiversidad a su alrededor. Además, hacer la recolección a primeras horas de la mañana, cuando todavía está amaneciendo y la planta no ha recibido el calor de los rayos del sol, hará que consigamos cosechar también mayores poblaciones de microorganismos que se encontrarán sobre la superficie del aloe. A nivel industrial, idealmente, se cultivan plantas en el Ecuador o en latitudes cercanas, y se cosechan en su madurez, alrededor de los cuatro años. Aunque para este proceso también puede usarse una planta de aloe vera que tengamos en interior, será más recomendable hacerlo con una planta que esté creciendo a la intemperie y, si es posible, unos días después de que haya llovido o de que hayamos regado generosamente. Durante la recolección, puede que se adhiera sustrato o suciedad a las hojas, pero trataremos de que sea la menor cantidad posible, limpiándolo con la mano, un papel o un trapo. Lo que no se recomienda es lavar las hojas, para evitar alterar lo menos posible la microvida que resida sobre su superficie. Una vez seleccionadas las hojas que se van a fermentar, se procede a cortarlas por la parte más cercana posible al tallo. Al realizar el corte, veremos que aparece una sustancia líquida gelatinosa y con tonos amarillentos y anaranjados, que es el acíbar o látex de la planta, que se encuentra en los conductos de aloína en el interior de la piel. Para otros procesos, se separa el gel, de la piel y el acíbar, pero en este caso, para aprovechar todos los compuestos del aloe, usaremos la hoja completa sin eliminar la piel. Preparación de las hojas Para trocear las hojas de aloe, se pueden usar unas tijeras grandes y hacerlo directamente sobre un recipiente, donde irán cayendo los líquidos del interior de estas. También está la opción de usar un cuchillo y cortar las hojas sobre una tabla, o hacerlo en el aire como si estuviéramos cortando una fruta. La intención es incrementar la superficie de exposición para conseguir que la mezcla con el azúcar panela sea más eficiente. Una vez que hemos troceado las hojas, habrá que pesarlas junto con los líquidos que han soltado de su interior. Aunque por comodidad podemos pesar las hojas antes de trocearlas, hacerlo después será más exacto, debido a las posibles pérdidas durante el manipulado. Sabiendo ya el peso de las hojas troceadas, necesitamos entonces, la misma cantidad de azúcar, en este caso, panela en polvo. Para este proceso, lo que queremos obtener, gracias al azúcar, es una extracción de los compuestos que están en el aloe mediante diferencia de presión osmótica. El azúcar, además, sirve de alimento a los microorganismos que ayudarán a la fermentación. Si bien puede usarse azúcar moreno, con la panela en polvo conseguimos también una extracción adecuada con un añadido de melazas, que, por el contrario, se encuentran en baja cantidad en el azúcar moreno y que son eliminadas del azúcar blanco, donde se desechan también minerales y vitaminas durante su procesamiento. Habiendo entonces pesado la misma cantidad de los dos ingredientes de nuestra mezcla, ya solo nos queda masajear las hojas troceadas, que estarán sumergidas en sus propios líquidos y al mezclarse con el azúcar panela irán tornándose de color marrón oscuro. Este masaje durará el tiempo que determinemos, hasta que hayamos machacado con nuestras manos la mayor parte de los trozos de las hojas, para así favorecer la exposición del interior de estas, al contacto con la panela. Para este paso se pueden usar guantes, para evitar posibles roces con los pinchos de las hojas y no mancharnos, Para saber el peso exacto, pesaremos las hojas después de trocearlas En esta preparación, usaremos todas las partes de la hoja sin quitar la piel Empezamos a masajear las hojas con la panela Sabiendo el peso de las hojas troceadas, necesitamos la misma cantidad de azúcar panela en polvo

RkJQdWJsaXNoZXIy NTU4MzA1