38 OECCC Esta estrategia, en consecuencia, enfatiza en cohesionar diversos enfoques: salud pública-colectiva; ambiental/ecológico (cultivo ―orgánico― y preservación del acervo genético de la semilla); educacional (normalización), y económico (justicia económica: no mercantilista). Las diferentes variedades de la planta Cannabis sativaL. (y aprovechada en su conjunto: semilla, raíz, tallo, hoja y sumidad florida), debido a su versatilidad, pueden emplearse para: la producción artesanal e industrial de fibras textiles, tejidos, cordajes y papel; la preparación de “hempcrete”; el almacenamiento de energía a partir de la síntesis de la biomasa del cáñamo; con fines hortícolas y como complemento alimenticio (las semillas son ricas en ácidos grasos, aminoácidos y proteínas, aceites esenciales y minerales naturales), o para la producción de biocombustibles (biodiésel). Además, su estudio ha servido para lograr avances en las ciencias de la salud (Sánchez-Nácher, N., 2019 y Cervero, 2019) por su significativo potencial fitoterapéutico. No obstante, a consecuencia de diversos sesgos científicos y culturales, la situación administrativa en relación con su cultivo, uso y consumo es arbitraria y ambigua (Azorín y Brotons, 2021), cuyas externalidades negativas generan dinámicas en forma de violencia, corrupción y exclusión. ¿Por qué el cultivo de cannabis contribuye a la fitorremediación del suelo? Debido a la paulatina degradación de los hábitats, consecuencia de determinadas actividades humanas, puede encontrarse en el suelo, y distribuidos en el ambiente, una mayor concentración de diferentes metales pesados no esenciales (Gadd, 1992) y una mezcla heterogénea de varios compuestos contaminantes (orgánicos o inorgánicos) que no son biodegradables, es decir, difíciles de transformar o eliminar. Estos suponen un riesgo para el equilibrio de la propia vida debido a su alta toxicidad y, mayoritariamente, son consecuencia de la actividad industrial, agrícola, minera y urbana, afectando al funcionamiento ecosistémico global. En España, la situación es compleja y preocupante, existiendo aproximadamente 40.000 suelos contaminados con metales pesados y otros compuestos, según el último informe de la comisión europea de estudios ambientales. Los mismos quedan regulados en la Ley 22/2011, del 28 de julio, de residuos y suelos contaminados, y en el Real Decreto 9/2005, del 14 de enero, por el que se establece la relación de actividades potencialmente del suelo y los criterios y estándares para la declaración de suelos contaminados. Con ánimo de revertir este problema ambiental, pueden emplearse sistemas biológicos naturales: biorremediación, como determinados organismos vegetales biosorbentes, con la finalidad de prevenir o restaurar la alteración en la estabilidad del socioecosistema, consecuencia de la acción antropogénica o antrópica. La fitorremediación Fitoextracción, fitoestabilización, fitodegradación, fitovolatilización y fitorrestauración, por su parte, es la interacción compleja que sucede entre la planta, el suelo y los microrganismos: la relación entre las raíces, la comunidad bacteriana, hongos formadores de micorrizas y los metales pesados del suelo receptor. La fitorrestauración alude a la reforestación de áreas contaminadas con especies resistentes de rápido crecimiento, que previenen la migración de partículas contaminantes y la erosión de los suelos. La técnica de la fitorremediación del suelo, con el cultivo de cáñamo, busca contribuir a: elaborar una estrategia de uso del suelo, con enfoque en su fertilidad, que pone de relieve el potencial del método de la agroecología (autocultivo individual y colectivo) para la planta Cannabis sativa L. en el territorio ―a escala regional― de las diversas zonas contaminadas; la posibilidad de adquirir insumos, fruto del aprendizaje del funcionamiento de estos ecosistemas ―conocimiento local― y el vínculo de la sociedad (espacio rural y urbano) con los mismos, y favorecer el enriquecimiento de la biodiversidad local (variabilidad de organismos, y sus relaciones dinámicas y complejas) para incrementar el nivel de resiliencia ―autorregulación― hacia otro estadio de conservación del conjunto del socioecosistema frente a nuevas perturbaciones. El cultivo de cáñamo, por sus propiedades taxonómicas, morfológicas y fisiológicas, parece contribuir a reducir el impacto ambiental y social con la recuperación de los ecosistemas afectados por la contaminación de metales pesados mediante diversos procesos metabólicos. Consecuencia de múltiples motivos: la capacidad de acumulación (por ejemplo: zinc, cadmio, cobre, plomo, cromo y níquel) y evapotranspiración del cáñamo cultivado de los diversos compuestos químicos contaminantes; su capacidad de adaptación La diversidad de los acuciantes problemas ecológicos y sociales ha inducido el planteamiento de enfoques multidisciplinares e integrativos, formas de abordar la realidad en las que resulta imprescindible la convergencia e hibridación del estudio de los ecosistemas naturales con los ecosistemas humanos. Insistir en una estrategia transversal parece tener el potencial de conformar todo un sistema de interacciones complejas, apoyada en la posibilidad de confeccionar relaciones interdependientes e interconectadas más adecuadas para resolver los diversos retos de nuestros entornos. Sustentabilidad socioecológica del cultivo de cannabis en España OpenRangeStock (depositphotos) En España, la situación es compleja y preocupante, existiendo aproximadamente 40.000 suelos contaminados con metales pesados y otros compuestos por Jorge Bergua
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