El Cultivador

36 ciencia diferencias importantes en los resultados: los monos tiraban de la palanca con tantas ganas como los roedores. Si la estimulación, en lugar de realizarse sobre los centros de recompensa, se aplicaba sobre los “centros de castigo” se generaba desagrado, miedro, terror, dolor e incluso enfermedad y el animal aprendía con celeridad a evitar la palanca3. Pero la cosa no quedó ahí, faltaban los ensayos con humanos. En este sentido, en 1972 hallamos un experimento escalofriante de la mano del doctor Galbraith Heath, con el que pretendía usar el experimento de los electrodos para despertar, con las descargas, una conducta heterosexual en un hombre homosexual que era paciente psiquiátrico, y que este generara asociaciones placenteras ante la contemplación de imágenes eróticas de mujeres. Con el experimento Heath logró lo que perseguía, una conducta heterosexual en el paciente, aunque es importante advertir que el paciente no fue sometido a ningún tipo de seguimiento a largo plazo, con lo que no tenemos detalle de qué sucedió después, si la conducta se mantuvo, etc4. El experimento de Heath sí resultó útil para confirmar la existencia de una relación entre ciertas regiones cerebrales del ser humano y la sensación de placer, lo que condujo asimismo a pensar en la existencia de un circuito de recompensa identificable de forma anatómica. La dopamina no es la sustancia del placer En la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Barcelona, han practicado reiteradamente con el experimento de Olds y Milner. Según VadimVasenin (depositphotos) Olds y Milner consiguieron mapear lo que primero se denominó “circuito del placer”

RkJQdWJsaXNoZXIy NTU4MzA1