El Cultivador

37 ciencia explica para El País Ignacio Morgado Bernal, catedrático en Psicobiología allí y en el Instituto de Neurociencias: “nunca dudamos de que esas descargas eran placenteras y por eso las ratas presionan la palanca continuamente, horas e incluso días”5. Pero, ¿qué sucede exactamente cuando las ratas presionan la palanca? “Cuando eso hacen, las neuronas de una región del tronco del encéfalo (área tegmental ventral) liberan a través de sus prolongaciones el neurotransmisor dopamina en otra región de la base del cerebro (el núcleo accumbens)”. Y añade: “por eso, durante los primeros años de investigación creímos, y así lo explicábamos a nuestros alumnos, que la dopamina era la sustancia cerebral que producía el placer”6. Así lo creían los que lo estudiaban científicamente, así también era enseñado a los alumnos y así nos había llegado a todos. No obstante, la conclusión no era del todo cierta, pues como bien apunta Morgado Bernal en su libro Deseo y placer: la ciencia de las motivaciones (2019) existía un problemilla: “la rata sigue presionando la palanca y estimulando con electricidad su cerebro incluso cuando, al cabo de un rato, la dopamina deja de liberarse como lo hacía inicialmente en el núcleo accumbens”7. Esto lo sabemos, por ejemplo, gracias al estudio llevado a cabo por un grupo de investigadores, publicado con el nombre Dissociation of dopamine reléase in the nucleus accumbens from intracranial self-stimulation (1999). Ellos analizaron la “liberación de dopamina en el núcleo y la cáscara del núcleo accumbens mediante el uso de microsensores voltamétricos de respuesta rápida durante la estimulación eléctrica de los cuerpos de las células de dopamina en las regiones del cerebro del área tegmental ventral/ sustancia negra”. Y concluyeron que “las neuronas mesolímbicas liberadoras de dopamina parecen ser importantes en el sistema de recompensa del cerebro” y que “la dopamina puede ser un sustrato neuronal novedoso o la expectativa de recompensa en lugar de la recompensa en sí misma”8. Es El experimento de Heath sí resultó útil para confirmar la existencia de una relación entre ciertas regiones cerebrales del ser humano y la sensación de placer c-foto (depositphotos)

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