61 sexualidad la incorporación de mujeres a la investigación (arqueología, antropología, etología, etc.), y su visión crítica de la versión dominante, contribuyeron a cambiar la historia. El relato oficial atribuía, hasta hace bien poco, el papel de cazador al hombre y el de cuidadora recolectora a la mujer prehistórica. ¿Por qué? Porque en la clase social en la que se educaron y vivieron los primeros arqueólogos, los hombres eran los proveedores de recursos materiales y las mujeres las “amas de casa”, dedicadas a la crianza y el cuidado del hogar. Así, los primeros historiadores aunque admitían que las familias paleolíticas eran matrilineales, es decir, reconocían que el parentesco se adjudicaba a la línea materna, describieron a sus antepasados masculinos como patriarcas agresivos, dominantes y violentos y a las hembras como seres dóciles, sumisas y débiles1, perpetuando la teoría del hombre cazador2. Sin embargo, todo apunta a que el mundo en el que vivieron nuestras ancestras fue muy diferente. “La dominación masculina universal es una ilusión etnológica”, declaró la antropóloga Karla Poewe, en 19813. Si bien es cierto que, en el contexto de una forma de vida en pequeñas comunidades que rendían culto a la Gran Madre o Diosa4, el hecho de que las mujeres fueran las principales responsables de la crianza y cuidado de sus criaturas derivaba en la responsabilidad de alimentar y cuidar a todo el grupo, eso no significaba que existieran relaciones de poder o dominación entre ambos sexos. Margarita Sánchez Romero afirma que, en sociedades como las prehistóricas, la alimentación de los individuos infantiles mediante la lactancia era un recurso fundamental y esto pudo vincular a las mujeres a las actividades de mantenimiento y al espacio doméstico, pero sin que eso significara necesariamente desigualdad o subordinación, “el menosprecio hacia estos trabajos es una construcción posterior de la sociedad patriarcal en la que vivimos”5. Según la investigadora Francisca Martín-Cano, las mujeres cumplían un papel preponderante en las sociedades prehistóricas, siendo las principales encargadas de alimentar al grupo; y no solo lo hicieron recolectando productos de la naturaleza, como miel, frutas, semillas o vegetales, sino que participaban en la caza, tal como lo atestiguan las denominadas “Damas Blancas” de Damaraland (Rodesia/Zimbabwe, 4000 a. C) y de La dominación masculina universal es una ilusión etnológica Camarín de las Vulvas, antigüedad de entre 20.000 y 40.000 años (Cueva de Tito Bustillo, Ribadesella, Asturias)
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