63 sexualidad social de la existencia humana. Al pasar de la vida en los árboles de la selva a la vida en la sabana, nuestros antepasados se hicieron bípedos, liberando sus manos de la tarea de caminar y adquiriendo nuevas habilidades manuales, como la capacidad para acariciar o manipular objetos. Al mismo tiempo, en el paleolítico, se produjo la expansión de la sexualidad de las hembras, separándose el acto sexual de la procreación, con lo que el interés y disfrute del placer dejó de ser anual y limitado a la reproducción y se convirtió en algo continuado en el tiempo. De esta manera, el placer, la ternura y la sensualidad vinculados a la intimidad sexual pasaron a formar parte de las relaciones sociales, generándose espacios de convivencia amorosa estable en grupos pequeños, abiertos a la “colaboración en los quehaceres de una convivencia en la que se disfruta el convivir”8. Esto ocurría al tener como base la relación amorosa materno-infantil propia de los mamíferos, descrita por Maturana como una relación de aceptación y disfrute de la cercanía y contacto corporal en plena confianza y placer del juego. La exposición “Sexo en Piedra”9 demostró, en 2010, ese disfrute de las relaciones amorosas a través de una sexualidad abierta y libre en la prehistoria. Marcos García, comisario de la exposición y coautor del libro con el mismo título, explica que en la última fase del paleolítico aparecen dibujos que muestran una sexualidad basada en el gozo, con distintas posturas de cópula, escenas de sexo oral, coito anal, voyeurismo, masturbaciones o juguetes. Las escenas incluyen relaciones heterosexuales, homosexuales, en grupo… Pero lo más interesante de esta exposición, en estos tiempos de El amor se encuentra en la base de la convivencia social Sacerdotisas de la Creta minoica, ejemplo de cultura colaborativa con una sexualidad sagrada y libre
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