El Cultivador

62 sexualidad El amor era verde y se lo comió un burro Por una parte, tenemos jóvenes que disfrutan de una gran libertad a la hora de tener relaciones sexuales con personas de su mismo sexo o del sexo contrario, pero esconden cualquier muestra de afecto durante o después del acto sexual. Por otra parte, tenemos parejas con relaciones más o menos estables enroscadas en situaciones violentas, o como mínimo incómodas, debido a percepciones distorsionadas de lo que significa tener una relación de pareja. ¿No será que hemos distorsionado el concepto de amor hasta el punto de convertirlo en algo no deseable? Si hasta hace pocos años (y aún lo es en algunos microcosmos) hablar de sexo era tabú, todo indica que el verdadero tabú hoy día es hablar de amor. Un ejemplo de ello es el cambio en la terminología. Un vistazo rápido al lenguaje políticamente correcto que se utiliza hoy día me lleva a caer en la cuenta de que ya no existen relaciones amorosas o románticas, sino relaciones “afectivo-sexuales”. Según el Diccionario Etimológico Castellano1 la palabra amor viene del latín “amor”, relacionada con la raíz indoeuropea “amma”: voz infantil para llamar a la madre. Según este diccionario, la palabra sería el resultado de la unión del verbo latino “amare”, que significa amar, dar caricias de madre y el sufijo ”–or”: efecto, resultado. De ahí vienen palabras como amorío, amoroso, enamorado, amigo… Sin embargo, existen indicios de la existencia de la palabra “amma” en las lenguas protoindoeuropeas2, es decir, la lengua existente antes de las invasiones indoeuropeas, hablada en las sociedades que rendía culto a la Diosa Madre. ¿Qué significa eso? Foto de Leonardo Sanches (Unsplash) la protoindoeuropea era una civilización que celebraba la vida, usando el placer como forma de cohesión social Imagen de Pexels en (Pixabay)

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