22 activismo Después de treinta años de trabajo por parte de sociedad civil y autoridades para encontrar el equilibrio entre la existencia de los Clubes Sociales de Cannabis (CSC) y el resto de las actividades de la ciudad, así como el trabajo para la aceptación de estas, el nuevo Consistorio emprende una cruzada sin sentido contra las asociaciones cannábicas. ¿Qué está pasando en Barcelona? En 2016, se aprobó el “plan especial urbanístico” que ponía coto a la realidad de las asociaciones cannábicas e imponía una normativa mínima dentro del marco competencial del ayuntamiento. Este plan estableció restricciones lógicas a esta actividad, como la distancia mínima entre clubes, y entre estos y lugares sensibles como parques y escuelas. Las sedes sociales debían contar con una licencia de actividades específicas que obligaba a tener unas instalaciones adecuadas a la actividad que desempeñan y al volumen de socios, sistemas de extracción para reducir el impacto del humo, control de plagas, dispositivos de extinción de incendios, etc. En 2021, el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) anula esta ordenanza, siendo confirmada la sentencia por el Tribunal Constitucional. En este momento, los clubes se ven obligados a pasar de una licencia específica, que recogía las necesidades urbanísticas y de seguridad para estos espacios, a una licencia de club privado. En junio de 2023, Jaume Collboni, de los socialistas, es investido como alcalde y designa a Albert Batlle como tercer tinent d’alcalde y responsable de interior. A finales de ese mismo año, comenzó una estrategia de acoso y derribo contra los 212 clubes registrados, que sufrieron inspecciones por parte de funcionarios del ayuntamiento y de la Guardia Urbana, y abrieron tantos expedientes como asociaciones había en la ciudad. Algunas recibieron multas de miles de euros, otras treinta, de las que tengamos constancia, a principios de este verano recibieron un cese de la actividad. El señor Batlle, que se ha tomado este auto como una cruzada personal, interpretó las sentencias (la que anulaba la ley de asociaciones cannábicas de la Generalitat de Catalunya y la que anulaba el plan urbanístico) de la forma más prohibicionista posible. En consecuencia, el teniente de alcalde ordenó a la Guardia Urbana ejercer una fuerte presión policial sobre los clubes, restringiendo sus actividades a la información y el asesoramiento, pero prohibiendo el consumo y la distribución de cannabis. Esta presión ha dificultado aún más la actividad de los clubes, creando un entorno hostil para su existencia. Barcelona: el referente cannábico que vuelvea estar asediado Barcelona es una ciudad magnífica, tiene mar, tiene montaña, es cosmopolita y abierta… y es que ha gozado de conexiones con todo el mediterráneo durante siglos, lo que ha enriquecido el carácter del lugar y de sus gentes. La primera asociación cannábica nació en la Ciudad Condal, en 1991, y se llamó ARSEC (Asociación Ramón Santos de Estudios sobre Cannabis). por ConFAC En 2016, se aprobó el “plan especial urbanístico” que ponía coto a la realidad de las asociaciones cannábicas e imponía una normativa mínima dentro del marco competencial del ayuntamiento Asamblea CatFAC Marcha Mundial de la Marihuana en Madrid, 2024
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