Esos cierres también tienen efectos en la opinión pública, se crea una alarma social innecesaria que favorece la estigmatización de las personas que usan cannabis y pueden reforzar el estigma de los propios clubes cannábicos, afectando negativamente a las personas que los utilizan y trabajan en ellos. Estas actuaciones pueden polarizar el debate social sobre la regulación del cannabis. Las constantes anulaciones de normativas y las acciones policiales pueden llevar a un aumento en los conflictos legales entre los clubes y el ayuntamiento, erosionando la confianza en las autoridades locales para gestionar de manera efectiva este fenómeno. Esto genera descontento social por la percepción de que el ayuntamiento está excediéndose en sus competencias, descontento entre las personas consumidoras y las defensoras de los derechos de las personas usuarias de cannabis. En definitiva, las restricciones impuestas por el ayuntamiento de Barcelona sobre los clubes cannábicos pueden tener una serie de consecuencias sociales previsibles, incluyendo un aumento de los mercados ilícitos, impactos negativos en la salud pública, pérdida de espacios seguros para el consumo, efectos económicos adversos, estigmatización, debates polarizados y erosión de la confianza en las autoridades. No es una mala idea pasar de sancionar estas conductas en el ámbito penal al administrativo, pero los derechos y las libertades de personas consumidoras y entidades deben ser garantizados de igual modo. Además, para ello se requiere un marco regulador de ámbito estatal que proteja estas actividades al amparo legal. Nuevos enfoques en política de drogas En un momento en el que los países comienzan a fijarse en la regulación del cannabis como una de las tendencias en políticas públicas de nuestra época, Barcelona, que ha sido referente para muchas de ellas, ataca a los clubes. Los CSC existen en todo el territorio nacional. Regular de manera adecuada estos clubes puede mitigar los problemas que describimos en este artículo, entre otras problemáticas, y ofrecer un marco más seguro y controlado para el consumo de marihuana, beneficiando tanto a las usuarias como a la sociedad en general. La prohibición no ha logrado reducir la producción, distribución y consumo de drogas a nivel global. Las drogas ilegales se han vuelto más accesibles y variadas. Diversos enfoques han sido propuestos como alternativas, tales como la despenalización, la regulación, el control estatal de ciertas sustancias y la implementación de políticas de reducción de daños. En resumen, la prohibición de las drogas conlleva una serie de impactos negativos que van desde el aumento de la violencia y el crimen, la sobrecarga de los sistemas judiciales y penitenciarios, hasta la estigmatización de las personas usuarias. Las alternativas centradas en la salud pública y la regulación podrían ofrecer soluciones más justas y eficaces. 24 activismo las restricciones […] pueden [provocar] un aumento de los mercados ilícitos, impactos negativos en la salud pública, pérdida de espacios seguros para el consumo, efectos económicos adversos, estigmatización, debates polarizados y erosión de la confianza en las autoridades Precauciones a tener en las asociaciones cannábicas de Barcelona
RkJQdWJsaXNoZXIy NTU4MzA1