El déficit de materia orgánica en los cultivos.
Por Víctor Bataller Gómez.
Con el término “fertilidad del suelo” nos referimos, desde el punto de vista agronómico, a la capacidad que tiene ese suelo de mantener el crecimiento de los cultivos implantados en él. Si consultamos los planes de fertilización para todos los cultivos es muy raro que en alguno de ellos se haga referencia a aportes de materia orgánica y esto se debe a que ya nos hemos olvidado de nuestro mejor aliado: el suelo. Por suerte, en el sector agrícola hay una parte muy importante dentro de sus profesionales que ponen a nuestra disposición un número ingente de formulados que nos permiten alcanzar niveles de materia orgánica muy destacables en nuestros suelos agrícolas y, gracias a ello, unas mejores condiciones de desarrollo para nuestros cultivos.
Caracterización de suelos agrícolas
Al caracterizar un suelo agrícola podemos referirnos a sus aspectos físicos, químicos y biológicos. La principal característica física es la capacidad que posee un suelo para aportar condiciones estructurales adecuadas para el sostenimiento físico y crecimiento de las plantas. Existen estudios sobre la “fertilidad física de suelos” en donde se estudian cualidades físicas como la estructura, los espacios libres o poros, la capacidad de retención de agua, la densidad aparente y resistencia a la penetración del sistema radicular.
Características químicas del suelo
En lo que se refiere a las características químicas, nos centramos principalmente en la capacidad que tiene el suelo de proporcionar nutrientes a las plantas que habitan en él. Dentro de dichos nutrientes debemos prestar especial atención a los “esenciales”, que son aquellos que en caso de faltar provocarían una reducción en el crecimiento y en el desarrollo de las plantas cultivadas. En los estudios de “fertilidad química de los suelos” se realiza un análisis orgánico-mineral, tanto de dicho suelo como de las plantas que se desarrollan en él para posteriormente definir las estrategias en su fertilización.
Aspectos biológicos del suelo
En lo referente a la parte biológica, se vinculan los procesos biológicos de los suelos con los de los organismos que habitan en él y que son imprescindibles para el desarrollo natural de los ecosistemas que los contienen. En los estudios de “fertilidad biológica de un suelo” se llevan a cabo análisis enzimáticos (lo que también se conoce como “bioquímica de los suelos”) y de su ecología microbiana (la microfauna y microflora).
Interacción de factores de fertilidad del suelo
Si bien es muy sencillo clasificar la fertilidad de un suelo en diferentes clases, ambos factores ocurren o influyen de forma conjunta y las problemáticas que pudieran existir en lo referente a su fertilidad pueden interactuar entre ellas. Por ejemplo, un incremento en la densidad aparente (también denominada “densificación”) o de la dureza (que anteriormente nos referimos a ella como “resistencia a la penetración”) y que se genera como resultado de una capa compactada en el suelo, constituye un ejemplo típico de limitación en la fertilidad física. Esa menor capacidad física para el desarrollo radicular por parte de los cultivos ocasiona una reducción en la capacidad de asumir nutrientes, sobre todo en aquellos de menor movilidad edáfica como el fósforo o los micronutrientes metálicos. Pues bien, esas capas inferiores que aparecen en los suelos y que son impenetrables para las raíces y evitan la circulación libre de agua y aire, se debe principalmente a un proceso de deterioro físico-químico causado por la salinización que, por otro lado, puede afectar gravemente a la actividad biológica de la microfauna y microflora del mismo. Esto provoca, entre otras cosas, una menor actividad nitrificadora, lo que altera a la larga de manera irreversible los ciclos biogeoquímicos y en general la actividad biológica.
Factores limitantes de la fertilidad del suelo
Los principales factores limitantes para una correcta fertilidad en un suelo son la disponibilidad de nutrientes, el pH, la conductividad eléctrica (que es la forma de valorar el contenido de sales) y las limitaciones físicas tales como la degradación de los suelos causada por la erosión eólica o hídrica. Dichas limitaciones presentan diferentes grados de reversibilidad o de irreversibilidad. Podríamos decir que la salinidad y la textura del suelo son reversibles con mayor dificultad que otros limitantes que son fácilmente reversibles, como la disponibilidad de nutrientes, la presencia de capas o costras impermeables y la acidez o la alcalinidad. Para poder solucionar estas limitaciones reversibles hay varias opciones:
- Por una parte está la disponibilidad de nutrientes, siendo relativamente sencillo a través del uso de fertilizantes y también a través del laboreo que permite controlar las malas hierbas y la disponibilidad de agua y nutrientes.
- Ante la presencia de costras (un problema muy frecuente en suelos con altos contenidos en arcillas que han sido intensamente labrados o con altos contenidos en sales que degrada su estructura física generando así muchas partículas finas en la superficie) una herramienta muy útil es el empleo de materia orgánica que favorece la estabilidad de sus agregados, y a la vez, mantiene al suelo nutrido que también es esencial para que estructuralmente sea estable.
- Respecto a la acidez o la alcalinidad es posible modificarla a través del uso de enmiendas químicas o correctores. Normalmente en los suelos ácidos (bien sea de forma natural o acidificados por su uso agrícola) ha habido una pérdida de bases de cambio por la exportación de nutrientes de cultivos, elevadas dosis de aplicación de fertilizantes amoniacales o formadores de amonio… y para su corrección se utilizan enmiendas cálcicas o cálcico-magnésicas como la calcita o la dolomita que generan una reacción alcalina en el suelo y que además resultan efectivas para facilitar calcio y magnesio a los cultivos. En los suelos sódicos el manejo no siempre es sencillo, pero si el suelo presenta cierto grado de drenaje es posible reemplazar, por lo menos en parte, el sodio presente en el complejo de intercambio a través del uso de yeso agrícola ya que tiene una reacción neutra y permite que parte del sodio adsorbido en las arcillas sea reemplazado por el calcio del yeso. El sodio presente en el complejo de intercambio pasa a la solución del suelo en donde puede ser lavado en forma de sulfato de sodio.
Impacto de la salinidad del suelo
La salinidad de un suelo se define como la concentración de sales que existe en el suelo. Las sales que entran en el suelo (bien sea por el riego o no) se concentran como resultado de la evaporación y traspiración de la planta. El principal efecto adverso de la salinidad en los cultivos es de tipo osmótico. La alta concentración de sales en la solución del suelo hace que el cultivo tenga que hacer un consumo extra de energía para poder absorber el agua del suelo ya que mucha de ella se encuentra retenida en estas sales. Este efecto es similar al producido por el estrés hídrico, en el que el cultivo sufre la falta de agua en el suelo respecto a lo que demanda para su normal desarrollo: el contenido de agua en el interior de la planta es mayor que en el suelo y por el efecto osmótico se tienden a equilibrar concentraciones saliendo parte de esa agua del interior de la planta. Como consecuencia de este “estrés salino”, el cultivo reduce su desarrollo vegetativo ya que se reduce el crecimiento y la división celular y, por consiguiente, se reduce la producción.
Efectos del estrés salino en las plantas
El estrés salino reduce la actividad fotosintética y aumenta la respiración de la planta, por lo que no produce la suficiente energía para que pueda llevar a cabo la acción de absorción del agua. Debido a este consumo extra de energía, los cultivos reducen su normal desarrollo, su germinación y la brotación se hace más débil, lo que hace que el potencial productivo disminuya. Otro de sus efectos negativos es el retraso en la germinación y la emergencia de la planta, que puede llegar a ser fatal si dicha emergencia de las plántulas coincide con un estrés hídrico o una costra en la superficie del suelo.
Salinización natural y secundaria
La salinización de los suelos puede darse de forma natural en zonas deprimidas topográficamente, suelos sin drenaje y/o clima árido, semiárido o seco-subhúmedo donde la evaporación supera a la precipitación. A este tipo de salinización se le denomina primaria o natural. A esta salinización primaria o natural se le une la salinización secundaria que es la debida a la acción del hombre, como consecuencia principalmente de los aportes de sales al suelo en las aguas de riego, a los fertilizantes, así como al ascenso de aguas salinas por elevación de los niveles freáticos como consecuencia de las sequias o la explotación descontrolada de los acuíferos naturales.
Sodicidad y su efecto en el suelo
Otro factor muy preocupante dentro del fenómeno de la salinidad edáfica es la “sodicidad” que es la acumulación de sales con elevado contenido del ion sodio (Na+) en la solución y en el complejo de intercambio arcillo-húmico del suelo (formado principalmente por las partículas coloidales de arcilla y de materia orgánica del suelo). Este complejo de intercambio condiciona la estructura física del suelo y también sirve de regulador de los nutrientes en la solución del suelo. Un exceso de sodio en él, en relación al contenido de calcio y magnesio, es el causante de la sodicidad del suelo. Una elevada sodicidad produce una impermeabilización del suelo ya que los cationes de sodio rompen la estructura del suelo generando una gran cantidad de partículas muy finas. Esto ocasiona problemas de encharcamiento del suelo y falta de aireación del sistema radicular ya que llegan a sellarse los poros del suelo que es por donde circula el agua y el aire que necesitan las raíces causando una asfixia radicular.
Clasificación de suelos según sales y sodio
Los suelos los podemos clasificar en función a su contenido en sales y sodio. De esta forma tenemos suelos salinos, suelos salino-sódicos y suelos sódicos. Los suelos salinos se deben generalmente a la falta de drenaje y al elevado porcentaje de evaporación, lo cual origina la acumulación de sales. También puede deberse al uso de aguas de riego que contienen una elevada concentración de sales. Principalmente contienen cloruros, sulfatos, carbonatos y bicarbonatos de sodio, calcio, magnesio y potasio. Para su mejora es indispensable dotar al suelo de un buen drenaje y realizar frecuentes lavados con agua de mejor calidad, así como aportar azufre, que independientemente de rebajar el pH favorecerá la formación de sulfato sódico, sal soluble y por tanto lavable. También será interesante incorporar materia orgánica, pues ella, integrada en el suelo, mejorará la estructura, aumentará la capacidad de intercambio catiónico e incidirá en la oxidación microbiológica del azufre, transformándolo en sulfato. En cuanto a los suelos salino-sódicos, se originan por un proceso de salinización y acumulación de sodio. Los suelos salino-sódicos son similares a los salinos y presentan problemas similares hasta que se elimina el exceso de sales y de sodio de cambio en la zona donde se desarrollan las raíces del cultivo, por lo que el lavado hay que efectuarlo con mucha precaución, ya que si las sales solubles son lixiviadas pueden originar un cambio de las propiedades del suelo convirtiéndolo en salino. Cuando a este tipo de suelos se le añade yeso, el calcio sustituye al sodio creando unas condiciones aptas para el cultivo.
Manejo de suelos sódicos
En los suelos sódicos la presencia más predominante en ellos es la del carbonato sódico. Entre sus sales se provoca una dispersión de la materia orgánica, dando lugar a una apariencia oscura, por lo que se denomina también a este tipo de suelos “álcali negro”. Cuando se une a estos rasgos una ausencia de caliza y debido a la presencia de grupos hidrógenos de intercambio en la zona superficial (donde también el pH es alto), se denominan “suelos álcali degradados”. Este tipo de suelos padece una destrucción de su estructura, por tanto, al disminuir su porosidad, utilizar el lavado para su corrección no es muy aconsejable debido a la falta de drenaje. La recuperación tiene que ser abordada mediante la eliminación de sodio del complejo de intercambio aplicando productos como el yeso que reaccionarían con el carbonato sódico, formando carbonato cálcico y sulfato sódico.
Medidas para suelos salinos y sódicos
En todos ellos es necesario implantar cultivos resistentes a la salinidad, emplear aguas de regadío de buena calidad e incluir en los planes de abonado productos ricos en materia orgánica como nuestro Bachumus, que dispone de materia orgánica parcialmente humificada con un elevado contenido en ácidos fúlvicos que son muy positivos para el desarrollo biológico del suelo y para facilitar la asimilación de nutrientes por parte de la planta. También posee un elevado contenido en potasio que ayuda a corregir el exceso de sodio en los suelos con elevados contenidos del mismo.
Preguntas Frecuentes
P: ¿Qué es la fertilidad del suelo desde una perspectiva agronómica?
R: La fertilidad del suelo se refiere a la capacidad que tiene el suelo de mantener el crecimiento de los cultivos implantados en él.
P: ¿Cuáles son los principales factores que afectan la fertilidad del suelo?
R: Los principales factores limitantes para la fertilidad del suelo incluyen la disponibilidad de nutrientes, el pH, la conductividad eléctrica, y limitaciones físicas como la erosión y la degradación del suelo.
P: ¿Cómo se puede mejorar la fertilidad del suelo?
R: La fertilidad del suelo se puede mejorar mediante el uso de formulados que aumenten la materia orgánica, el uso de fertilizantes, y técnicas de laboreo que controlen las malas hierbas y mejoren la disponibilidad de agua y nutrientes.

