Investigadores españoles estudian la posibilidad de utilizar CBD en bebés que han sufrido daños cerebrales por falta de oxígeno

José Antonio Martínez Orgado lleva más de 13 años investigando sobre las propiedades de los cannabinoides en su área de trabajo, la neonatología. Actualmente es médico en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid y dirige un equipo de investigación que estudia las propiedades del CBD (cannabidiol) y su posible aplicación a bebés recién nacidos, concretamente a aquellos que sufren algún tipo de daño cerebral por hipoxia o asfixia neonatal. «Hablamos de lo que vulgarmente se conoce como que al niño le falta oxígeno en el parto», explica a Dinafem. Combatir los daños provocados por la hipoxia en neonatos es uno de sus objetivos desde 1993. 

Su contacto con la marihuana fue casual, cuando hace algún tiempo una profesional de la Facultad de Biología de la Universidad Complutense le comentó que, tal vez, los cannabinoides podrían resultarle útiles en su estudio. Reconoce que por aquel entonces no había oído hablar de ellos; de hecho, no había tanta información como en la actualidad y pocos grupos le dedicaban su trabajo. 

Así que decidió documentarse y se dio cuenta de que «tenían unas propiedades absolutamente perfectas para hacer de tratamiento en un daño cerebral». Comenzó probando un cannabinoide de efectos muy parecidos a los del THC, pero «por una serie de circunstancias más o menos azarosas terminamos trabajando con cannabidiol». 

Ocurre, dice Martínez Orgado, que existen tres mecanismos que pueden provocar daño en el cerebro (por daño entendemos algún traumatismo, falta de oxígeno o lesión) y que suelen interconectarse unos con otros: la inflamación, los radicales libres y unos neurotransmisores (que sirven para activar las neuronas) que se liberan en el cerebro y, cuando lo hacen de forma excesiva, también provocan problemas.  

La casualidad, dice el profesional, es que los cannabinoides en general y el cannabidiol en particular son antioxidantes y antinflamatorios «potentísimos» y actúan sobre esos tres elementos al mismo tiempo. «Es algo que les hace casi idóneos porque son pocas las sustancias que podemos encontrar que consigan esto». «Sus propiedades son absolutamente perfectas», asegura. 

Lo que ocurre, explica Orgado, es que después de un episodio de ‘hipoxia’ aparece la llamada ‘reperfusión’, es decir, que la sangre vuelve a fluir y lo hace cargada de oxígeno. Ese exceso de oxígeno hace que algunas moléculas se vuelvan inestables y se conviertan en tóxicas para las células. Son los radicales libres que se prolongan en el tiempo y amplían espacialmente la zona de lesión (que se hace más y más grande en horas y días sucesivos).

Un antioxidante como el CBD limita la producción de esos radicales libres, lo que hace que la lesión final sea mucho menor y, por tanto, que el daño neurológico también sea más pequeño. “El CBD es un antioxidante muy potente y lo bueno es que existen más enfermedades relacionadas con el estrés oxidativo, especialmente en recién nacidos, en las que podría ser eficaz también”, asegura el profesional. Ocurre también que, durante esa ‘reperfusión’, a parte de oxígeno llegan glóbulos blancos al cerebro que intentan limpiar la zona de células muertas.

Para ello liberan una sustancia que acaban destruyendo las células dañadas pero también pueden afectar a las sanas y, además, llaman a los glóbulos blancos por lo que se amplifica la intensidad y extensión del daño. “Es lo que vemos tras un picotazo de insecto, en las horas siguientes se forma una zona caliente y roja cada vez más grande y molesta”.

Es la inflamación que en el cerebro, además, provoca una hinchazón llamada edema que puede afectar a la circulación de la sangre. Por eso “un antiinflamatorio potente como es el CBD es extraordinariamente útil y beneficioso al reducir otro de los círculos viciosos que prolongan y extienden el daño cerebral”, afirma. 

Desde que inició hace más de diez años su camino por el mundo de la marihuana terapéutica, dentro de un pequeño grupo de investigadores que colabora intensamente con diversas universidades nacionales y del extranjero, las propiedades médicas del cannabis se han convertido en la línea casi exclusiva de su investigación. Ahora trabaja con extracto botánico purificado de alta calidad farmacéutica que les proporciona GW Pharma: se trata de CBD no sintético obtenido de una planta de cannabis manipulada genéticamente para que produzca casi exclusivamente cannabidiol.

Pero, ¿cómo se administraría este componente de la marihuana a los bebés? Martínez Orgado explica que, como los cannabinoides son lípidos, sustancias grasas que no se disuelven en agua directamente, necesitaban elaborar un sistema para aplicarlos. Lo han hecho en colaboración con una empresa farmacéutica británica, con quienes han creado una forma de suministro vía intravenosa. Añade que aún no se ha aplicado a humanos pero tienen la esperanza de que sea un tratamiento eficaz, aunque «es casi imposible que el paciente se cure al 100 %».  

En la actualidad, los tratamientos se aplican después del parto, cuando ya se sabe que el niño ha sufrido hipoxia, porque hasta el momento es imposible saber qué bebés lo van a necesitar. La utilización del cannabidiol, tal y como se ha realizado en animales, debería hacerse media o una hora después del nacimiento del bebé. Pese a la premura, «hay partes del cerebro que ya están dañadas y prácticamente ningún tratamiento actual consigue recuperarlas». No obstante, con su estudio han comprobado que el sujeto no llega a la normalidad completa, pero casi. 

El médico asegura que tienen una investigación pendiente de publicar con la que han descubierto que el CBD podría actuar hasta 12 o 18 horas después del nacimiento y ser eficaz. Además, dice que es posible aplicarse antes del parto. «Una de las cosas que vamos a hacer en los próximos meses es iniciar una nueva investigación para intentar ver si la administración del cannabidiol a la madre llega a los hijos. Lo más probable es que así sea», opina. 

El tratamiento que se sigue en la actualidad con los niños que han sufrido asfixia es la hipotermia, bajarles la temperatura del cuerpo. «Nosotros lo que estamos estudiando ahora es cómo actúa el cannabidiol en conjunto con esa hipotermia para ver si mejoran los resultados o el tratamiento es más eficaz». Lo que ocurre es que esa aplicación (sin cannabinoides), «la única que hay y la que todo el mundo acepta que hay que utilizar», solamente beneficia por ahora a la mitad de los niños. Martínez Orgado quiere comprobar si su método favorecería a muchos más. 

Muy pronto podrán descubrirse sus efectos en humanos. «La idea es empezar el ensayo clínico a finales de este año o principios del que viene», dice el experto. El grupo de investigación ya ha iniciado las negociaciones con la Agencia del Medicamento de Estados Unidos, que «es bastante más ágil que la europea». No obstante, antes de ponerse manos a la obra deberán hacer algunas pruebas para estar seguros de que no habrá problemas ni efectos secundarios y, después, comenzarán a reclutar niños de Estados Unidos y Europa para lograr su objetivo.

Martínez Orgado confía en que todo salga bien porque, según dice, el cannabidiol prácticamente no tiene efectos secundarios. Sabe que es el momento de que investigadores como él puedan convencer a las autoridades sanitarias de que no hay ningún peligro en utilizar estos derivados de la planta de marihuana. Eso sí, es consciente de que siempre hay que hacer las cosas de la manera más científica posible. 

Pone un ejemplo: dice que, como todo el mundo sabe, la heroína es mortal, los opiáceos en general lo son y, sin embargo, «los utilizamos habitualmente en medicina, como la morfina». Lo que ocurre es que se usan de manera controlada y nadie le pone pegas. Añade que, durante mucho tiempo, la cocaína se añadía como analgésico en las inyecciones para las muelas y, aunque «todo el mundo sabe que es mala, de forma controlada se puede utilizar». 

Respecto al cannabidiol, dice que sus «beneficios exceden a sus riesgos». «Es muy asombroso, no solo puede reducir los daños en el cerebro sino que también tiene efectos beneficiosos sobre pulmones, corazón, tensión y muchas otras cosas». Su trabajo con el CBD y el de su voluntarioso equipo arrojan una importante luz de esperanza a esas familias que se enfrentan a un episodio tan difícil, el parto, que por norma general debería dar más alegrías que tristezas.

Fuente Dinafem.org

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