Descubre cómo germinar semillas de forma correcta y evita errores comunes. Aprende las fases del proceso métodos efectivos y consejos para asegurar el éxito de tu cultivo.
Con la primavera regresa nuevamente la temporada de siembra del cultivo al aire libre. Germinar nuestras semillas y trasplantar nuestras plantas de forma adecuada es vital para su supervivencia y posterior desarrollo, ya que si no tratamos adecuadamente nuestro cultivo en los primeros estadios de su ciclo vital, corremos el peligro de que muera o se estanque. Aunque siempre debemos procurar el mejor entorno para nuestras plantas, los ejemplares jóvenes son mucho más delicados que los adultos, por lo que durante la fase inicial tendremos especial cuidado con las condiciones ambientales.

La germinación
La germinación es el proceso por el que una semilla eclosiona y se desarrolla convirtiéndose en una nueva planta. Se trata de un episodio decisivo en nuestro cultivo, ya que supone el punto de partida del mismo. En él influyen tanto factores internos (propios de la semilla en cuestión) como externos que determinarán el éxito en el proceso. La germinación empieza cuando estos confluyen de forma favorable, dándose las condiciones ambientales adecuadas. Una vez iniciada, empieza a producirse una serie de cambios metabólicos que culminan con el nacimiento de una nueva planta, o bien con la muerte de la semilla.
El proceso de germinación consta de tres fases que se dan de forma sucesiva, siendo la imbibición la primera de ellas. Durante el transcurso de esta etapa se produce una intensa absorción de agua por parte de los tejidos de la semilla. Esta rehidratación es fundamental para la germinación, pues sin ella nunca tendrá lugar, y se da tanto en semillas viables (con capacidad de germinación) como en semillas muertas. Sin embargo, en las primeras desencadena una serie de cambios metabólicos que tienen lugar durante la segunda fase, llamada germinación. Para diferenciarla del resto del proceso, también se la llama germinación sensu stricto o germinación verdadera. Esta segunda etapa termina con la emergencia de la radícula, dando paso a la última: el crecimiento, que es el lapso de tiempo durante el cual la plántula se desarrolla de forma visible al ojo humano. La duración de cada una de estas fases varía en función de las condiciones ambientales y el estado de conservación de la semilla.
Factores que influyen sobre la germinación
En el proceso de germinación se dan dos tipos de condicionantes que determinan la duración y progresión del mismo: los externos, que son básicamente las condiciones ambientales, y los internos, que se refieren al estado de conservación de la semilla.
Entre las condiciones ambientales, la que mayor influencia tiene en el proceso de germinación es el nivel de humedad. La rehidratación los tejidos de la semilla desencadena la reactivación de su metabolismo, siendo el primer paso para el nacimiento de una nueva planta. El agua llega a la zona interna mediante ósmosis, razón por la que debemos utilizar agua mineral o con una EC baja, y por la que no es aconsejable germinar en sustratos preabonados. A pesar de esta necesidad, un exceso de humedad también puede ser perjudicial si impide la respiración.
Asimismo, otra condición imprescindible para la germinación es una temperatura adecuada, siendo éste uno de los factores ambientales que mayor influencia tiene sobre el proceso. Debe ser lo más estable posible y mantenerse alrededor de los 24 ºC. Un ambiente cálido y agradable hace que el metabolismo se reactive al ritmo necesario, ya que, si es demasiado frío, el proceso se verá ralentizado y, si es demasiado caluroso, corremos el riesgo de que la semilla se deshidrate, se cueza, o sea más susceptible a una infección fungosa ante la presencia de hongos.
Además de la humedad y la temperatura, el nivel de oxígeno también influye en el proceso de germinación. La semilla reactiva su metabolismo respiratorio durante la fase inicial de imbibición, por lo que es necesario que disponga de oxígeno. De hecho, para que se produzca todo el proceso es necesario que el O2 disuelto en el agua llegue al embrión.
Los factores internos que afectan a la germinación se refieren a la madurez y viabilidad de la semilla. Una semilla alcanza la madurez cuando está bien formada y ya no depende de la planta en la que se ha desarrollado (madre). Si no ha llegado a este estado, no podrá germinar. No obstante, éste es un aspecto que sólo debe preocuparnos si queremos hacer nuestras propias semillas, ya que las que compramos envasadas normalmente pasan por un proceso de selección en el que las inmaduras o malformadas se descartan. Por otra parte, la viabilidad es la capacidad de germinar y de originar plántulas normales en condiciones ambientales favorables1. Ésta dependerá directamente de la longevidad de la semilla, que es el tiempo durante el que permanece viable. Las semillas son seres vivos y sufren un proceso de envejecimiento que hace que vayan perdiendo su capacidad de germinación progresivamente. Como consecuencia de los procesos metabólicos, se originan una serie de productos tóxicos que al acumularse en las semillas producen efectos letales para el embrión2. Por esta razón las prácticas enfocadas a alargar la longevidad tienen por objetivo reducir la actividad metabólica al máximo posible para ralentizar los procesos que causan el deterioro3. Dicho de otra forma, una semilla mal conservada permanecerá viable por menos tiempo, teniendo menos posibilidades de germinar. Por tanto, el estado de conservación será un factor determinante.
Métodos de germinación
Principalmente, existen tres métodos de germinación: directamente en el medio de cultivo, en una servilleta o un algodón, o sumergiendo las semillas en agua. El primero de ellos es bastante simple, pero ofrece escaso control sobre el proceso y puede comportar grandes pérdidas. Básicamente consiste en enterrar la semilla en el sustrato húmedo, ya sea turba, coco, lana de roca o cualquier otro, y asegurarnos de mantener el nivel humedad sin saturarlo de agua, ya que cuando emerge la radícula un exceso de ella puede llevar a la plántula a la muerte. Presenta cómo inconveniente que sólo podremos saber si la semilla ha muerto después de mucho esperar, ya que una vez enterrada, le perderemos la pista hasta que veamos asomar los cotiledones. En condiciones normales, esto sucede a los 3, 4 o 5 días como mucho, pero las semillas viejas o mal conservadas pueden tardar más o no logarlo. El segundo método de germinación es el que todos aprendimos en la escuela. Se trata simplemente de poner las semillas dentro de una servilleta o algodón mojado, conservando la humedad y esperando a que brote la radícula. Este método es bastante sencillo ya que tan sólo tenemos que encargarnos de que la servilleta o el algodón no se sequen. Para ello es recomendable no dejar que le dé el aire, situando las semillas dentro de algún bote o tupper, o cubriendo la parte superior para evitar la evaporación. Por último, podemos optar por germinar las semillas por inmersión en agua. Esta práctica, aunque muy efectiva, requiere de cierta atención, ya que en cuanto emerge la radícula hay que sembrar para evitar que se pudra y favorecer la respiración y crecimiento de la plántula.
Escoger un método u otro es más bien cuestión de gustos. Muchos cultivadores se quedan con uno de ellos tras probarlos todos, y otros los van combinando según la ocasión. En cualquier caso, si cultivamos en exterior, hay que tener en cuenta que sembrar directamente en tierra no es nada recomendable. Por una parte, no podemos controlar la temperatura y el sol del mediodía o el frío de la noche podrían impedir la germinación y, por la otra, si la plántula no está bien protegida, cualquier animal podría comérsela. Con el método de la servilleta o algodón, tan sólo debemos preocuparnos de mantener la humedad y temperatura adecuadas. Y en lo que al método por inmersión se refiere, tan sólo debemos ocuparnos de usar un recipiente transparente que nos permita ver el estado de la semilla y mantener unas condiciones térmicas favorables. En cualquier caso, es de vital importancia utilizar agua mineral u osmotizada.
Cómo germinar semillas viejas o mal conservadas
Si hay dos elementos necesarios para la germinación, estos son el agua y el oxígeno. Para germinar semillas viejas o mal conservadas, tendremos que aportar un extra de ambos que facilite el proceso. Esto se consigue sumergiéndolas en una solución de agua con agua oxigenada hasta su eclosión en una proporción de unos 5 ml de agua oxigenada por cada 250 ml de agua. El proceso puede durar varios días en función del estado de las semillas. Normalmente se aconseja no tenerlas sumergidas en agua por más de 48 horas para evitar la putrefacción, pero si son demasiado viejas o están muy deterioradas pueden invertir algo más de tiempo. Para evitar que el agua se estanque hay que cambiar aproximadamente el 90 % de ella cada uno o dos días. Personalmente, he llegado a tener semillas en agua con este método hasta una semana, algunas de las cuales se han desarrollado posteriormente con éxito.
La siembra
El crecimiento, última parte del proceso de germinación durante la cual se desarrolla y brota la nueva plántula, tiene lugar a partir de la siembra. Una vez ha emergido la radícula, podemos optar por plantar nuestra semilla directamente en el medio definitivo o pasarla a un semillero con sustrato. La primera opción ofrece poco control sobre la semilla y está bastante desaconsejada, sobre todo en exterior. Aun así, si optamos por esta modalidad, debemos asegurarnos de que el sustrato esté siempre húmedo sin saturarlo de agua. Tampoco puede tener muchos nutrientes, ya que un exceso de sales podría quemar la semilla. Además, en el cultivo exterior, hay que colocar alguna barrera física que impida a los animales llegar a nuestra plántula, como una malla metálica o una tela mosquitera que dejen pasar la luz. Por otra parte, si optamos por sembrar en un semillero, es imprescindible emplear un sustrato sin abonar. Las pastillas de turba de coco prensadas son opción excelente y muy económica para este fin, aunque también podemos usar turba rubia, cubos de lana de roca u otro tipo de soporte. También con este método de siembra debemos procurar que el sustrato permanezca húmedo sin estar saturado de agua, para lo cual es fundamental que no quede sumergido ni encharcado. Si queremos conservar la humedad y mantener un ambiente agradable para nuestras plántulas, lo más aconsejable es cubrirlas con algún plástico que deje pasar la luz e impida la pérdida de agua por evaporación. Los invernaderos de tamaño reducido son ideales para la germinación, ya que suelen ofrecer la posibilidad de colocar el sustrato por encima de una capa de agua y llevan una cubierta de plástico que conserva la humedad. Además llevan aperturas para la circulación de aire, por lo que éste puede renovarse. Por último, es importante recordar que para el desarrollo de la plántula es necesaria una fuente de luz.
En resumen, el proceso de germinación, aunque bastante sencillo, es algo más complicado de lo que parece. Espero que te haya gustado el artículo y pueda serte de utilidad para empezar todos tus cultivos con buen pie. ¡Muy buenos humos!
Preguntas frecuentes sobre la germinación de semillas de cannabis (FAQ)
¿Qué es la germinación de una semilla de cannabis?
La germinación es el proceso biológico mediante el cual una semilla se activa, absorbe agua, reactiva su metabolismo y desarrolla la radícula, dando inicio al crecimiento de una nueva planta. Es la primera fase esencial del ciclo de cultivo.
¿Cuánto tiempo tarda en germinar una semilla de cannabis?
El tiempo de germinación suele oscilar entre 2 y 7 días, dependiendo de factores como la frescura de la semilla, la temperatura, la humedad y el método utilizado. En semillas viejas o mal conservadas, el proceso puede alargarse.
¿Cuáles son las fases del proceso de germinación?
La germinación de cannabis consta de tres fases:
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Imbibición: la semilla absorbe agua y se rehidrata.
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Germinación sensu stricto: el metabolismo se reactiva y aparece la radícula.
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Crecimiento: la plántula comienza a desarrollarse y se hace visible al ojo humano.
¿Qué factores influyen en la germinación de semillas de cannabis?
Los principales factores son:
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Humedad adecuada: imprescindible, pero sin excesos que impidan la respiración.
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Temperatura estable: en torno a los 24 ºC.
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Oxígeno suficiente: para que el embrión respire.
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Viabilidad de la semilla: que esté madura, fresca y bien conservada.
¿Cuál es el mejor método para germinar semillas de cannabis?
Existen tres métodos principales:
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En sustrato: directo en tierra o medio de cultivo, poco recomendable para principiantes.
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En servilleta o algodón húmedo: el más utilizado, fácil de controlar.
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Por inmersión en agua: rápido y eficaz, pero requiere sembrar en cuanto aparezca la radícula.
¿Cómo germinar semillas viejas o mal conservadas?
Se recomienda hidratarlas en una solución de agua con unas gotas de agua oxigenada (aprox. 5 ml por cada 250 ml de agua). Esto aumenta la oxigenación y ayuda a reactivar semillas debilitadas. Conviene cambiar el agua cada 24-48 horas.
¿Es recomendable germinar directamente en exterior?
No. En exterior la semilla queda expuesta a cambios bruscos de temperatura, humedad y ataques de animales. Es preferible germinar en interior (servilleta, algodón o agua) y trasplantar cuando aparezca la radícula.
¿Qué hacer después de la germinación?
Una vez aparece la radícula, la semilla debe sembrarse en un sustrato ligero, sin abonar y con humedad controlada. Lo ideal es usar semilleros o pastillas de turba/coco, mantener buena ventilación y aportar luz adecuada para el desarrollo de la plántula.
¿Qué tipo de agua se debe usar para germinar semillas de cannabis?
Es recomendable utilizar agua mineral o agua osmotizada, con baja conductividad eléctrica (EC). El agua del grifo con exceso de sales puede dificultar la germinación o dañar la semilla.
¿Cuáles son los errores más comunes en la germinación de cannabis?
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Exceso de humedad, que favorece la pudrición.
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Temperaturas inadecuadas (frías o demasiado altas).
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Falta de oxígeno en el agua o en el medio.
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Uso de sustratos abonados que queman la plántula.
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Descuidar la conservación de las semillas antes de germinar.
REFERENCIAS
- García, F. P., & Villamil, J. M. P. (2001). Viabilidad, vigor, longevidad y conservación de semillas. Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, Secretaria General de Estructuras. Disponible en http://bit.ly/2nLDNXA.
- Doria, Jessica. (2010). Generalidades sobre las semillas: su producción, conservación y almacenamiento. Cultivos Tropicales, 31(1), 00. Disponible en http://bit.ly/2mZ3mV4.
- Mari SH. (2016). Conservación y germinación de las semillas. Cannabis Magazine, 142, pp. 28-32 Disponible en http://bit.ly/2nEfGxh.