La marihuana entra en campaña

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El pasado mes de septiembre el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, visitó Canadá y a su impoluto primer ministro, Justin Trudeau. La cita entre los dos líderes, que además competían por ver quien era más campechano llevando calcetines de colores, terminó con las tradicionales preguntas de los periodistas. Entre ellas, una pareció sorprender a Sánchez: “¿Qué piensa sobre la legalización de la marihuana recreacional?”.

La cuestión no era una ocurrencia para hacer la gracia, sólo se cuestionaba a un alto cargo extranjero por una polémica local. Por entonces apenas quedaban unas semanas para que Canadá aprobara el consumo, cultivo y transporte de marihuana, convirtiéndose en el segundo Estado -tras Uruguay– en hacerlo. La respuesta de Sánchez no pudo ser más clara: “Tengo ya suficientes problemas. Ahora mismo no estoy en eso”.

En septiembre no estaba en eso, pero ahora llega la campaña para las generales, ha costado mucho meter ese colchón en los aposentos principales de Moncloa y cada voto cuenta, que una mudanza es algo muy molesto. Por eso el PSOE, como el resto de rivales, tiene una postura sobre la legalización de la marihuana.

En España el consumo, cultivo, posesión y compra de cannabis es ilegal, a no ser que se produzcan en el ámbito privado y sean sin ánimo de lucro. En esos casos no es legal, pero tampoco penalizable, en virtud de la Ley de Protección de la Seguridad Ciudadana del año 2015, conocida como Ley Mordaza, que complementa la Ley 17/1967 sobre estupefacientes.

La pena, en caso de que se plante marihuana con fines lucrativos, es de entre 1 y 6 años de cárcel, mientras que las multas van desde los 601 euros hasta los 10.400 para aquellos que tengan las plantas a la vista desde la calle, por aquello de la alevosía.

Por supuesto, hay excepciones y algunas aristas en la normativa, sobre todo en el ámbito medicinal. En ese campo hay un fármaco llamado Sativex que está hecho a base de cannabis y cuyo uso se autoriza para pacientes con dolencias como la esclerosis múltiple y siempre que lo autorice una Unidad del Dolor o un médico especialista ya que sólo se dispensa en hospitales.

Posturas dispares

En algún momento de la campaña electoral que acaba de comenzar (sí, lo de antes no era ni la campaña) saldrá el debate de la legalización de la marihuana. Los partidos políticos tienen una postura más o menos definida, que luego veremos si mantienen o no cuando los votos ya estén en las urnas.

Así, Ciudadanos y Podemos, pese a sus diferencias, son los más favorables a dar el sí a una normativa más laxa con los consumidores. Para el partido de Albert Rivera es “evidente que España necesita una nueva regulación para el cannabis, no podemos seguir mirando hacia otro lado”, explica un portavoz a El Independiente. “Somos el quinto país consumidor de la Unión Europea y es fundamental revisar nuestra leyes porque, evidentemente, no están funcionando”, dicen.

En cualquier caso, desde Cs explican que primero “se debe priorizar la regulación con fines terapéuticos” para luego “buscar el máximo consenso para despenalizar el cannabis en nuestro país” y critica que PP y PSOE “votaron en contra de nuestra iniciativa del año pasado para regular el consumo de marihuana con fines terapéuticos”.

Precisamente el partido comandado por Pablo Casado ha cambiado su postura respecto a entonces. “El PP está totalmente de acuerdo con el uso terapéutico de cualquier alcaloide, incluida la marihuana”, cuentan a este diario, advirtiendo de que “como cualquier medicamento, tiene que estar prescrito por un facultativo y dispensado en farmacias, como cualquier otro producto con fines medicinales”.

“Si es positivo para la salud, tiene que estar basado en evidencias científicas” advierten desde Génova aclarando, eso sí, que están “totalmente en contra del autoconsumo y del consumo generalizado de la marihuana”.

En cuanto a la formación morada, su paquete de propuestas recoge explícitamente la “despenalización del cultivo y tenencia del cannabis a nivel personal y colectivo”. El punto 128 de su programa también promete regular “la actividad de los clubes sociales de cannabis y establecer el rol del Estado en la garantía de la seguridad de los y las consumidores y en el control de producción, distribución y consumo”.

Los españoles, por su parte, lo tienen claro. Según el último CIS del año 2018, el 46% de los ciudadanos está a favor de legalizar la marihuana. Preguntados sobre si consideran adecuada su venta, la mitad opinaban que sí, una cifra que se eleva hasta el 60% de los encuestados que están entre los 18 y los 24 años. En caso del uso medicinal, el 82% de los españoles están a favor del aprovechamiento de las virtudes médicas del cannabis.

Un debate que no es nuevo

La legalización de la marihuana no es un asunto que haya nacido de la nada en esta campaña electoral. Podemos ya llevó al Congreso de los Diputados el tema sobre la autorización del consumo, alegando que “el debate no es si hay que regular, sino quién va a ser el siguiente y a quién va a beneficiar”, decía el líder morado, Pablo Iglesias.

Pedía entonces el secretario general de Podemos que sea el Estado el que de el paso para “acabar de forma eficaz con la lacra y el peligro que supone el narcotráfico” y de paso que se aprovecha una “oportunidad con grandes beneficios” también en el plano económico. “No hay nada de malo” en una regularización, alegaba.

Lo cierto es que el guante lanzado por Iglesias no lo recogió nadie. El PSOE se limitó a afirmar que la comisión de Sanidad del Congreso ha solicitado una ponencia para estudiar el caso, mientras que PP y Ciudadanos lanzaron palabras vacías pidiendo no abordar el debate con frivolidad. Vamos, lo que es ponerse de perfil.

Según el informe Proyecto Hombre 2017, el último que publica datos actualizados, en España el 12,6% de los menores de entre 15 y 17 años afirman consumir marihuana, mientras que el porcentaje desciende hasta el 5,5% en los mayores de 35 años.

Del mismo modo, el estudio de la fundación arroja que la edad en la que los españoles prueban su primer porro está en los 16,5 años, una edad que preocupa a los expertos y que cada vez es más temprana.

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