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Selección casera de una planta madre de marihuana: cómo elegir la mejor genética para tus clones

Cómo seleccionar una planta madre de cannabis

Aprende paso a paso cómo seleccionar una planta madre de cannabis en casa: qué materiales necesitas, qué criterios de selección aplicar y cómo identificar la genética más estable y productiva para tus futuros esquejes.

Si bien hay determinadas características del cannabis que valoramos como consumidores, como el sabor y efecto, a la hora de seleccionar una variedad para su posterior cultivo, debemos evaluar muchas otras cualidades. En el ámbito de la crianza cannábica está ampliamente aceptado que, para realizar una buena selección de parentales, es necesario cultivar un gran número de ejemplares y, aunque es algo completamente cierto, eso no significa que no se pueda llevar a cabo una selección más reducida a nivel casero con el objetivo de escoger una planta de la que obtener clones para nuestro autocultivo. En este artículo explicaré los criterios de selección que aplico en el proceso de elección de una planta madre, compartiendo un caso práctico en el que he empleado los elementos mínimos necesarios para el cultivo, intentando reducir los costes también al mínimo.

Tabla de contenidos

 

¿Qué necesitamos para seleccionar una planta madre?

Para llevar a cabo la selección de una planta madre necesitaremos un habitáculo para el crecimiento y otro para la floración, así como un lugar donde enraizar los esquejes. También necesitaremos los elementos mínimos para cada sala de cultivo, como un extractor, un foco, un ventilador, macetas, bandeja, sustrato, fertilizantes y por supuesto semillas. En mi caso he utilizado un armario de 1 m2 para la floración y uno de 1,20 m2 para el crecimiento. En cuanto a la iluminación, empleé un foco de 400 W de sodio para la floración, una bombilla CFL de 150 W para el crecimiento y luz solar para el enraizamiento de los esquejes. Los sustratos utilizados fueron arlita para el drenaje y una mezcla de turba, coco y perlita del tipo light mix como base. La selección se ha realizado en base a sólo dieciséis semillas de una variedad fast.

La elección de la variedad

Cuando se trata de seleccionar una planta madre, lo más recomendable es trabajar con alguna genética que hayamos cultivado anteriormente obteniendo buenos resultados. De esta forma ahorraremos tiempo y tendremos la certeza de que la variedad en cuestión cumple nuestras expectativas. En mi caso, ya la había cultivado en exterior y sabía que era rápida, resinosa y resistente a la sequía. También sabía que, posiblemente por ser un híbrido F1, presenta varios fenotipos. Cabe mencionar que las variedades fast son buenas para obtener clones para su posterior cultivo, pero no debemos cruzarlas si no queremos lidiar con el gen autofloreciente.

Proceso de selección

Aunque el número de ejemplares varía en función de cuánto queramos afinar la selección, en la elección de una planta madre a nivel casero, bastará con cultivar entre dieciséis y veinte plantas. Para poder valorar cuál es la mejor de todas, debemos llevarlas a floración y conservar una copia de cada una en estado vegetativo. Una vez hayamos escogido nuestra favorita, descartaremos el resto de copias. En función del tiempo que queramos invertir en la selección y de si queremos guardar o no la madre durante años, optaremos por mantener el ejemplar original y florecer unos esquejes, o bien, por reservar unos esquejes y florecer la planta de semilla. El primer caso es siempre el más aconsejable, ya que la planta original aguanta más tiempo. En el caso que nos ocupa, como el cultivo se inició a mediados de primavera en una sala sin climatizar, opté por florecer las plantas de semilla y conservar clones para evitar que la floración se desarrollase durante los meses de julio y agosto.

La opción de no climatizar la sala, además de permitirnos ahorrar energía, nos facilita en cierta forma el proceso de selección, ya que así podemos observar cómo responden las plantas al estrés por temperatura. Normalmente, en el autocultivo de cannabis, se intenta proporcionar los mejores cuidados, pero a la hora de seleccionar una planta madre, debemos forzar las condiciones ambientales para ver cómo responden los distintos ejemplares ante las adversidades y seleccionar así el mejor. Muchos cultivadores creen que lo más importante para seleccionar una planta madre es valorar el resultado final, pero lo cierto es que el proceso de selección empieza en los primeros días del cultivo.

Fase de crecimiento

Durante la etapa de desarrollo vegetativo debemos valorar aspectos como la capacidad de enraizamiento y crecimiento de las plantas, la tolerancia a la salinidad y resistencia a la sequía, la reacción ante el estrés por temperatura y la morfología de los distintos ejemplares.

En nuestro ejemplo práctico, las plantas estuvieron en crecimiento durante un período de 2 semanas y 5 días bajo el foco de 400 W de sodio. La temperatura de la sala no superó los 25 °C durante esta fase, ni bajó de los 17 °C con la bombilla apagada. En cuanto a la fertilización, durante la segunda semana regué con abono de crecimiento y estimulador, alcanzando una EC de 1,2 ms para ver cómo respondían ante el exceso de nitrógeno. En la tercera semana, justo antes de pasar a floración, subí la EC a 1,6 ms con la misma intención. También las sometí a un periodo de 5 días de sequía para ver cómo reaccionaban. Las dos más altas, como era de esperar, mostraron síntomas de deshidratación. De entre todas las plantas cultivadas, dos mostraron un crecimiento desmedido, así como una ligera tendencia a la sobrefertilización, y otras cuatro mostraron un desarrollo excesivamente lento, a la vez que una distancia internodal muy corta y poca ramificación, estructura que anticipaba un solo cogollo central.

La floración

Se trata de la etapa más importante del proceso de selección, ya que es en este periodo cuando las plantas muestran realmente su potencial. Durante la floración seguiremos valorando los aspectos anteriormente mencionados, incluida la capacidad de crecimiento, dado que algunas plantas pueden triplicar su altura al iniciar esta fase. Además, también debemos valorar aspectos como la capacidad productiva, el tiempo de maduración, la producción de resina y la tendencia el hermafroditismo. Para ello debemos seguir forzando las condiciones ambientales y observar cómo reaccionan las plantas.

En el cultivo mencionado, llevé a cabo una poda de las partes bajas justo al día siguiente de cambiar el fotoperiodo. De ésta se obtuve los esquejes para conservar la genética en estado vegetativo a la espera del resultado final de la selección. También practiqué un lavado de raíces para para limpiar el sustrato de posibles excesos de nitrógeno y, un par de días después, rellené las macetas con sustrato enriquecido con guano de murciélago. Durante​ las primeras semanas de floración, la temperatura se mantuvo en torno a los 25 °C con el foco encendido y alrededor de los 20 °C cuando estaba apagado. Conforme el desarrollo floral iba avanzando, la temperatura subió, como era de esperar, llegando alcanzar los 30 °C. Dado que a partir de ese punto calor empieza a ser bastante contraproducente, instalé un cooltube para lograr un ambiente más fresco, reduciendo así unos grados la temperatura del armario, que volvió a alcanzar los 30 °C a finales de floración. En lo referente a la aplicación de tratamientos fitosanitarios, realmente no fue necesaria, dado que intenté mantener en todo momento unas buenas condiciones aislamiento para impedir así la entrada de cualquier plaga. En cuanto los riegos, seguí añadiendo cantidades excesivas de abono al regar para ver cómo reaccionaban las plantas ante el estrés por exceso de nutrientes. En las dos primeras semanas de floración la EC era de 1,6 ms, aunque poco a poco fui aumentando las dosis de fertilizante hasta llegar a los 3,3 ms en la octava semana de floración. Sorprendentemente, sólo dos de ellas mostraron síntomas de exceso de nutrientes. Además, también las sometí a dos periodos de sequía e interrumpí la fase de oscuridad en tres ocasiones a lo largo de la floración para ver cómo reaccionaban al estrés lumínico.

Ante semejante ambiente, las plantas mostraron su estrés con uno de los rasgos más desagradables para el cultivador de interior: el hermafroditismo. Siete de las dieciséis plantas cultivadas desarrollaron flores macho. De estas siete plantas, acabé descartando seis porque su grado de hermafroditismo era muy alto, ya que encontré en ellas bastantes flores macho. Además, empezaron a mostrarlas durante la quinta semana de floración, cuando las condiciones del cultivo todavía eran relativamente buenas, ya que fueron empeorando conforme se acercaba el verano. Sé que otros cultivadores no son tan tolerantes con este rasgo y descartan cualquier ejemplar que muestre signos de intersexualidad pero, teniendo en cuenta el estrés al que fueron sometidas, no me parece extraña la formación de alguna flor masculina. De hecho, muchas de las variedades que se comercializan en la actualidad desarrollan flores macho bajo condiciones de estrés. No obstante, aunque siempre ha sido normal que determinadas líneas genéticas desarrollen alguna flor masculina aislada ante determinadas situaciones adversas, muchos cultivadores experimentados afirman que cada vez es más frecuente y desproporcionada la aparición del  hermafroditismo. Según los partidarios de esta hipótesis, esto se debe a que ha aumentado el uso de plantas feminizadas en los procesos de cría selectiva para la producción de semillas, siendo este incremento del hermafroditismo el resultado del cruce de varios ejemplares carentes de cromosoma Y durante múltiples generaciones. En este caso en concreto, quedé bastante descontenta porque la tendencia al hermafroditismo de esta variedad fast fue muy alta: casi el 50 % de los ejemplares cultivados expresaron este rasgo. A pesar de las condiciones de estrés, ya había realizado este tipo de pruebas con anterioridad empleando otras variedades y, aunque  a veces es normal la presencia aislada de una flor masculina, el porcentaje en esta genética en concreto fue altísimo.

Como decía al principio del artículo, para ahorrarnos determinados rasgos como un alto porcentaje de hermafroditismo, lo más recomendable trabajar sobre alguna variedad​ ya conocida. En este caso, aunque había cultivado anteriormente esta variedad en exterior, admito que no conocía demasiado bien la genética. También había cultivado en indoor la variedad original, es decir, el ascendente fotodependiente, pero era bastante más estable que la versión fast, que mostró varios fenotipos, siendo uno ellos bastante parecido a la variedad original.

Finalmente, descarté seis plantas por hermafroditismo; otras dos por crecer demasiado ​una vez iniciada la floración, tener una ligera tendencia a la sobrefertilización y ser la últimas en madurar y una última que sufrió botrytis cuando la humedad relativa estaba en torno al 50 %. Es decir, de las dieciséis plantas que había por seleccionar en origen, durante la fase de cultivo el número de ejemplares se ha ido reduciendo hasta llegar a los siete. Estos serán los que se valorarán cuando esté seca la marihuana.

Una​ vez tengamos lista la cosecha, podremos valorar las cualidades organolépticas y confirmar otras, como la producción de resina o el peso total que arroja cada planta. De esta forma, tendremos casi toda la información del cultivo de una variedad en concreto, conociendo sus puntos débiles. Y digo casi toda porque no podemos conocer el grado de resistencia a una plaga o enfermedad a menos que la suframos. Sin embargo, es obvio que nadie quiere tener una plaga en su sala de cultivo, ya que algunas son realmente difíciles de eliminar y las podemos sufrir durante varios ciclos de cultivo si se instalan en nuestro indoor. Si aun así queremos probar su resistencia por alguna razón, lo  más recomendable para ello es cultivar unos esquejes en exterior, dándoles una malas condiciones de riego y fertilización, ya sea por carencia o por exceso, para ver qué plagas les atacan y cuál es el ejemplar que mejor resiste.

En resumen, a la hora de escoger una planta madre de marihuana, no solo debemos tener en cuenta su efecto, olor y sabor, sino que el proceso de selección empieza en los primeros días de cultivo. Para valorar determinados aspectos de las plantas como su morfología, capacidad productiva, tolerancia a los excesos de nutrientes y a otros tipos de estrés o su tendencia al hermafroditismo es necesario cultivarlas, ya que no hay otra forma de conocer esto aspectos de la planta.

Espero que te haya gustado el artículo y sea útil en la selección de tus plantas madre. ¡Muy buenos humos!

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