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Selección de plantas madre de cannabis

Pongamos a prueba nuestra agudeza visual, y vamos a ver cómo seleccionar una planta madre. ¿Qué rasgos son los que generalmente tenemos que tener en cuenta a la hora de seleccionar ejemplares?

Por Fabini De Caprius

Cada día que pasa hace más frío y la temporada de exterior llega a su fin. Ahora estamos curando nuestra preciada yerba y muchos aprovechan para encender sus cuartos de cultivo. Este momento es ideal para seleccionar las plantas madres que nos acompañarán el resto del año.

Un buen proceso de selección requiere esfuerzo, dedicación y observación. No basta con plantar cierto número de semillas y seleccionar la que más nos guste (que es un criterio), ya que quizás no demos con todos los rasgos deseados. ¿De qué serviría una planta que produce mucha flor pero su sistema radicular es débil?

Para poder hacer una selección de plantas madre simplemente tendremos que utilizar semillas en nuestros cultivos. Muchos cultivadores, por claras o ineludibles razones de tiempo y espacio, prefieren hacerse con esquejes previamente seleccionados por otra persona, perdiéndose así toda la experiencia de la elección de madres. De todas formas, para aquellos que deseen seleccionar su propia planta madre, estos consejos les serán de utilidad a la hora de emprender esta tarea.

El proceso de selección de una planta madre no comienza cuando la hemos probado. En cualquier caso, éste es el último paso. Cuando compramos las semillas en nuestro establecimiento habitual, la planta ya ha pasado por la primera fase del proceso de selección: los bancos comprueban que sus semillas estén maduras y que su tamaño y color sean adecuados. Esta primera selección hace que lleguen a nuestras manos semillas con un potencial genético visible. A nadie se le ocurriría comprar un paquete de semillas donde todas sean de color blanquecino y tamaño “mini”.

Así que a nosotros nos queda abrir el paquete y comenzar la germanización. La segunda fase del proceso de selección comienza con la eclosión de la semilla. A mi parecer, el mejor método de germinado es mediante inmersión, ya que enseguida se ve asomar la primera raíz. Es evidente que una semilla con una raíz más larga que otra, muestra su vigorosidad. Así que, a la hora de realizar el trasplante, sería oportuno anotar las plantas que mejor sistema de raíces han desarrollado. Posteriormente podrás comprobar que los mejores ejemplares se corresponden con las semillas marcadas como más vigorosas. Siempre puede haber una excepción, pero un sistema de raíces fuerte y robusto se suele traducir en una planta sana y productiva. Hay que tener en cuenta que un sistema radicular débil limitará la absorción de nutrientes y el desarrollo de la planta.

Tras tres o cuatro semanas las plantas se encuentran totalmente formadas: su sistema de raíces ha desarrollado todas las funciones, los tallos se han estirado y creado ramificaciones y las hojas ya se forman en su totalidad de folíolos. En este momento, el cultivador suele enumerar cada planta madre y sacar unos clones de cada una respetando dicha numeración. Es el momento de comenzar con nuestra tercera fase de la selección. Uno de los factores a observar en esta fase es la distancia internodal. Aunque cada cultivador tiene sus preferencias, una buena madre debe tener nudos cada 3 o 4 centímetros. Esto hará mucho más sencilla nuestra tarea de esquejado. Además, una planta con esta característica será una planta bien poblada de flores. Al fin y al cabo, buscamos unas buenas flores, ¿no?

Otro factor de observación de gran importancia es el color de las hojas. Si todas las plantas han recibido las mismas condiciones climáticas, deberían ser todas iguales, o cuanto menos, mostrar el mismo verdor. Por este motivo, aquellas plantas que muestren algún tipo de carencia (suponiendo que están en buenas condiciones y no es un asunto generalizado), están indicando un problema en su sistema de raíces. Una planta que no absorba los nutrientes correctamente, será poco productiva y puede traer problemas a lo largo de nuestro cultivo. Recordad que lo que estamos buscando es un ejemplar que nos sirva para el resto de la temporada, así que minimizar problemas es el criterio principal a la hora de hacer nuestra selección. Por esa razón, es fundamental observar atentamente durante la etapa de crecimiento.

¿Mi cultivo es de grandes dimensiones? Esta pregunta es muy importante, ya que si disponemos de un espacio limitado o vamos a utilizar un sistema de cultivo exhaustivo como podría ser un SOG, será mejor seleccionar ejemplares de crecimiento más bien uniforme, con una distancia internodal regular. Quizás, si lo que queremos es cultivar en un sistema SCROG, lo mejor será seleccionar ejemplares que crezcan un poco más, ya que nos acortará el tiempo entre podas y, por tanto, el tiempo total del cultivo. Estos datos los obtendremos observando el crecimiento de cada ejemplar.

Realizar clones de cada planta no sólo sirve para tener una copia genéticamente idéntica, sino también para observar el proceso de esquejado. Se trata de nuestra cuarta fase de selección. Nos interesa una madre de crecimiento vigoroso que produzca buenos esquejes, pero también nos interesa que los clones enraícen adecuadamente. Muchos clones no resisten bien las altas humedades relativas y desarrollan hongos que acaban ellos. Motivo por el cual hay que observar atentamente qué plantas son las que mejor aceptan el esquejado, ya que esta fase es de mucho estrés para la planta y no todos los genotipos son aptos para ello. Un esqueje que se pudra fácilmente o tarde mucho en enraizar demuestra que esa planta no es apta para su clonado, así que será mejor no elegirla y tener en cuenta que posteriormente puede ser un problema.

Sólo en el periodo de crecimiento, hemos podido llevar a cabo cuatro fases de observación selectiva de nuestra planta madre. Obviamente estas observaciones son más bien genéricas y cada cultivador tiene que observar y seleccionar según las necesidades de su cultivo.

Normalmente, un poco antes de las dos semanas de haber pasado a doce horas de fotoperiodo, nuestras plantas muestran un cambio en su estructura: la distancia internodal se acorta, el tallo se hace más robusto, la disposición de las ramas comienza a mostrarnos como irán colocadas las flores y también se muestran las preflores. Si hemos escogido unas semillas regulares, en este momento podemos ir descartando los machos y, ya en nuestra quinta fase de selección, aprovecharemos también para observar los tallos y ver qué plantas se están preparando para crear unas flores más voluminosas, siendo éstas las de tallos más gruesos.

A mitad de la floración, aquellas plantas que no hayan reaccionado correctamente al cambio de ciclo, mostrarán otra vez carencias, y en algunos casos, hasta deformidades. Esta sexta fase de observación sólo se podrá llevar a cabo si las carencias no son generalizadas en el cultivo, tal como ocurría en la tercera. Una planta que no esté absorbiendo correctamente los alimentos, será poco productiva y probablemente sería la primera en caer ante una plaga. Un ejemplar sano debe mostrar un color verde homogéneo, sin manchas de ningún tipo. Así que, llegados a este punto del cultivo, tenemos muchos datos y las ideas nos van quedando mucho más claras.

Una vez se haya completado el ciclo de la planta, podremos pasar a la séptima fase de observación. En este momento la producción de resina ha llegado a su punto máximo, y a partir de aquí, comienza a degradar. Así que ya habremos podido observar las diferencias entre las plantas, al tiempo que podemos ver cuáles han producido más. Normalmente, las plantas que dan flores más grandes suelen ser menos resinosas, y viceversa. Así que, dentro de los gustos y necesidades de cada cultivador, podemos escoger aquellos ejemplares que en la relación entre su tamaño de flores y su cantidad de resina estén más compensados. ¿De qué sirve una planta que produce mucho pero coloca muy poco? ¿Y una planta que coloca muchísimo pero no produce apenas flores? Estas preguntas tenemos que hacérnoslas a nosotros mismos para poder escoger correctamente. Otro dato importante que podemos obtener en esta fase de observación es el tiempo que ha tardado cada planta en terminar su floración. Algunas tardarán menos que otras y hay que recordar que un menor tiempo de floración se traduce en menos problemas y en poder hacer más cultivos, si es que lo necesitas. Así que pregúntate: ¿Qué prefiero: una planta muy temprana  o una que tarde un poco más pero con mejor aroma?

Si ha habido alguna plaga en nuestro cultivo, podremos ver qué planta ha sido la más afectada, pudiendo ser descartada y así evitar ejemplares débiles que traigan problemas en un futuro.

Las variedades que normalmente adquirimos no son transgénicas, sino que son el resultado de una ardua selección de individuos cruzados entre ellos para conseguir una homogeneidad. Esto significa que intentan crear una variedad estable, en que los ejemplares se parezcan entre sí en el mayor número posible. No obstante, al ser un proceso es natural, no se pueden controlar todos los genes individualmente. Es por esta razón vamos a encontrar distintos genotipos: plantas que aún siendo la misma variedad, tienen claras diferencias genéticas. Estas diferencias no siempre se hacen visibles, sino que solamente mostrarán algún fenotipo. Así que tenemos que tener en cuenta, si es que nuestras condiciones no son las idóneas al cien por cien, que quizás la selección que estamos haciendo solamente sea válida para nuestro medio de cultivo. Aunque esta es una carta que podemos jugar a nuestro favor, ya que siempre preferiremos un fenotipo acorde a nuestras necesidades ante uno que nos traiga problemas o simplemente no nos guste.

Por último, nos queda la octava fase de nuestra selección, que realizaremos una vez hayamos cortado y secado las flores. El principal motivo que nos empuja a asumir los riesgos y responsabilidades asociados al autocultivo es el poder disfrutar luego de nuestras flores y, por supuesto, una flor cuyo aroma nos agrade tanto en la planta, como en la caja de curado y en el humo, es una planta que tiene todas las de ganar. Así que, amigos, esta parte es la más divertida de todo el proceso: debemos empezar a catar nuestras flores para saber qué cualidades tiene cada una. En mi caso, prefiero una planta que dé un zumbido cerebral al principio y siga con un efecto sedante. Pero, como dijo alguien alguna vez, el libro de los gustos aún no ha sido escrito. ¿Y tú,  cuál prefieres?

Si has ido tomado nota de todas las observaciones a lo largo del cultivo, seguramente ya habías decidido cuáles son las favoritas incluso antes de comenzar el lixiviado, así que la elección se reduce a unos pocos ejemplares.

Esta guía es un índice básico que te ayudará a seleccionar tu planta madre de una forma más sencilla. Recuerda que, desde el primer día de cultivo hasta el último, se debe observar la evolución de la planta.  La agudeza visual es muy importante a la hora de hacer esta selección, pero con el tiempo y la experiencia se va perfeccionando la técnica. Y aunque muchas veces se haga difícil elegir entre un ejemplar u otro, poco a poco será mucho más sencillo llevar a cabo esta tarea. Como ya he dicho antes “cada maestrillo tiene su librillo”, así que está en tus manos el seguir seleccionando plantas madre cada temporada y mejorar tus habilidades en la elección de ejemplares.

Personalmente, este es un tema que me apasiona. Hace un tiempo tenía una enorme sala donde conservaba en fase vegetativa más de treinta y cinco variedades, todas ellas fruto de mis propias selecciones. Fue de esa forma como aprendí el potencial que encierra dentro de sí una semilla y las sorpresas que nos puede dar. No hay un manual exacto para escoger la mejor planta madre ya que, como he explicado en párrafos anteriores, tienen una gran influencia sobre la decisión final las necesidades de cada cultivador, el medio de cultivo y hasta la suerte que se tenga. En algunos casos, nace un ejemplar que no se repite (o es muy difícil de encontrar), que tiene cualidades únicas, pero esa es una sorpresa que sólo descubren aquellos que se adentran en el mundo de la selección genética.

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