El Cultivador

27 actualidad cannábica Alemania ha convertido el “modelo club” en un marco estatal con licencias, límites y obligaciones de cumplimiento 1) Un cambio global, pero a ritmos distintos El debate mundial sobre cannabis ya no gira solo en torno a “prohibir o permitir”, sino sobre cómo ordenar un fenómeno persistente sin aumentar daños y sin regalar el control al mercado ilícito. En Europa, el cannabis sigue siendo la droga ilícita más consumida y la que genera más infracciones relacionadas con legislación de drogas, lo que explica por qué los gobiernos están revisando enfoques que, en muchos casos, no han reducido ni el consumo ni el negocio ilegal de forma significativa. A la vez, hay un motor económico evidente: la cadena de valor del cannabis (cultivo, procesado, distribución, laboratorio, compliance, tecnología agrícola, logística, investigación) ya existe en todo el mundo, legal o informalmente. Cada país está decidiendo si quiere capturar parte de ese valor en forma de empleo formal, fiscalidad y estándares sanitarios, o si prefiere seguir gastando la mayor parte del presupuesto en persecución y externalidades. Europa tiene además un condicionante extra: la arquitectura jurídica supranacional y los compromisos internacionales. La agencia europea (EMCDDA, hoy EUDA) subraya que las convenciones de la ONU establecen un marco global de control, aunque los países mantienen cierto margen interpretativo y han surgido modelos diversos (desde clubes sociales hasta ventas comerciales o programas piloto) que intentan compatibilizar cambios internos con obligaciones externas. En otras palabras: la tendencia existe, pero no es lineal. Y eso es importante para leer la “actualidad” con realismo, porque en cannabis hay avances, retrocesos y rediseños en ciclos cortos. 2) Américas: del “laboratorio” al estándar Si hay una región que ha funcionado como laboratorio regulatorio, es América. Allí conviven tres grandes vías: legalización nacional del uso adulto, legalización subnacional (estados/provincias) con choque federal, y expansión medicinal con distintos niveles de acceso. Canadá sigue siendo el gran ejemplo de legalización nacional con objetivos explícitos de salud pública y reducción del mercado ilícito. El propio texto del Cannabis Act establece como propósitos proteger la salud pública y la seguridad, restringir el acceso de jóvenes, crear un suministro con control de calidad y “proveer producción lícita para reducir actividades ilícitas”, además de reducir carga del sistema penal. Ese detalle es relevante para Europa: Canadá no vendió su ley como “pro-cannabis”, sino como

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