28 actualidad cannábica una política de orden público con objetivos medibles (y eso hace que el debate sea más resistente a vaivenes morales). Estados Unidos es un caso singular por su dualidad: avances estatales con una clasificación federal históricamente restrictiva. En la práctica, la “industria” y el “mercado” existen a gran escala, pero su encaje federal determina banca, impuestos, investigación y comercio interestatal, por lo que cualquier movimiento en Washington tiene un efecto dominó global. Uruguay aparece con frecuencia en los informes europeos como un pionero del uso adulto legal a nivel nacional desde 2012, y suele citarse como referencia por su enfoque de control estatal y trazabilidad. Aunque los detalles del modelo uruguayo merecerían un texto aparte, lo crucial para el análisis internacional es que demuestra que un país puede elegir un esquema menos comercial y más controlado, lo que interesa especialmente a gobiernos con sensibilidad de salud pública. En América Latina, el mapa es variado y políticamente volátil: hay avances, judicializaciones y reformas parciales, pero no un “bloque” uniforme. Para España y la UE, lo útil de mirar esa región no es copiar modelos, sino entender un patrón: cuando la ley no encaja con la realidad social, aparece el terreno fértil para soluciones híbridas (tolerancias, descriminalización selectiva, permisos médicos acotados) que, con el tiempo, presionan hacia una regulación más completa. 3) Europa: clubes, pilotos y tolerancia (todavía) Europa no ha “legalizado” en bloque, pero se mueve. Y lo hace a su manera: con una preferencia por modelos prudentes, escalonados y con mucha sensibilidad a menores, publicidad, orden público y encaje con tratados. Un dato de base explica por qué la discusión no desaparece: EUDA estima que más del 27 % de los adultos de la UE (15–64) han consumido cannabis alguna vez y que, en 2020, el cannabis concentró más de tres cuartas partes de las infracciones por posesión/uso cuando se conocía la sustancia (aprox. 642.000). Ese volumen de “fricción legal” convierte el cannabis en un tema de política criminal y administrativa, no solo de cultura juvenil. Dentro de Europa, hay varios países “faro” por distintos motivos: · Malta: EUDA recoge que en diciembre de 2021 aprobó una ley que permite el cultivo limitado en casa, clubes de cultivo sin ánimo de lucro registrados y el uso en domicilios privados, además de crear una autoridad para coordinar la implementación. · Países Bajos: EUDA recuerda el modelo histórico de tolerancia de coffeeshops (ventas toleradas, suministro en la sombra) y destaca el desarrollo reciente del “closed coffeeshop supply circuit”, un piloto para evaluar una cadena de suministro con control de calidad hacia coffeeshops y medir efectos sobre crimen, seguridad, molestias y salud pública. · Suiza: EUDA señala que inició ensayos piloto de ventas legales en 2023, en el marco Malta abrió la puerta europea al uso adulto privado con cultivo doméstico y clubes registrados, bajo una autoridad de implementación de experimentos regulados para estudiar impactos con datos. · Luxemburgo y Chequia: aparecen en el mismo informe como países que han anunciado planes de regulación (Luxemburgo con foco en permitir autocultivo; Chequia con intención declarada de un sistema regulado y gravado), aunque con calendarios y diseños sujetos a negociación política. · Alemania: su reforma ha sido de las más influyentes para el debate europeo reciente, por tamaño, por simbolismo y por el “modelo club”. En el caso alemán, fuentes jurídicas de referencia describen un esquema en dos pilares: desde julio de 2024 se contemplan Cannabis Social Clubs como asociaciones/cooperativas registradas, no comerciales, autorizadas para cultivo y distribución a miembros, con licencia, tope de 500 miembros adultos y límites de entrega (por ejemplo, máximo 25 g/día y 50 g/mes por miembro) junto a reglas de cumplimiento.
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