El Cultivador

56 activismo También fija un marco de control: define THC y CBD, y establece que los preparados estandarizados con THC igual o superior al 0,2 % en peso se consideran psicótropos y quedan sometidos a medidas de control específicas. En paralelo, la discusión política sobre regulación no es nueva. Desde el ámbito institucional, el Plan Nacional sobre Drogas documenta que en octubre de 2021 se constituyó una Subcomisión del Congreso para analizar experiencias de regulación del cannabis medicinal (expediente 154/11), cuyo informe final se publicó en el BOCG en julio de 2022.​ Ese mismo compendio institucional recoge iniciativas y debates parlamentarios posteriores, incluyendo la toma en consideración en febrero de 2023 de una Proposición de Ley de Regulación Integral del Cannabis presentada por el Grupo Parlamentario Republicano, que fue rechazada.​ ¿Y qué significa esto “en la calle”? Que conviven tres realidades: (1) un acceso medicinal incipiente, centrado en entorno hospitalario y fórmulas magistrales; (2) un consumo adulto extendido, con una respuesta legal que muchas personas perciben como incoherente; y (3) un ecosistema económico ya existente (CBD, grow shops, ferias, marcas, genética, servicios) que opera con incertidumbre y fricción regulatoria. Por qué regular ya La regulación importa por tres grandes razones: seguridad jurídica, justicia social y economía. Y el activismo cannábico efectivo suele ser el que conecta esas tres, porque así habla a públicos distintos: quien no se conmueve por derechos quizá lo haga por recaudación; quien no se mueve por economía quizá lo haga por salud; quien no entra por salud quizá lo haga por libertades civiles. En lo legal, la ausencia de un marco claro no elimina el fenómeno: lo traslada a espacios informales donde el ciudadano queda expuesto a arbitrariedad, y el Estado renuncia a herramientas de control (calidad, etiquetado, límites de edad, publicidad, prevención focalizada). La “zona gris” produce un resultado paradójico: mucha gente consume, pero casi nadie está protegido por un estándar estable. En justicia social, regular no significa “banalizar”, sino escoger dónde ponemos el peso del castigo y dónde ponemos el peso de la protección. En un modelo prohibicionista, el riesgo no se distribuye de forma neutral: lo paga más quien tiene menos recursos, menos red y menos capacidad de defenderse. Además, la prohibición crea un lenguaje público que estigmatiza; y el estigma es un problema sanitario en sí mismo, porque aleja a quien necesita ayuda y normaliza el silencio. En economía, la regulación es una decisión industrial y fiscal, no solo penal. Hay estimaciones del sector que apuntan a que el mercado legal del cannabis en España —sumando segmentos como grow shops, CBD y cannabis medicinal— ya mueve cientos de millones, pese a la inseguridad jurídica.​ Un informe citado en prensa económica señala ingresos legales por encima de 500 millones al año y sitúa el empleo asociado en torno a varios miles de puestos, junto con aportaciones a Hacienda y Seguridad Social del orden de más de 130 millones anuales, atribuido a datos de Canna Monitor.​ Y cuando un mercado legal existe “a medias”, la pérdida no es solo recaudatoria: es pérdida de competitividad, porque se frena inversión, se encarece el cumplimiento y se desincentiva la profesionalización. Aquí hay un punto clave para el activismo: la regulación no es un regalo al sector; es una herramienta del Estado para ordenar una actividad que ya ocurre. Si se diseña bien, permite (1) desplazar cuota del mercado ilícito hacia circuitos trazables, (2) financiar prevención y reducción de riesgos, (3) abrir investigación y ensayos, (4) crear empleo formal y (5) mejorar la calidad y la información al consumidor adulto. El caso medicinal ilustra la lógica: el Real Decreto 903/2025 insiste en asegurar calidad, reproducibilidad y dosificación más predecible mediante preparados estandarizados registrados, y encuadra su uso dentro de prescripción médica especializada, con documentación clínica y seguimiento. Esa arquitectura —calidad, trazabilidad, control y farmacovigilancia— es exactamente el tipo de “columna vertebral” que un país puede adaptar después al uso adulto si decide regularlo: no para abrir la puerta sin reglas, sino para abrirla con bisagras fuertes. Cómo se cambia una ley El activismo cannábico, cuando funciona, es menos épica y más método. Requiere estrategia de coalición, comunicación pública madura y El cannabis medicinal ya tiene un marco en España: fórmulas magistrales estandarizadas, registro en AEMPS, prescripción especializada y dispensación hospitalaria

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