8 noticias Ayuso frena la farmacia y los pacientes responden: “No es droga, es tratamiento” Para los pacientes que esperan el acceso al cannabis medicinal, el debate sobre dónde se dispensa no es un detalle: marca la diferencia entre un sistema viable y otro que, en la práctica, sigue siendo una barrera. La controversia estalla en Madrid después de que Isabel Díaz Ayuso rechazara que estos preparados puedan entregarse en farmacias comunitarias y lo asociara a un “disparate” de “vidas destartaladas y exclusión”, una comparación que las organizaciones de pacientes consideran estigmatizante y dañina. El choque llega tras un anuncio del secretario de Estado de Sanidad, Javier Padilla, sobre la posibilidad de ampliar la dispensación a farmacias “de la calle” además de las farmacias hospitalarias, que son las únicas autorizadas actualmente. Según el enfoque que defienden los pacientes, acercar la dispensación a la red de farmacias comunitarias reduciría desplazamientos y trabas logísticas para personas con patologías como dolor crónico, espasticidad por esclerosis múltiple, epilepsias graves o náuseas y vómitos asociados a quimioterapia. Ayuso reaccionó en X vinculando esa ampliación con una normalización que —según su mensaje— llevaría al “disparate” visto “en las calles de medio mundo”, con “abandono y exclusión”, y deslizando una comparación indirecta con la crisis de los opioides en Estados Unidos. Un día después, el rechazo se reforzó desde la Consejería de Sanidad madrileña: Fátima Matute dijo oponerse a que se “frivolice” el cannabis medicinal, lo presentó como posible puerta de entrada a otras sustancias y mezcló de nuevo el plano terapéutico con el recreativo, lo que aumentó el malestar entre quienes reclaman un marco sanitario claro y sin alarmismo. Carola Pérez, fundadora del Observatorio Español del Cannabis Medicinal, respondió con dureza y calificó la postura de Ayuso de “cruel”, acusándola de confundir a la opinión pública y “asustar a la gente”. Su argumento central es que hablar de dispensación en farmacias no implica descontrol: se trataría de preparados con prescripción médica y circuitos profesionales, igual que ocurre con otros fármacos sujetos a receta. Para ilustrarlo, recurre a una comparación directa: nadie sale de una farmacia con cajas ilimitadas de opioides como oxicodona, y poner en duda esa lógica equivale —dice— a cuestionar la profesionalidad de los farmacéuticos y a convertir un asunto de medicina en un debate de “drogas”. La fotografía final es la de dos marcos enfrentados: pacientes y defensores de la dispensación farmacéutica, que hablan de acceso real, control y dignidad, frente a responsables políticos y sectores policiales/municipales que advierten de riesgos sociales si el circuito se “normaliza”. Y mientras el debate se endurece en redes, los pacientes insisten en que para quien convive con dolor, espasticidad o los efectos de la quimioterapia, esto no va de teoría: va de recetas, tiempos y trayectos.
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