El Cultivador

37 historia El cáñamo fue una tecnología vegetal: una materia prima que unía campo, taller, puerto y mesa como alimento y como base para la obtención de aceite. En términos históricos, eso significaba que el cannabis ofrecía algo raro: no solo vestía y ataba, sino que también nutría. Ese carácter multipropósito ayuda a explicar su difusión geográfica. Britannica resume que el cáñamo fue introducido en Chile en el siglo XVI y, un siglo más tarde, en Norteamérica, prueba de que los poderes coloniales consideraban útil trasladar el cultivo allí donde necesitaban reproducir sus infraestructuras textiles y navales. Las plantas viajan con las personas, pero ciertas plantas viajan porque son demasiado valiosas como para dejarlas atrás. Por eso, cuando se habla de la importancia del cannabis antes de la prohibición, conviene no pensar solo en consumo, sino en dependencia material. Durante siglos, el cáñamo fue una tecnología vegetal: una materia prima que unía campo, taller, puerto y mesa, y cuya relevancia no dependía de la excepcionalidad, sino precisamente de su normalidad. Ritos y humo Esa normalidad material no excluía otra dimensión más cargada de prestigio, simbolismo o alteración de la conciencia. Una de las referencias clásicas más citadas es la de Heródoto, que describió a los escitas entrando en recintos cerrados con mantas de lana, arrojando cannabis sobre piedras al rojo y disfrutando del vapor resultante tras un funeral. Durante mucho tiempo, esa noticia fue leída con cautela porque las fuentes literarias antiguas pueden exagerar o malinterpretar prácticas ajenas, pero la arqueología reciente ha fortalecido de forma notable su credibilidad. El ejemplo más sólido procede del cementerio de Jirzankal, en el este de los Pamirs. Un estudio publicado en Science Advances presentó análisis químicos de residuos hallados en braseros de madera y concluyó que allí se quemó cannabis durante ceremonias funerarias hacia el 500 a. C., lo que constituye una de las evidencias directas y científicamente verificadas más tempranas del uso ritual del cannabis fumado. La importancia de este hallazgo es enorme porque desplaza el debate del terreno de la mera conjetura textual al de la prueba material: ya no se trata solo de que alguien dijera que ciertos pueblos inhalaban humo de cannabis, sino de que ese humo dejó una firma química reconocible en objetos arqueológicos datados. La revisión del NIH aporta además otro episodio significativo: la excavación, cerca de las Montañas Flameantes en Xinjiang, de la tumba de un varón de alto estatus, probablemente un chamán, enterrado hacia el 750 a. C. con una gran cantidad de cannabis cultivado y de alto contenido en THC. Según esa síntesis, los análisis botánicos y fitoquímicos indicaron que no sustancia de consumo, aunque con un repertorio de usos todavía más amplio. El cáñamo proporcionó materiales resistentes para cordelería, hilo, cuerda, cable, lonas y tejidos bastos, y también se empleó en papel y en productos derivados de sus semillas, de modo que su presencia se dejó sentir tanto en la vida doméstica como en la navegación, el transporte y ciertos oficios especializados. Si hoy el debate público suele reducir el cannabis a su dimensión psicoactiva, el registro histórico obliga a recordar que durante la mayor parte de su trayectoria humana fue, ante todo, una planta de trabajo. La civilización del cáñamo Britannica sitúa el cultivo del cáñamo para fibra en China al menos desde 2800 a. C., y añade que ya se practicaba en los países mediterráneos de Europa en la era cristiana temprana, expandiéndose luego por el resto del continente durante la Edad Media. Esa cronología muestra que no hablamos de un cultivo episódico, sino de una tradición agrícola de larguísima duración, capaz de atravesar imperios, religiones y sistemas económicos sin perder relevancia. Allí donde hubo barcos, redes, sacos, correajes, ataduras, lienzos resistentes o necesidades de almacenamiento y transporte, el cáñamo encontró una función estable. La fortaleza de su fibra explica buena parte de ese éxito. Según Britannica, el cáñamo se utilizó para cordajes como cuerda, cordel, hilo y cable, además de tejidos bastos y lona, y esas aplicaciones no eran menores en sociedades que dependían de la navegación, de la tracción animal, de la carga manual y de tecnologías aún basadas en materiales naturales. Antes del acero inoxidable, del nailon y de los polímeros sintéticos, la resistencia vegetal era una cuestión económica y, en ciertos contextos, también militar y marítima. No menos importante fue el papel alimentario de la planta. Britannica recuerda que las semillas comestibles de cáñamo contienen alrededor de un 30% de aceite y son fuente de proteína, fibra y magnesio, mientras que la revisión histórica del NIH señala que las semillas servían

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