El Cultivador

39 historia Unidas, que lo colocó bajo un régimen de control muy estricto. La propia UNODC explica que esa Convención de 1961 integró medidas previas, extendió el control al cannabis y limitó la posesión y el uso de estupefacientes a fines médicos y científicos. Con esa reorganización jurídica, una planta que durante milenios había sido fibra, alimento, aceite, remedio y, en ciertos casos, vehículo ritual, pasó a ser leída sobre todo como objeto de vigilancia. La ley no inventó el cannabis, pero sí redujo drásticamente el marco desde el que se lo interpretaba, eclipsando su espesor histórico bajo una categoría penal y administrativa. Por eso resulta tan importante estudiar el periodo anterior a la prohibición: no para idealizarlo, sino para recordar que la historia real del cannabis es mucho más amplia que la historia de su persecución. Dicho de otro modo, antes de ser un “problema de drogas”, el cannabis fue una solución material y cultural para sociedades muy distintas. Fue cuerda y semilla, tejido y aceite, humo funerario y preparado médico, cultivo ordinario y planta investida de significados extraordinarios según el contexto. Entender eso no obliga a romantizar la planta ni a negar sus riesgos modernos; obliga, simplemente, a devolverle la complejidad histórica que la prohibición simplificó. Durante siglos, su valor nació de una combinación poco común: servía para hacer cosas, para curar cosas y, en determinados entornos, para significar cosas

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