56 activismo herramienta de recaudación estatal que se alimenta de la estigmatización y la criminalización de un hábito privado. La incongruencia es manifiesta cuando observamos que el consumo de sustancias mucho más perjudiciales, como el alcohol, goza de plena aceptación e impulso cultural. La sociedad española, sin embargo, avanza mucho más rápido que sus representantes políticos en el Congreso de los Diputados. Todas las encuestas de opinión y estudios sociológicos recientes muestran un apoyo mayoritario y transversal a la regulación del cannabis, tanto para uso medicinal como adulto. Lamentablemente, la clase política continúa mirando hacia otro lado, presa de un cálculo electoral cortoplacista y de discursos moralistas heredados del siglo pasado. El activismo español, agotado pero resiliente, exige ahora un marco legal que reconozca sus derechos fundamentales. El espejo alemán y el cambio de paradigma Para comprender la verdadera magnitud del estancamiento y el retraso legislativo español, resulta imprescindible dirigir la mirada hacia el motor de Europa. Alemania ha dado un paso de gigante al aprobar recientemente la legalización del consumo, tenencia y cultivo de cannabis para adultos. Esta histórica decisión marca un punto de inflexión irreversible en las políticas de drogas del continente, derribando el férreo tabú prohibicionista en la economía más grande e influyente de la Unión Europea. El gobierno germano ha demostrado que el pragmatismo y la evidencia científica pueden derrotar a los prejuicios arraigados. El modelo de regulación adoptado por Alemania resulta especialmente revelador, pues contempla el autocultivo y la creación de asociaciones de cultivo compartido. Irónicamente, los legisladores alemanes se han inspirado directamente en el modelo asociativo español que nuestras propias autoridades se empeñan en destruir. Han sabido adaptar la idea del club social para integrarla en un marco legal seguro, estricto y protector con la salud pública. Mientras nosotros exportamos buenas ideas, somos incapaces de aplicarlas legalmente dentro de nuestras propias fronteras. La valentía del gobierno de coalición alemán contrasta de manera flagrante con la cobardía institucional imperante en España. En Berlín han comprendido, tras analizar décadas de datos, que la prohibición ha fracasado de manera estrepitosa en su intento teórico de proteger la salud de la ciudadanía y a los menores de edad. Al decidir regular el mercado, Alemania busca activamente desmantelar las redes criminales del narcotráfico y garantizar un producto limpio de adulterantes. Además, la ley permite redirigir fondos hacia programas reales y efectivos de prevención y tratamiento de adicciones. El efecto dominó en el continente europeo El profundo impacto de la decisión alemana está generando un inevitable efecto dominó que presiona fuertemente a sus países vecinos y a toda la Unión Europea. Naciones como Suiza y los Países Bajos ya están implementando proyectos piloto de experimentación legal con diferentes modelos de regulación de la cadena de suministro. Por su parte, Malta y Luxemburgo ya han dado pasos legislativos firmes para descriminalizar el autocultivo y flexibilizar las normativas de tenencia para uso personal. El mapa cannábico europeo se está redibujando a una velocidad vertiginosa frente a nuestros ojos. En este dinámico contexto continental, el inmovilismo y aislamiento de España se vuelven cada vez más insostenibles y perjudiciales para nuestros intereses estratégicos nacionales. Pretender que podemos mantenernos como una isla prohibicionista mientras el resto de Europa avanza es una ingenuidad política que pagaremos muy caro. Quedarnos fuera de esta inercia progresista no evitará de ninguna manera el consumo interno, que ya es uno de los más altos de Europa. Lo único que logrará este retraso será privarnos de participar activamente en el diseño normativo del inminente mercado común del cannabis. El oro verde bajo el sol español Si existe un país en toda Europa que reúne todas las papeletas agronómicas y naturales para liderar la industria cannábica, ese es indudablemente España. Nuestras condiciones climáticas, geográficas y lumínicas son simplemente inmejorables para el cultivo de esta noble planta bajo el cálido sol mediterráneo. Las extensas regiones del sur peninsular, el levante y los archipiélagos ofrecen más de trescientos días de sol radiante al año. Estas zonas garantizan temperaturas ideales, una humedad relativa fácilmente controlable y fotoperiodos perfectos para el desarrollo floral del cannabis. Esta bendición climática permite a los agricultores planificar múltiples cosechas anuales de altísima calidad tanto en exterior puro como en invernaderos de apoyo. Lo más relevante es que este cultivo se puede llevar a cabo con un coste energético infinitamente menor al que requieren los países del centro y norte de Europa. Mientras que en Alemania o Canadá las empresas deben invertir cifras astronómicas en instalaciones indoor hipertecnológicas de luces artificiales y climatización masiva, nosotros tenemos la energía gratis en el cielo. España puede producir un cannabis de talla mundial de forma verdaderamente sostenible y ecológica. Esta enorme ventaja competitiva resulta absolutamente crucial en un momento histórico donde la huella de carbono y el impacto del cambio climático centran el debate agrícola a nivel global. El cultivo indoor a gran escala genera unas emisiones de carbono enormes que la agricultura de exterior española podría mitigar fácilmente. Podemos cultivar una planta de calidad muy superior, rica en perfiles de terpenos desarrollados bajo el sol, respetando profundamente el medio ambiente. Ningún otro país de nuestro entorno europeo puede igualar estos costes de producción tan bajos combinados con tal excelencia organoléptica. Alemania ha comprendido que la prohibición ha fracasado en su intento de proteger la salud, optando por el pragmatismo para desmantelar al narcotráfico
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