El Cultivador

57 activismo Las regiones españolas ofrecen más de trescientos días de sol al año, lo que nos permitiría liderar una producción de cannabis ecológico con un coste energético inigualable en Europa Una tradición agrícola desaprovechada Nuestra vasta y milenaria tradición agrícola es otro factor determinante que a menudo pasa desapercibido en los debates políticos sobre la legalización. España siempre ha sido considerada con orgullo la huerta de Europa, abasteciendo de frutas y hortalizas a todo el continente. Contamos con generaciones de agricultores altamente cualificados, agrónomos expertos, infraestructuras de riego modernas y extensas. Además, poseemos una red logística terrestre y marítima capaz de exportar productos frescos a cualquier mercado europeo en un tiempo verdaderamente récord. Transformar de forma planificada y controlada una parte de nuestros campos de cultivo tradicional para incluir el cannabis industrial y psicoactivo no solo es técnicamente factible. Esta transición supondría un auténtico salvavidas financiero para el mermado y a menudo precarizado sector primario español. Las zonas rurales que hoy sufren el drama de la despoblación, la conocida como España Vaciada, encontrarían en el cultivo de cannabis un cultivo de alto valor añadido. Se frenaría el éxodo rural atrayendo talento joven, tecnología e inversión a pueblos que actualmente luchan por sobrevivir. Impacto económico y laboral La regulación integral y sensata del cannabis en España traería consigo una auténtica revolución económica sin precedentes en las últimas décadas. La creación de decenas de miles de puestos de trabajo, tanto directos como indirectos, es una estimación sumamente conservadora si analizamos los datos consolidados de mercados maduros como Colorado, California o Canadá. Este nuevo y pujante tejido laboral absorbería profesionales de una gran multitud de disciplinas académicas y técnicas. Sería una inyección de vitalidad para un mercado laboral español que tradicionalmente sufre altas tasas de paro juvenil. Estos nuevos empleos abarcarían desde la investigación agraria, la genética de semillas y el cultivo especializado, hasta la manufactura, el control de calidad en laboratorios y la dispensación. El sector servicios también viviría un auge extraordinario, beneficiando a empresas de marketing, asesoría legal, diseño gráfico y turismo especializado. Además de los empleos directos, sectores enteros como el de los fertilizantes, la iluminación LED, la seguridad privada y la construcción se verían arrastrados por las sinergias generadas. Toda la cadena de valor operaría bajo la luz pública, pagando cotizaciones a la Seguridad Social. En términos estrictamente de recaudación fiscal, el Estado español está dejando escapar miles de millones de euros cada año por su terquedad en mantener el mercado en la absoluta clandestinidad. Un sistema de impuestos progresivo y bien diseñado inyectaría recursos vitales en las arcas públicas. Para que funcione, estos gravámenes deben tasar el producto de forma justa sin llegar a asfixiar económicamente a los productores legales frente a la competencia desleal del mercado negro. Esos fondos recaudados podrían y deberían destinarse de forma finalista a reforzar la sanidad pública, la educación, la investigación científica y políticas efectivas de prevención.

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