El Cultivador

58 activismo El peligro latente del narcotráfico Resulta imposible e irresponsable ignorar la grave situación de seguridad pública que se vive diariamente en zonas sensibles como el Estrecho de Gibraltar, Andalucía o la extensa costa levantina. La total falta de un marco legal claro y protector ha convertido paulatinamente a España en el principal puerto de entrada del hachís marroquí en Europa. Al mismo tiempo, nos hemos transformado tristemente en la granja ilegal de marihuana a gran escala para abastecer al resto del continente. Las mafias y los cárteles internacionales se han asentado firmemente en nuestro territorio. Estas organizaciones criminales aprovechan nuestro benigno clima mediterráneo, la porosidad de nuestras extensas fronteras y ciertas vulnerabilidades socioeconómicas para cultivar y exportar masivamente. Envían la producción a países del norte de Europa donde el gramo de flor seca se paga literalmente a precio de oro en las calles. Este oscuro escenario clandestino está generando un aumento muy alarmante de la violencia armada, los secuestros, los ajustes de cuentas y los vuelcos entre bandas rivales. Además, el enorme flujo de dinero negro amenaza constantemente con corromper las instituciones públicas a nivel local y regional. El prohibicionismo más férreo jamás ha logrado, ni logrará, eliminar o reducir significativamente la demanda de cannabis en la sociedad. Su único logro real ha sido entregar en bandeja de plata el monopolio absoluto de la oferta a redes criminales que no dudan en emplear la violencia extrema para proteger sus millonarios márgenes de beneficio. Regular el mercado del cannabis es, de hecho, la única herramienta verdaderamente eficaz y probada para desarmar financieramente a estos grupos organizados. De este modo podremos recuperar la paz social y la seguridad en nuestros barrios, polígonos industriales y zonas rurales más deprimidas. Al legalizar y regular estrictamente la producción y distribución, el Estado democrático recupera inmediatamente el control de un mercado que en la actualidad opera en las más absolutas sombras. Se establecen normativas rigurosas de calidad fitosanitaria para el consumidor y se prohíbe el acceso a los menores de edad mediante estrictos controles en los puntos de venta autorizados. La falsa dicotomía actual que nos venden los políticos no es elegir entre cannabis sí o cannabis no en nuestra sociedad. La verdadera elección es si queremos un mercado regulado por el Estado, que pague impuestos e informe al consumidor, o un caos violento controlado exclusivamente por las mafias. La urgencia de legislar sin complejos El activismo cannábico español contemporáneo ya no acude a las instituciones pidiendo favores o mendigando pequeños gestos de tolerancia política. Lo que ahora se exige con firmeza son derechos civiles básicos, amparados por el más puro sentido común, la evidencia empírica y la inevitable evolución social de occidente. Las organizaciones civiles, las plataformas de pacientes, los expertos en salud pública y los juristas especializados llevan más de dos décadas realizando un trabajo ingente. Han aportado innumerables propuestas viables y han redactado detallados borradores de ley que, tristemente, duermen el sueño de los justos en los polvorientos cajones del Congreso. Para el movimiento y para la sociedad en su conjunto, ya no valen las excusas técnicas banales ni las demoras calculadas basadas en falsos debates morales superados hace años. El veloz tren de la gran industria cannábica está saliendo ruidosamente de la estación europea, y España, incomprensiblemente, sigue sentada pasivamente en el andén viéndolo pasar. Si nuestro actual gobierno retrasa aún más el proceso de regulación integral, perderemos irremediablemente la preciosa ventaja estratégica de ser los pioneros europeos. Las patentes genéticas cruciales, los estrictos estándares internacionales de calidad y los canales de distribución mayoristas se establecerán sin contar con nuestra participación directa. Si seguimos por este camino de la inacción y la ceguera institucional, el resultado a medio plazo será trágico para nuestros intereses económicos. Acabaremos viéndonos obligados a importar conocimiento agronómico, tecnología especializada e incluso flores de cannabis de países extranjeros en el futuro. Es paradójico pensar que naciones que poseen peores condiciones climáticas y agrícolas que nosotros puedan convertirse en nuestros proveedores, simplemente porque sus gobiernos supieron ver la gran oportunidad a tiempo y legislaron con audacia. Es una humillación estratégica que España, como potencia Transformar y adaptar una parte de nuestros campos de cultivo supondría un verdadero salvavidas financiero para el sector primario y la España Vaciada agrícola y turística, no se puede ni se debe permitir bajo ningún concepto. Sembrando el futuro Ha llegado el momento crítico en el que la clase política española debe asumir de una vez por todas su responsabilidad histórica y legislar con valentía y visión de Estado. Es imperativo que el parlamento debata y apruebe una ley integral, audaz y moderna que regule de manera conjunta tanto el urgente acceso medicinal como el innegable uso adulto del cannabis. Esta legislación no puede ser una simple copia de normativas extranjeras que favorezcan a los grandes monopolios corporativos en detrimento del tejido social preexistente. Debe ser una ley con marcado acento español, que respete y proteja la idiosincrasia de nuestra propia historia cannábica. Esta futura ley debe blindar y proteger jurídicamente el valioso modelo asociativo de los clubes sociales, reconociendo su labor social e integrándolos en la legalidad con plenas garantías. Asimismo, resulta innegociable garantizar el derecho civil e individual al autocultivo doméstico, protegiendo a los usuarios del acoso policial en el ámbito privado. En paralelo, es el momento de impulsar sin complejos una robusta industria agrícola y comercial, apoyando tanto al pequeño cultivador local como a las empresas de mayor tamaño capaces de exportar. El activismo español ha preparado minuciosamente el terreno durante muchos años fértiles; ahora es el turno del Estado para dejar de poner trabas y comenzar a sembrar nuestro futuro.

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