El Cultivador 6

35 cultivo guerrilla S eamos realistas: al- gunos abonos y demás productos de los que habitual- mente encontra- mos en nuestros grows pueden ser muy caros. Claro está que todo depende del bolsillo de cada cultivador. Pero, aun así, pagar hasta 22 euros por un litro de lo que sea no siempre está al alcance de todos. La realidad es que los productos de los grows son los mejores del mundo para cualquier tipo de cultivo. Yo, personalmente, me de- dico desde hace bastantes años al bonsái, y casi desde el mismo instante en el que des- cubrí esta pasión, me di cuenta de que el mejor cultivo que podía darle a mis arboli- tos era utilizando artículos de los grows. De hecho, en uno de los me- jores foros de bonsái abrí un hilo llamado “industria del cannabis al servicio del bon- sái”, y creedme que en menos de un mes mi hilo se había convertido en el más exitoso de todo el portal. Una persona que lleva 20 años cuidando con auténtica pasión un arbo- lito quiere lo mejor para él. Si se te muere un árbol tras 20 años de cuidados primorosos y pasionales, creedme que es casi la peor pérdida que un ser humano puede sufrir, después -claro está- de la de los seres más queridos. ¿Por qué tuvo tanto éxito mi hilo? Muy sen- cillo: porque hablaba de los mejores productos del mundo y absolutamente orgánicos. Voy incluso más lejos. Desde hace ya muchos años he te- nido la suerte de hacer de mi pasión, la botánica, mi tra- bajo y fuente de ingresos. Me paso horas cada día estu- diando el mundo verde, y los fertilizantes y demás produc- tos relacionados con él. Pues bien, sin lugar a dudas los grows son los “santa sanctó- rum” del cultivo orgánico de élite. Todo, absolutamente todo lo que una planta -de cannabis o de lo que sea- pueda necesitar, lo encontra- rás en estas simpáticas tien- das en las que, además, te puedes hasta fumar un canu- tillo si eres discreto y no mo- lestas a nadie. Pero (todo tiene sus peros) son caros; eso es innegable. La razón detrás de esta mal- dita realidad se encuentra en el sistema de intermediarios, que hace que un producto de bajo coste llegue a las manos del comprador final a precios muy altos. Dejadme que os ponga un ejemplo, que yo personalmente pude experi- mentar. Como ya he dicho, soy un apasionado de la botá- nica ecológica. En cierta oca- sión, hace ya unos 4 años, decidí meterme en el mundo fascinante de los sustratos es- pecializados en cannabis. Por supuesto, quería lo mejor de lo mejor, así que me fui a una muy buena fábrica de sustra- tos en la provincia de Cuenca, y allí expliqué a los fabrican- tes mi plan. Finalmente, y tras muchas consultas con bo- tánicos de todo el mundo y grandes expertos en cannabis, llegué a la conclusión de que la tierra perfecta consistía en: 25% de fibra de coco, 25% de turba rubia sphagnum, 10% de turba negra, 20% de com- post de gran calidad, y el 20% restante a base de perlita y ar- lita, mayormente para oxige- nar, lo que al cannabis le va de maravilla. Por supuesto, había elegido los mejores productos de casi todos los ingredientes. La turba rubia era sphagnum, y el compost totalmente bien equi- librado y hecho “como Dios manda”. En definitiva, todo era de primera calidad. El pro- ducto me salía a 7 euros el saco de 50 litros. Después yo se lo vendía a un mayorista que lo cobraba a 14 euros al grow. Y este último lo tenía que vender a más de 22 euros al cliente para que le saliera rentable. En otras palabras, un producto cuyo coste al fabri- cante era de 3 euros, le salía a más de 22 al pobre cliente que lo compraba en un grow. Y, por supuesto, lo mismo ocurre con los mejores abonos, lo cual es una desgraciada reali- dad, pero que es inevitable dadas las características del mercado. Pero, ¿qué puede hacer el desvalido cliente final? Muy sencillo: ya que no puede abaratar los costes -a no ser que se lo fabrique él mismo-, sí que puede optimi- zar el rendimiento de cada producto hasta el punto de tri- plicar su eficacia y raciona- miento. Vamos a ver cómo lo ha hecho nuestro cultivador en este reportaje, con una ma- ravillosa cosecha en exterior de algunas fantásticas índicas. Todo comenzó a finales de junio con unas semillas femi- nizadas de Sensiseeds. El día 22 de junio las puso en un vaso de agua sin cloro, donde permanecieron durante algo más de 24 horas. Transcurrido este tiempo, y dado que hacía calor, cada semilla comenzó a mostrar su raicilla con fuerza. En ese mismo instante las pasó a una pequeña maceta (de medio litro) rellena con una tierra de Atami light mix. La tierra “Light Mix” de Atami es, como bien indica su nom- bre, una tierra casi inerte, sin nutrientes. ¿Por qué esta elec- ción? Muy sencillo. Las semi- llas de cannabis contienen todos los nutrientes necesa- rios para que una plántula se El te orgánico, asunto del que ya hemos hablado en “El Cultivador”, es quizás la forma más económica y eficaz de abonar

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