El Cultivador 6

36 cultivo guerrilla desarrolle sin problema al- guno durante unos días, e in- cluso más de una semana. Si el jardinero hubiera optado por una tierra tipo “All mix”, re- pleta de fantásticos nutrientes, las semillas se hubieran que- dado sin desarrollarse mucho, ya que tendrían a mano todo lo necesario para vegetar sin esfuerzo alguno. Pero al darles tierra sin nutrientes, se dedi- caron a expander sus raíces como locas en busca de la co- mida necesaria para conver- tirse en plantas grandes y sanas. Y esto era precisamente lo que buscaba nuestro culti- vador: plántulas con un sis- tema radicular importante, para que el mismo día que fue- ran trasplantadas a tierra madre -su ubicación final- pu- dieran disponer de un buen cepellón capaz de colonizar de inmediato todo el espacio dis- ponible. Por este motivo, hasta los 7 días de vida no recibieron abono alguno. Y 4 días más tarde, el día 5 de julio, fueron puestas en su tierra definitiva: un agujero de 40 litros de vo- lumen que fue rellenado con tierra Atami “All mix”, algo de fibra de coco, algo de humus de lombriz de muy buena cali- dad, y bastante compost. A toda esta preciosa mezcla se le añadió perlita, greda volcánica y un poco de vermiculita para mantener el ph lo más estable posible. Ese mismo día, 11 días después de su puesta en mar- cha, recibieron su primer abo- nado para vegetativo. Pero antes de explicar cómo fueron abonadas, veamos cómo se hizo el abono en cuestión. Te de humus de lombriz El te orgánico, asunto del que ya hemos hablado en “El Cultivador”, es quizás la forma más económica y eficaz de abonar. El ahorro en térmi- nos económicos es extraordi- nario y la eficacia del abonado infinitamente mayor e instan- tánea. En una cuba de plástico de unos 50 litros, rellena de agua, nuestro jardinero colocó unos pantis de mujer repletos de buen humus de lombriz. Como decimos, rellenó el panty de este producto, des- pués ató las piernas de los pantis a una de las asas del contendor (para que se man- tuviesen flotando y no en el fondo), y allí lo tuvo durante unas 24 horas con una bomba de oxígeno de acuarios para peces en el fondo del contene- dor. La bomba producía miles de burbujitas que subían hacia arriba. Como el humus envuelto en el panty estaba a media profundidad, las bur- bujitas contra él a medio ca- mino, lo atravesaban y se car- gaban de los nutrientes del humus. En definitiva, hacer que el oxígeno atraviese el panty repleto de humus, o de lo que tú decidas (el compost es una gran idea), es la idea del te orgánico. Hecho así, con poca cantidad de producto tie- nes para mucho, y te permi- tirá ahorra más del 50% del presupuesto. Una bomba de acuario cuesta unos 18 euros (una buena), y prácticamente no consume nada de electrici- dad. Pero, además, hace que el agua utilizada en el té per- manezca viva. No me cansaré de insistir en este aspecto del buen cultivo. Nuestra agua y nuestro sustrato han de estar VIVOS, repletos de trillones, de cuatrillones de microorga- nismos. Esa infinidad de bac- terias y hongos eficaces y benéficos se encargarán de zamparse todas las cagarrutas de lombriz, para después de- fecarlas en formatos mucho más fácil de digerir por las ra- íces de nuestras plantas. ¿Qué ventajas tiene esto? Pues, ade- más de la evidente ventaja de hacerle más fácil la “diges- tión” al sistema radicular, la de -precisamente por el mismo motivo- hacer que la planta asimile más “zampa”. Esto permitirá contar con un espécimen mucho más pro- ductivo, tanto en términos de cantidad como de calidad; sobre todo en calidad: los co- gollos serán más compactos y resinosos. Cuando hacemos té orgánico, una de las cosas más impor- tantes, sobre todo en interior, es controlar la EC (electro conductividad del producto final). Podría ponerme a ha- blar de milisiemens, que sería lo más preciso y exacto. Pero, para no extenderme con nú- meros algo tediosos para el cultivador novel, baste con decir que hay que mezclar el mejunje obtenido con agua (sin cloro) hasta conseguir el color más parecido posible al del té. Efectivamente, cuando finalizamos la cocción con la bomba de oxígeno, el agua adquiere un color muy negro. Para no correr riesgos innece- sarios de excesos, hay que di- luir con agua hasta obtener el mismo color (aproximada- mente) de un simple té. ¿Por qué creéis que se le llama “té” orgánico? Azúcar moreno Pero lo que realmente hace especialmente económico el sistema de abonado de nues- tro cultivador es su pequeño condimento: la melaza, o en su defecto el azúcar moreno, si no hay de lo primero. Y es que, de verdad, un poco de azúcar moreno (no la blanca, puesto que está procesada) o, incluso mejor, una buena me- laza, hace que el número X de microorganismos que había- mos obtenido de nuestro té se multiplique exponencial- mente con esta rica “chuche” que les regalamos. Los micro- organismos, en cuanto detec- ten la presencia de su comida favorita, se multiplicarán como locos en una especie de orgía sexual microorgánica que permitirá triplicar su po- blación en pocas horas. Estos seres se autorregulan en tér- minos de crecimiento de po- blación de forma muy inteligente. Si hay más comida se reproducen más, siempre hasta el punto en el que ya no queda más y, por lo tanto, pa- ralizan su multiplicación. Nuestro jardinero echa una taza mediana de melaza a un barril de 100 litros la mitad a uno de 50 litros), antes de aña- dir el panty repleto de humus de lombriz, compost o lo que Esto permitirá contar con un espécimen mucho más productivo, tanto en térmi- nos de cantidad como de calidad; sobre todo en calidad: los cogollos serán más compactos y resinosos Cuando hacemos té or- gánico, una de las cosas más importantes, sobre todo en interior, es con- trolar la EC

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