El Cultivador

completó la primera vuelta al mundo entre 1519-1521 era “una naomercante, de madera (roble, pino, encina), cobre, bronce, plomo y lona de cáñamo” 6 . Hasta los lienzos y las pinturas que han servido de soporte a algunas de las obras más valoradas del Renaci- miento italiano han sido realizados con cáñamo. Es precisamente por las cua- lidades que hacen del cáñamo la fibra ideal para la navegación, que su uso es idóneo también para el calzado. Aunque, desgraciadamente, por estas razones su uso en moda siempre ha sido más limitado. Por el contrario, en Asia, la moda con cáñamo es más habitual. Las faldas de tela de cáñamo son muy apreciadas, debido a que el tejido conserva los pli- sados mucho más tiempo que el tejido elaborado con algodón. En China encontramos uno de los mejores ejemplos del empleo tradicional de las fibras de cáñamo para la elabo- ración de vestimentas. Allí, y más en concreto, en el suroeste del gran país asiático habitan minorías étnicas que mantienen viva toda una cultura cen- trada en la planta, como es el caso los Yi de la región de Yunnan. Entre los Yi, las mujeres dedicadas a la costura se encargan por completo del proceso de transformación de las fibras cáñamo, es decir, que se dedican a cultivar las plantas de cáñamo desde que son simples semillas hasta que se convierten en plantas maduras y, pue- den entonces, cosecharlas, procesar sus fibras, tejer con ellas los hilos con los que elaboran los tejidos de cáñamo, que se convertirán en las piezas de ropa deseadas 7 . El oficio del cáñamo en España A pesar de su popularidad adquirida en el siglo XVI como material idóneo para la navegación, durante este siglo y el siguiente, la monarquía española accedía al cáñamo a través de inter- mediarios. El mayor mercado europeo de cáñamo, por aquel entonces, se situaba en el Báltico (Riga, Narva, San Petersburgo), y estaba dominado por los rusos, que lo cultivaban en sus terri- torios de las actuales Bielorrusia, Polonia y Ucrania. Por entonces, la monarquía española no contaba con una importante representación comer- cial en las plazas rusas, y estaban prácticamente obligados a adquirir el cáñamo con la ayuda de comerciantes ingleses, holandeses, flamencos y fran- ceses, con la escalada de precios que esto suponía. Fue la dependencia española del abas- tecimiento cannabáceo ruso, la que impulsó a la monarquía a plantearse una estrategia mixta que combinara la compra y el cultivo nacional. Sin embargo, y a pesar de que la Corona contaba con el extra del suelo americano para el cultivo de cáñamo, la estrategia de cultivo no arrojó los éxitos esperados. Así, “en 1600, el cáñamo solo se cul- tivaba en algunas zonas de Cataluña, Calatayud, Castellón y Valencia y los alrededores de Sevilla y Córdoba, aun- que según Fernando Serrano existían más zonas cultivadas en Lisboa, Vizcaya y el triángulo formado por Sevilla, San- lúcar y Cádiz […] Con el comienzo del conflicto de los 30 Años, la monarquía reaccionó renovando el impulso de fomento agrícola cannabáceo en la Rioja y las vegas cercanas a la ciudad de Granada”. Pero, como también recuerda Díaz- Ordóñez, más tarde, en 1700, la situación “era muy complicada” y los autores coinciden en señalar el “limitado desarrollo del sector cannabáceo en la Península” 8 a pesar del interés por el autoabastecimiento. Para ilustrar la situación de los arte- sanos del cáñamo en el siglo XVIII, bien nos vale el ejemplo de Castellón de la Plana: “A lo largo del siglo XVIII se produjo una expansión de los terre- nos cultivados con cáñamo, en la Plana de Castellón, que duplicó la producción de la materia prima, convirtiéndose este territorio en el principal abastecedor peninsular. Todo esto se tradujo rápi- damente en un incremento de los oficios artesanales que tenían esta fibra como materia prima para elaborar productos textiles (hiladores y tejedores) o de otro tipo (sogueros y alpargateros)” 9 . Alguna estimación sitúa en el 10 % el porcentaje de familias que se dedicaban al oficio en la ciudad, e incluso se con- servan registros de las restricciones que aplicaban las autoridades al oficio, en su mayoría, a razón de la insalubridad propia de las labores previas al tejido de la fibra. Así, se prohibía en 1780 que hilaran alrededor de la Muralla. Como explica Sanz Rozalén en Disolución gremial y proletarización 70 cáñamo El mayor mercado europeo de cáñamo, por aquel entonces, se situaba en el Báltico (Riga, Narva y San Petersburgo) y estaba dominado por los rusos Cuerdas e hilos de cáñamo (jianghongyan, CCO, depositphotos) Cosecha de cáñamo (marzolino, CCO, depositphotos) Además de la insalubridad, los trabajadores del cáñamo estaban, por estadística, abocados a una vida de precariedad

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